Carta abierta a la Fundación

Por Noelia Crespo

La facilidad de la crítica hacia el aficionado es algo frecuente a lo que tristemente cada vez estamos más acostumbrados. Ataques constantes a todos aquellos que por no pertenecer a la Fundación Toro de Lidia son menos aficionados que el resto de socios. ¿Acaso es de ser menos aficionado quién decide con su propia libertad no pertenecer a este tinglado que hay montado? ¿Acaso los aficionados no tenemos el poder de elegir lo que nos gusta y lo que no?

Libertad: dícese de la facultad y derecho de las personas para elegir de manera responsable su propia forma de actuar dentro de una sociedad. Está claro que acatándonos a esa definición, el aficionado taurino es quién pocas veces se le permite la licencia de poder expresar y realizar lo que le convenga en gana sin tener una ola de haters profesionales acechando y tachándole de mal taurino. Cargar la culpa a aquel que rigurosamente decide pasar por taquilla y pagar su entrada es de tener muy poca vergüenza. Buscan la docilidad, crear público asistente que les aplauda todo y no se atrevan a criticarles nada, esos son los buenos aficionados. La simpleza de acusar constantemente a todos los que no les dan palmadita siempre, tengan o no razón. 

Mientras continúan arremetiendo contra los mismos, se les olvida en muchas ocasiones mirarse su propio ombligo. Evidentemente no lo hacen todo mal y es necesaria su existencia, pero tampoco todo bien, y es por eso que también hay que saber corregir errores y preguntarse el porqué de que no haya tantos “buenos aficionados” como gente que realmente acude a las plazas. ¿Será quizás que todos estos “poco aficionados” se han cansado de ser marionetas y participar en esos simulacros que realizan por festejos? ¿O quizás se han cansado de ser siempre la cabeza de turco? Mismas ganaderías, mismos toreros, la manera de manipular las astas y ocultar el afeitado, etc. Quizás ese aficionado no socio se haya cansado de aguantar que les tomen el pelo, pregúntense por qué y déjense de excusas y echar balones fuera hacia los mismos de siempre tratándolos como una verdadera (y permítanme la expresión) mierda. En momentos en los que parece más necesaria la unión del sector tan desamparado por los más poderosos, siempre salen a relucir los cuchillos voladores. Si realmente en lo que prefieren malgastar su tiempo es en seguir culpando a una parte de los aficionados, es que estamos verdaderamente perdidos. 

Para todos y según lo que buscan: ¡calle, asienta y no critique! ¡Sé un buen aficionado, aplaude todo lo que haga la FTL, cumple a rajatabla el decálogo taurino y lleva con orgullo el carnet de buen aficionado que te acredita como uno de los salvadores de la tauromaquia! Si cumple todos estos requisitos, enhorabuena de parte de una mala aficionada, va usted a ser uno de los grandes aficionados del entramado taurino. 

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