Añover de Tajo | Leandro Gutierrez acaba con los fuegos de artificio en su debut

Por Adrián Blázquez | Fotografía de Susana Ortiz

Llegaba la segunda y última cita en Añover de Tajo con la novillada de San Isidro, criminalizada de forma irracional en la antesala del festejo por las redes, donde tuvo que salir el ganadero a defender su labor como criador de toros de lidia. No hacía falta justificación para ello, pues la novillada, aparatosa de caras y astifina como ninguna, acabó siendo el aliciente ideal para que por cuarta vez este año, la afición se diera cita en los tendidos de la coqueta plaza de Añover de Tajo, que se ha convertido en una improvisada plaza de temporada ante la ausencia de los ciclos habituales en plazas de mayor relevancia. La relevancia, sin embargo, la da el toro y aquí, sin duda, lo hubo. Se anunciaron con los novillos de San Isidro Francisco Montero, Rubén Fernández y el joven debutante Leandro Gutiérrez, que despejó todas las dudas relativas a su preparación para enfrentarse a una novillada de tal magnitud.

Comenzó Francisco Montero su periplo por la plaza toledana tomando el protagonismo desde el inicio del paseíllo, al que se incorporó tras la impaciente espera de sus compañeros en el tercio. Salió el abreplaza acompañado de unas tímidas palmas derrotando los burladeros hasta astillarse el pitón derecho. Las particulares maneras de Montero iban cogiendo forma en el burladero de matadores, impasible ante la desastrosa lidia que su cuadrilla ejecutada durante el primer y segundo tercio. Como sus formas, también fue creciendo la teatralización en una faena de muleta donde se preocupó más de su idilio con los tendidos que de exprimir al manso primero de su lote. Arrimón en los compases finales para levantar la faena y tres entradas con la espada, en la que hay que reconocer su compromiso, donde pinchó a un novillo que en nada le ayudó. Recogió saludos en el tercio tras pasaportar a su oponente.

Con el novillo  que salió en cuarto lugar y que completaba su lote no tuvo tanto tiempo para manierismos. Compensó la cuadrilla su desastrosa imagen del primer toro, resultando ovacionado el picador y con los hombres de plata aceptando la invitación de su jefe de filas en los palos, completando el propio Montero el tercer par, que cuadró en la cara del astado con gran resultado. Se venía adivinando desde su embestida en los vuelos del capote y no defraudó el segundo de su lote, que desbordó a un Montero al que le faltan muchos recursos para torear, que no las ganas, a un novillo que marcaría el punto de inflexión de una tarde que iba a más. Centrado en la faena y con el público en un segundo plano para esta ocasión, mató de una estocada baja antes de resultar silenciada su faena. Gran novillo aplaudido en el arrastre que encontró rival.

Con los tendidos a favor recibió a portagoyola Rubén Fernández al primero de su lote, donde dejó un explosivo y variado saludo capotero al que añadió dos largas de rodillas y un ramillete de verónicas. Tras la efectividad de su cuadrilla, dejó ver sus carencias con un novillo que pedía más distancia, lógicas de quién lleva poco en esto. Faltó calma, mano baja y estructura a una faena que pudo levantar más el vuelo pero en la que mostró la actitud de quien lo intenta sin fuegos artificiales. Las formas con la espada en su primer intento anunciarían lo que sería la tónica con los aceros en su actuación. Descabelló en un segundo golpe tras no encontrar la muerte con el estoque.

Se llevó el lote sin duda, pues el quinto de la tarde ya mostró sus cualidades en el recibo capotero. Se le dio una mala lidia, donde las astifinas puntas del novillo no cesaron de rajar capotes a su paso. Alargó la faena de muleta y solo vio algo de luz en los términos finales del trasteo. Mismo resultado con la espada y a pensar en la siguiente.

No necesitó Leandro Gutiérrez más que mecer su capote en el recibo al novillo de su debut con caballos para demostrar que llegaba preparado al compromiso de tal envergadura. Arropado por una cuadrilla de lujo, que sería también una de las partes protagonistas del festejo, rivalizó con Francisco Montero en un duelo de quites que se llevó el colombiano por decisión de la plaza. Con altibajos y alguna duda razonable, se le adivinaron las buenas formas en la muleta durante una faena que tuvo sus destellos sobre la mano izquierda. Dejó una estocada caída y finalizó así con el primer capítulo de su actuación.

La explosión llegó con el novillo que cerraba la tarde, con un pitón derecho apuntando al cielo y un torero delante que se fue haciendo más grande a medida que la tarde amenazaba con pasar de puntillas. De nuevo se batió con el voluntarioso torero de Chiclana en quites, que esta vez si consiguió equilibrar la balanza. Todo a favor lo pusieron sus hombres de plata con mención especial a la brega de Rafael González, que puso a los tendidos en pie y recogió la sonora ovación que los asistentes le brindaron. En constante crecimiento durante la tarde, demostró Leandro su fortaleza con el oponente que se le presentó. De menos a más consiguió atraer toda la atención de la tarde durante la faena de muleta, donde brilló por ambos pitones y acabó por dominar al novillo por ambos pitones con torería. No faltó tampoco el valor, que salió aún más a relucir tras dos aparatosas volteretas que le propinó el astado cuando buscaba las cercanías. Sin apenas mirarse, volvió a ponerse entre los pitones para terminar de redondear una faena en la que, pese a la estocada, cortaría dos orejas para alzarse como triunfador absoluto y obtener de manera unánime el reconocimiento de la afición. Aquí hay torero.

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