Baja el toro en la nueva etapa de Valdemorillo

Por Adrián Blázquez | Fotografía de Susana Ortiz

Abría la temporada española con la tradicional feria de Valdemorillo y la aventura empresarial en solitario de Nautalia 360. Con el pregonado objetivo de atraer al aficionado de Madrid arrancaba esta nueva edición, cartel del gusto de Madrid y toros de Alcurrucen. Nada más lejos de la realidad nos encontraríamos. Con tres cuartos de entrada dio comiendo el paseíllo para los matadores Juan Ortega, José Garrido y David de Miranda.

Con la expectación que había generado en sus comparecencias anteriores y su reciente paso por la Venta del Batan, abrió la tarde Juan Ortega con un toro sin fijeza que no consiguió encelar en los vuelos del capote. Doblándose por bajo con un toro sin fuerza, lo intentó con la mano derecha al tiempo que el astado perdía las manos en la segunda tanda con la franela. Sin oponente alguno, probó por naturales, donde dejó las mejores impresiones de una faena que no alzó el vuelo. Con media estocada tras pinchazo cogió la cruceta para pasaportar al primero de una larga tarde.

Levantando unos espontáneos olés recibió a la verónica al cuarto de un encierro que no mereció la plaza de Valdemorillo. Brindó al público en los medios para repetir sus característico inicio por bajo que no ayudó a la poca fuerza del animal. Muchos deberes pendientes con la espada que no limpió una faena larga con poco contenido. Madrid le sigue esperando.

Una nueva oportunidad se presentaba para que José Garrido saliera del embudo en el que se encuentra su carrera. A pies juntos meció su capote en el recibo del segundo de la tarde, donde pudieron escucharse unas tímidas palmas que se acrecentaron con el encuentro con el caballo. Sin probaturas tomó la muleta en la zurda para armar faena único toro que sirvió. Con el bullicio en los tendidos y la sensación de estar perdiendo la oportunidad, se fue diluyendo su lineal actuación. Palmas el arrastre para el toro y saludos para Garrido.

Con el cuarto toro llegaría el esperpento de la tarde. Sin presencia y con la misma falta de fuerza que sus hermanos, llegó el momento de la afición de Madrid, estallando en sonora protesta. No le importó al torero, que se permitió el lujo de hacerle un quite bajo una lluvia de palmas de tango y pitos. De rodillas en la raya del tercio inició con la muleta en un intento de ganar, aunque sea, al público más triunfalista de la plaza. Ventajista y fuera de sitio, se mostró lento en un trasteo que despidió rodillas en tierra. Oreja barata con un toro de festival que hizo desconectar al tendido.

Completó la terna David de Miranda. Echando la cara por encima de la montura del picador y con un puyazo en el rabo, sacó del caballo al tercero de la tarde para quitar con el capote por la espalda. Un inválido más se sumaría al barato encierro de Alcurrucen, pero esta vez la culpa recaería en el del castoreño. Hasta dos zancadillas le propinó un toro que arrastraba los cuartos traseros con descaro. Alguno quiso regalarse su momento de gloria reclamando mano baja para un animal al que incluso le costaba mantenerse sobre las cuatro extremidades. Pudo verse a un David de Miranda en la vertical pero sin fondo en la imposible faena. Estocada tendida y caída.

Entre vivas a España, Estefanías e inválidos se llegó por fin al toro que cerraría la soporífera tarde. Por el pitón izquierdo llegaron los mejores momentos de la faena que no remató con la espada, dejando un bajonazo en el primer intento y una estocada desprendida en el segundo.

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