Por Adrián Blázquez

Apenas nueve meses han pasado desde que Miguel Abellán, actual Director Gerente del Centro de Asunto Taurinos de la Comunidad de Madrid, afirmara que uno de sus principales objetivos sería el de velar por los intereses de los aficionados desde su, por entonces, reciente nombramiento en el cargo. Por aquellos días, sostenía que con tan solo una vez que lo dijera, el aficionado debería sentirse amparado por la institución que el mismo representaría en adelante. El trabajo le daría la razón, terminaba diciendo en su primera intervención ante la multitud de aficionados que, con cierta preocupación e incertidumbre, no acabábamos de confiar en las afirmaciones tan rotundas que pretendía transmitir.

Pues bien, sin haber transcurrido su primer año en el cargo, ha confirmado los malos augurios de la afición de Madrid. Nos encontramos en una situación de excepcionalidad sin precedentes en la historia reciente, que ha puesto a prueba las capacidades y las negligencias de los personajes al frente de las instituciones competentes. Desde un prolongado silencio inicial, pasando por una fase de protestas hacia el gobierno central para luchar por lo que parecería que pudiera ser la vuelta a los ruedos, hasta el día de ayer, donde se escribió un nuevo capítulo – el más negro -, para la primera plaza toros del mundo. Pese a las medidas publicadas el pasado 20 de junio bajo el título de Medidas y condiciones para el desarrollo de actividades de plazas, recintos e instalaciones taurinas en el boletín de la CAM, la empresa que explota el coso de la calle Alcalá ha anunciado una prórroga en la suspensión de festejos taurinos en la plaza de Madrid, bajo el silencio cómplice del CAT.

Y es que, aunque el aforo permitido de manera oficial sea de hasta un 75% del total de las localidades de la plaza, es evidente que resultó ser una medida precipitada para salir del paso. La inexistencia de un plan director de carácter extraordinario que acompañe a las medidas publicadas pone de manifiesto, una vez más, la incompetencia de un organismo incapaz de defender aquellos derechos que, por el pasado mes de noviembre, aseguraba que el aficionado tendría cubiertos. A todas vistas, la reestructuración o emisión de un nuevo Pliego de Condiciones es algo que se hace necesario para poder celebrar festejos taurinos en Las Ventas y paliar de puertas para fuera la dejadez de un CAT que vuelve a demostrar no estar a la altura de gestionar, entre otras competencias, la primera plaza del mundo.

En un tiempo donde la tecnología y la comunicación que esta ofrece tiene tantas posibilidades, no se entiende que la empresa haya permanecido en silencio hasta el día de ayer, donde ha asegurado mediante el citado comunicado, que no se pueden garantizar las medidas sanitarias dentro de la plaza. Imagino que, de ser así, los asistentes a los festejos del pasado fin de semana en Ávila o Bargas, recibiremos pronto la citación donde se nos acuse de atentado contra la salud pública. Ya nadie sabe, pero de lo que si estoy seguro es de la ineficacia en el trabajo del CAT, que en estos meses no ha sido capaz de elaborar un plan de choque, de profundizar en el proyecto de aquellas reformas que tan apremiantes parecían hace escasos meses o de explicar qué pasó a primeros de año con la Venta del Batán. Explicaciones es lo que queremos, porque aquí, el que está a sueldo es usted. A nosotros también nos alivia que nada sea para siempre, aunque para entonces quizás sea demasiado tarde.

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