Burgohondo | Burgohondo pedía un torero y acabó pariendo tres

Por Darío Juárez

Burgohondo quería un torero y así se lo hizo saber cuando, tras romperse el paseíllo, su pueblo sacaba a saludar a Sergio Rollón después del minuto de silencio y los honores al Himno Nacional. Más categoría le daría después el joven burgohondeño cuando, después de recoger el cariño de sus vecinos, Sergio invitaba a sus compañeros de cartel a hacer lo propio, sintiendo el calor de una plaza que tenía muchas ganas de toros, y así respondió Burgohondo con un aforo gratamente sorpresivo.

Para suerte de la afición, ayer pudimos ver cuatro cortes taurómacos absolutamente distintos. El debut de Sergio y de Julio Manuel Rosado -el último eslabón de la dinastía navera Campano- vendría de la mano de el del hierro cebrereño de Los Lastrones, con una becerrada más que interesante. Tarde, y desgraciadamente mal, tardó Curro Muñoz en adivinarle el cortijo del buen pitón izquierdo que trajo el colorado que abrió plaza. Jorge Hurtado, con el novillo peor presentado del encierro pero de gran calidad, con valor y un trazo exquisito, logró fajarse con el añojo de Luis González por ambas manos, epilogando la obra por manoletinas, llevando el de pecho a la hombrera contraria, saliendo siempre en torero de la cara del becerro y dejando una estocada hasta los gavilanes.

Al añojito de Jorge, Sergio le quiso quitar por tijerillas o esa especie de ortizinas con el compás abierto y componiendo la figura que tan bien tiene interiorizado el torero local. Cosa que proseguió en su turno, regalando un ramillete de verónicas rematadas en los medios con una revolera, a un añojo que salió de culo, el cual tuvo poquísima fuerza y fondo, además de una -quizá y sólo quizá- descoordinación en sus movimientos. Sergio, tras un emotivo brindis a su tío Luis, lo embarcó en la pañosa poniéndole todo a ese animal que carecía de tanto, y regalando tandas de tesón y una armonía de movimientos que terminaron en una por naturales a pies juntos -sobre todo los dos últimos- sucumbiendo al encendido definitivo de la caldera de la plaza Mayor. La estocada caería trasera y ligeramente caída, sin ser óbice para que Burgohondo le rindiera el tributo merecido y esperado que le tenía preparado a su torero.

Pero cabía algo más. Reventar Burgohondo por la vía del desparpajo, del estar en novillero, de tirar la moneda al aire, de decir aquí también estoy yo en el día de mi debut en público. Y con ese aura cerraría la tarde Julio Manuel Campano -hijo del actual torero de plata de alternativa, Julio Campano-. Por momentos sereno, por otros tanto atropellado, pero siempre consciente de que a Las Navas no se podía volver con nada dentro. Enfundado en un traje de corto con el que el maestro tristemente fallecido, José Cubero Yiyo, hizo sus pinitos antes de convertirse en figura del toreo a la edad de 21 años, prologó su faena de hinojos postrándose en la tierra alberchina de Burgohondo, con un cambiado por la espalda y una primera tanda en redondo por el mismo palo. Dos desarmes, el coraje intacto y la voluntad de querer más entre ceja y ceja. La estocada, de libro, y el Gordo caía en Las Navas del Marqués.

Burgohondo pedía un torero y lo tuvo. Se llama Sergio Rollón. Pero acabó pariendo tres.

Ficha del festejo:
Burgohondo. 1ª de las Ferias y Fiestas del Santísimo Cristo de la Luz. Casi lleno del aforo permitido. Se lidiaron 4 añojos de Los Lastrones (7, 25, 59 y 66) de dispar presentación aunque de notable juego, a excepción del 3° que se quedó muy cortito, sin fuerza y fondo.

Curro Muñoz: oreja.
Jorge Hurtado: dos orejas y rabo.
Sergio Rollón: dos orejas y rabo.
Julio Manuel Campano: dos orejas y rabo.

  • Se guardó un minuto de silencio en memoria de las víctimas del Covid, honrándola a continuación con los acordes del Himno Nacional.

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