Arles | Descafeinada corrida de Pedraza de Yeltes para la alternativa de El Rafi

Por Noelia Crespo | Fotografía Gregory Boyer

Francia ya cuenta con un nuevo torero. Sin ser seguramente su cartel soñado por diversas circunstancias, El Rafi tomó la alternativa junto a Daniel Luque y Adrien Salenc con una corrida de Pedraza de Yeltes en el coliseo de Arles. Cortó una oreja del que finalmente resultó el toro de mayores opciones.

Huracán – 49” fue el toro con el que se doctoró el toricantano El Rafi que pronto mostró su falta de fuerza. Sin apenas lucimiento con el capote, destacó la brega de Viotti ante un animal faltó de entrega y celo. Tras el acto ceremonial y brindar a sus familiares, comenzó su trasteo suave por bajo intentando cuidarlo. Se ciñió por el pitón derecho para llevar largo y profundo la pronta embestida del de Pedraza. Al natural se defendió aún más, dificultandole al recién matador de toros hilvanar los muletazos, y aun así, logró firmar algún pasaje suelto con mayor temple y buena colocación. Faena excesivamente larga con el toro venido a menos que culminó con ayudados por alto. Pinchazo hondo y golpe de verduguillo. Vuelta tres leve petición.

El sexto de nombre “Tontillo – 14” consiguió salvar la corrida del hierro salmantino. Suelto de salida, lo consiguió lancear con la capa de manera variada El Rafi. En el tercio de varas destacó el buen primer puyazo de Bertoli. Muleta en mano inició su faena por derecho aprovechando la prontitud, recorrido, repetición y humillación del animal para ligarle los muletazos. Hilvanó varias series en redondo con la mano derecha disfrutando de la embestida del de Castraz de Yeltes. Por el izquierdo el toro se distraía al salir del muletazo, pero consiguió plasmar algún natural echándole bien los vuelos y templandolo para conseguir conectar con el tendido. Alargó de nuevo una faena que remató por manoletinas. Tardó en caer el animal tras la estocada, pero su público le concedió su primera oreja como matador de toros.

No tuvo suerte Daniel Luque con el lote que le correspondió. A su primer toro, “Resistente – 23”, le consiguió extraer lo poco que el toro tenía. Entendiendo la distancia y la altura correcta, logró aprovechar las escasas embestidas faltas de entrega y celo del de Pedraza para hacer parecer que el toro era mejor de lo que era. Supo taparle los defectos con mucha técnica, firmeza y oficio, fruto del gran momento que atraviesa el diestro de Gerena, y así logró firmar algún natural de bella factura con ausencia de toques, ajuste y temple hasta el final. Se atascó con el descabello.

El cuarto de la tarde resultó el más complicado, embistiendo con brusquedad y aspereza. “Bastadero – 12” le permitió a Daniel Luque lucirse a la verónica hasta los medios mostrando un gran manejo de brazos. Empujó el animal con fijeza en el caballo de Juan de Dios Quinta, luciendo el segundo puyazo a mucha distancia. A base de toques fuertes y someterlo lo fue metiendo poco a poco en la muleta haciendo un gran esfuerzo. Poco pudo torear el sevillano que con buen criterio se fue pronto a por la espada con el toro ya muy a menos.

Adrien Salenc completaba el cartel en una tarde que también logró tocar pelo. Tras el buen oficio de Pedro Iturralde en varas, comenzó con la franela llevando por bajo a “Renacuajero – 53” buscando fijarle tras salir suelto en varias ocasiones. De nuevo otro toro sin celo, aunque con un recorrido mayor que los anteriores lo que aprovechó el nimeño para plantearle faena. Estuvo dispuesto y con ganas, dejando buenos pases de pecho, aunque le costó tocar las teclas idóneas y pronto acortó la distancia con el animal. Circulares como cierre y estocada trasera a un toro que le dificultó la suerte suprema. Oreja.

Medicito – 23” apuntó grandes cualidades en el capote de Adrien Salenc, quien pudo lucirse por delantales y verónicas llenas de personalidad. Tras desmonterarse Marco Leal y Diego Valladar en banderillas, inició faena por derecho con suavidad ante un toro que repetía con clase y temple. En una de las primeras series que ligó en redondo se lesionó el toro una de las manos y el nimeño tuvo que matarlo.

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