Aviador hizo honor a su reata pero no logró salvar la descastada tarde de los Adolfos en Zaragoza

Texto Lucía Hernández, fotografía Coso de la Misericordia

9 de octubre, Zaragoza, quinto festejo de la Feria taurina del Pilar. Toros de Adolfo Martín para los diestros Alberto Álvarez, Manuel Escribano y Daniel Luque. La presentación de las reses fue desigual, con tres toros cuatreños y tres cinqueños. El ganadero acusó la lesión de varios de los toros que iban a ir en el campo. A destacar la reata de “Aviador” que tan buenos resultados ha dado a esta ganadería.

El abreplaza hizo el amago de saltar al callejón, barbeó las tablas y cuando Alberto Álvarez, que trenzó su tercer paseíllo en la temporada, lo quiso encelar en su capote se quedó frenado poniéndole en apuros. En el primer puyazo, le cogió bien pero no llegó a emplearse. Blandeó antes de recibir el segundo y breve picotazo. Manuel Escribano se hizo presente en un breve quite con un toro que humillaba. Brindó al público su labor. Sacó al centro del ruedo al animal fijándolo con pases por bajo. Rápidamente montó la muleta y dandole distancia consiguió sacar varias tandas a un toro noble que se dejó. Al natural ya fue otro cantar; menor recorrido y más dificultades que consiguió solventar. Logró sacar un par de tandas limpias. Insistió por el pitón derecho y ya en los compases finales toreó sin la espada montada con una estampa más desmayada. Media estocada trasera en terrenos cercanos a los medios que sirvió. Ovación en el tercio tras petición. Alberto Álvarez recetó al cuarto de la tarde varias verónicas que quedaron deslucidas por la forma de embestir del toro. Cayó muy baja la puya en el primer encuentro sin la rectificación del picador. Midió nuevamente el castigo y no tuvo mejor fortuna en colocar la puya. Se fue al centro del ruedo y desde allí citó al astado que estaba cerrado en tablas. Resultó ser un toro pronto en los primeros tramos de la faena. Aprovechando la inercia de los primeros compases logró ligar tandas por el pitón derecho, pero al natural las embestidas eran más deslucidas, con un toro que hacía hilo. Faltó el mando de la experiencia de torear 15 tardes. El noble animal se aburrió y perdió recorrido en una embestida andando. El diestro mostró las ganas de triunfo durante toda la tarde pero no llegó a transmitir. Erró con los aceros pero aún así fue ovacionado. Como detalle cabe destacar la particular empuñadura que tenía la espada del diestro de Ejea de los Caballeros, diseñada por él mismo.

El segundo de la tarde cogió muy bien los vuelos del capote en las verónicas y las dos medias que le recetó el torero de Gerena. Juan Francisco Peña midió el castigo en ambos puyazos pero ejecutó muy bien la suerte. Cumplimentó Escribano el tercio de banderillas, algo accidentado debido a que los palos se caían al clavar. Se cambió de tercio con tres palos sobre el lomo. El diestro pegó pases por ambos pitones vaciando la embestida hacia fuera. El noble astado cambió radicalmente tras las banderillas; no hubo transmisión alguna y se apagó. Se quiso justificar Escribano abreviando acertadamente. Falló con la tizona en el primer encuentro y tras ello, enterró de manera defectuosa la espada en el segundo intento. Acertó con el descabello en una labor que fue silenciada. A la puerta de chiqueros se fue Manuel Escribano para recibir al quinto de la tarde con una larga cambiada. Nuevamente en el tercio le pegó otra por la misma suerte para luego seguir por verónicas. En el tercio de varas se midió el castigo con dos castigos traseros. Como acostumbra, Manuel Escribano puso las banderillas, meritorio tercer par en el que lo colocó por dentro. Brindó su labor al público asistente. En el centro de ruedo y por pases cambiados por la espalda comenzó la faena de manera explosiva. Montó la muleta y recetó varias tandas en las que se vio superado por el afán del astado por seguir la muleta, faltó templar los muletazos. Al natural no fue el mismo, de uno en uno y queriendo salirse de la suerte, cantó la gallina. Volvió al pitón derecho y aunque ya con menor intensidad logró que el toro se quedara en la muleta con embestidas muy sosas. Toro con casta que se fue diluyendo a lo largo de la faena. Sonó el primer aviso antes de ejecutar la suerte suprema. Estocada tremendamente efectiva con la que logró que el público pidiera el apéndice, no se le concedió y dio dos vueltas al ruedo. Se equivocó el de Gerena en el planteamiento de faena y en los terrenos, gran toro, “Aviador”, con casta de Adolfo Martín, no falló la reata.

Daniel Luque mostró eficacia y su gran manejo del capote en su recibo al feo tercero que al estirarse con la verónica se le coló. Cayó trasera la vara en el primer encuentro y aunque intentó rectificar, no lo logró. Mejor fortuna tuvo en el segundo puyazo aunque tapó la salida. Quitó Alberto Álvarez por gaoneras, quedó desarmado al final del quite. Jesús Arruga volvió a deslumbrar con los palos. Daniel Luque construyó una faena con poco material, y el que había, de poca calidad. Se acopló a la altura y a las sosas embestidas de su oponente, intentó que el toro rompiera pero no fue así. Mostró ambos pitones, comenzó al natural y pudo dar algún buen muletazo, se le vio con ganas pero faltó lo más importante. Erró tanto con la espada con el descabello. El sexto, también llamado “Aviador”, no permitió a Daniel Luque estirarse con el capote pero mostró su capacidad lidiadora nuevamente. El varilarguero erró en la colocación de la vara en el primer encuentro, en la segunda simplemente recetó un breve picotazo. Con mucha personalidad dio muletazos por el pitón derecho en los que se encajó aunque no llegó a acoplarse a las embestidas del animal. En los pases de pecho fue descarada la falta de colocación. Se paró el toro muy tempranamente y aunque insistió las embestidas no llegaron a los tendidos. Estocada atravesada que sirvió para que se echara el que cerró plaza.

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