Añover de Tajo | Solo Fernando Robleño ante los de Fraile de Valdefresno

Por Blázquez del Coso | Fotografía de Susana Ortiz

Tras superar los primeros tres parciales, llega a Añover de Tajo el cierre de su feria con la esperada corrida de José Enrique Fraile de Valdefresno. Esta vez no se trata del toro agresivo, pues ya sabemos lo que suelen deparar lo de Atanasio – Lisardo: frialdad en los dos primeros tercios y ese punto de mansedumbre y docilidad en la muleta. Con este comportamiento, que es el mas frecuente, resulta extraño esperar que el aficionado acuda en masa; pero ¡ay amigo! cuando el toro con mayúsculas sale a una plaza, no existe hierro que valga. Y eso es lo que ha generado la ganadería salmantina durante estas semanas mostrando sus toros. Lo que salga por chiqueros es garantía de espectáculo; lo que desarrollen en el ruedo, está por ver.

De salida es ovacionado Clavelero N20, un toro amplio de pitones. Muy abierto. Los rizos del animal no pasan desapercibidos. Poco falta para que lleguen chorreando hasta la pezuña de las manos. Fernando Robleño observa como se mueve por la plaza y, sin llegar a rematar en ellos, acude a todos los burladeros que se encuentra a su paso con un capote que le incita a embestir. No está suelto, pero una adormilada lidia hace que el jinete titular tenga que recibirlo en el peto a medio camino de su sitio natural. A Robleño se le ve con mas ganas que en las dos últimas comparecencias que tuve la ocasión de verle. Cenicientos y Ceret no quedan aún tan lejos pero el cambio es visible. Alarga una faena en la que ha estado bien por el derecho. El cuarto de la tarde comparte nombre con uno de los sementales mas reconocidos de la casa: Rayito N65. No he llegado a fijarme si las astillas en uno de los pitones tenían la procedencia fuera de la plaza o han llegado tras, esta vez sí, rematar en tablas con poder. Saluda al picador y este le devuelve un puyazo mal colocado y breve. Es increíble que se siga aplaudiendo cualquier puyazo que sea breve, caiga en el sitio que sea y necesite las entradas que necesite. Una y a seguir, que es lo que le gustan al público mas ocasional. Se vuelve a repetir la tónica de cada tarde, donde siempre encontramos algún actuante que solicita el cambio del segundo tercio por debajo de lo exigido por el reglamento. Estamos en un pueblo, pero la gente merece respeto. También el toro. El presidente pone la cordura que se le va a la hora de sacar los pañuelos. El inicio con la muleta por abajo es arrollador y la sangre que brota del toro llega hasta las primeras filas del tendido con cada vaivén. Con el pitón derecho levanta Rayito a Robleño y la voltereta sobrecoge, pero la sangre que muestra en el perfil izquierdo de la cara tiene al toro como dueño. La faena avanza y las sensaciones que se apreciaron en el primero se confirman en el que cierra su actuación. Consigue arrancarle dos orejas que, aunque excesivas, escenifican un cambio de comportamiento en la plaza.

Francisco José Espada es vecino de Fuenlabrada; esa ciudad que ostenta el mayor número de peñas de España, que corre encierros durante sus fiestas patronales y que se conforma con una plaza de toros portátil como la de cualquier pueblo. Sin menospreciar a los pueblos, que es de donde venimos por aquí, para una localidad con cerca de los 200.000 habitantes, cuna de tantos profesionales y de gran tradición taurina entre sus vecinos esto es cuanto menos curioso. El guante que lo recoja el que quiera o pueda. Pues desde ahí viene Espada a medirse con el segundo de la tarde, un zapatito con los mismos rizos que el primero y con el que comporte nombre también. Este está herrado con número treinta y dos. En el caballo cae la puya en su sitio pero, como lo verán de raro, que rectifica para posicionarla finalmente trasera. ¿Aquí no hay carnet por puntos o algo parecido? De fuerzas no anda sobrado y mas bien son justas, llegando a perder las manos hasta en tres ocasiones durante la primera tanda de muleta. El toro quiere mas de lo que puede y finalmente acaba por venirse arriba, aguantando una larguísima faena del reflejo borroso de Perera. El toro no hace ni un mal gesto, pero Espada lanza la pierna de salida, como si se cogiera impulso para una pirueta, hacia atrás. ¡Que imagen mas fea, por Dios! Además, no lo hace disimulando para engañar a unos pocos, no. El descaro es visible y hasta las manoletinas las hace de perfil. Una nueva suerte, quizás. El toro ha aguantado, sacando un fondo que no tenía y ayudado por la poca exigencia del matador. Tímidas palmas en el arrastre y saludos en el tercio. La estampa de Langosta N84 es preciosa y recibe la ovación correspondiente de salida. Desconozco si el ganadero tenía esperanzas depositadas en él, pero es el que mas se ha movido en esto de las redes sociales. Mete los riñones en el peto y se queda sin banderillas en el segundo tercio. ¡Nos comen los chinos! La mansedumbre es visible y a la mínima desparrama la vista hacia las tablas, pero una faena de veinte muletazos en el sitio es posible. No es el caso. Espada receta un centenar de trapazos y ni uno es bueno. Tirones hacia fuera y cumplida distancia interanimal, que para eso seguimos con las absurdas restricciones. El toro se va hacia las tablas y todavía hay que darle muerte. Muleta a los ojos y a rezar. La espada queda prendida y le vale para cortar dos orejas, una por cada uno de los pañuelos que asoman.

Adrien Salenc lo tiene muy difícil en esto de los toros. No se ha hecho sitio en las duras, que es lo único que su toreo fuera de despachos puede alcanzar. Dudosillo N87 arrastra los cuartos traseros de salida y en el caballo se emplea mas de lo que debiera o pudiera. No hay prisa en sacarle de ahí. Como sucediera con el segundo de la tarde, va a mas y solo vuelve a perder las manos en el término final de la faena. Salenc no ha dicho nada. Nada. Al segundo de nombre Bilbaíno N63 le pone dos veces al caballo. No es de extrañar que tenga como bueno lo malo si desde el callejón solo escucha halagos y gritos entusiastas al destoreo. ¿Cómo va a cambiar esto? Cita de largo en las dos primeras tandas y lo echa a los infiernos al primer contacto. Si antes era el callejón quien le aplaudía, ahora es un tendido que aplaude los enganchones múltiples. Bajonazo para matar y mano arriba. No falla. Dos orejas para las estadísticas y contar en casa.

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