Anchuelo | Burdiel debuta cortando la oreja de la tarde y la omisión de un tercer aviso señala a Arellano

Por Adrián Blázquez del Coso

Se lidiaron en Anchuelo tres toros de Quintas (1º, 2º y 3º) y tres de Montealto (4º, 5º y 6º) para José Miguel Arellano, Alejandro Mora y Álvaro Burdiel, que se estrenaba con picadores.

El primer de Martínez con el hierro de Quintas para José Miguel Arellano reponía y repetía de salida, siendo incapaz de conseguir la limpieza necesaria en los capotazos de recibo. En acción tuvo que entrar Alejandro Mora para cortar a un novillo que llegaba suelto y al relance a la jurisdicción del picador. De salida ya se intuyó la poca fuerza que tenía el novillo, perdiendo las manos y con movilidad decreciente. Miraba Arellano a las tablas en busca de consejo, viéndose incapaz de presentarle faena a un novillo de tales condiciones. Alargó más de la cuenta y eso le dejó en evidencia ante la falta de recursos. Saludó ovación tras pinchazo y media estocada.

Con el cuarto de la tarde en orden lidia, primero de Montealto, presentó una faena de la que, si bien la repetición televisiva ayudaría, es complicado acordarse de un solo muletazo. Anotado tengo la cantidad de forro que tenía la muleta, que se hizo aún más visible tras un puntazo a las telas. La espada fue su calvario e incluso el gorrión que piaba sobre nuestras cabezas en los tres anteriores, dejó de cantar. Un pinchazo sucedía al siguiente y así, gracias a la cómplice labor de un presidente sin autoridad, llegó a escuchar el segundo aviso presionado por los tendidos. El tercero se lo perdonó, pero no lo hizo el novillo y le descubrió como mal torero.

Poco o nada pudo hacer Alejandro Mora ante un novillo reservón. Esperó mucho en los palos y buscó las tablas con insistencia a la salida de cada uno de los encuentros. En la contraquerencia se queda el toro esperando la muerte y ahí le trasteó Mora, que mandó callar a una música que toca sin criterio. Nada nuevo.

Con el quinto consiguió mover muy bien el capote tras la salida del caballo a pies juntos. Con la pañosa le faltó profundidad ante un novillo con prontitud y que solo en los términos finales se paró. La medida y el adaptarse a las condiciones del toro para realizar una lidia correcta puede que se enseñe en las escuelas, pero se les olvida cuando llegan a la plaza.

Hacia su debut Alvaro Burdiel en el escalafón con caballo. El primero de su lote resultó ser el más bajo de sus hermanos, con fuerza similar y un puyazo en el brazuelo que solo contribuyó a empeorar el asunto. Alargó la faena por las ansias del debut, pues el novillo no pedía más de veinte muletazos a media altura. Se le vio con ganas y sitio, pero sin medida, propia de la inexperiencia. Bajó la mano y las distancias mucho más de lo que necesitaba el novillo y escuchó un aviso tras varios pinchazos.

Exquisita fue la lidia de José Manuel Mas al sexto de la tarde, donde hubo un puyazo que destacó por delantero, pues dentro de las incorrecciones, es el menos frecuente y el de menos mal. Evolucionó durante la faena y consiguió darle en la segunda mitad la estructura que le faltó en la primera, donde coló unos ayudados por altos sin sentido. Al natural tuvo una tanda sobresaliente que llegó cuando dejó de forzar el trazo y tirar líneas en beneficio de la profundidad. Mató tras dos pinchazos con una estocada con defecto que le dio la única oreja de la tarde y la posición por delante de sus compañeros.

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