Ceret | El valor del oro y la Casta Navarra

Por Blázquez del Coso

Aún no ha empezado la corrida, pero la Casta Navarra de Miguel Reta ya se ha anotado varios tantos. Los polos verdes con el hierro en el pecho desfilan por los alrededores de la plaza y es cuestión de horas que se acaben las existencias a la venta, como ya sucediera a media mañana con los bocadillos de chistorra navarra. La expectación es tal que apenas se habla de la corrida reseñada para el cierre de feria con seis galanes de Raso de Portillo de inmaculada presentación con unos pitones que tocan el cielo. Lo de Reta es diferente y en chiqueros ya espera a ser lidiado un encierro con los tres hierros de la casa. Primero, tercero y sexto saltarán con la marca de Alba Reta; tan solo el segundo está marcado con lo de César Reta Azcona y tanto el cuarto como el quinto saldrán con la corona de Reta de Casta Navarra. Los encargados de enfrentarse con la historia serán Javier Sánchez Vara, Octavio Chacón y Miguel Ángel Pacheco. Suerte para lo que se viene.

Por toriles sale Catalino N60, que da el pistoletazo de salida a la Feria de Ceret con Javier Sánchez Vara como primer espada del cartel inaugural. Entre palmas y asombrosos se dirige a los medios moviendo la cabeza de un lado a otro, sin saber muy bien que se espera de él en el ruedo francés. Tímidamente se interesa por los capotes que cerca de los burladeros se le orecen, sin romper esa distancia de seguridad que bien parecen agradecer los subalternos. Una, dos, tres y hasta cuatro veces consigue Sánchez Vara que se interese por los vuelos de su capote antes de que el toro se desentienda de él y vuelva a la carga con dos arreones de manso. El caballo ya es otra historia. Desafía el varilarguero al escurridizo astado hasta que, yendo a su encuentro, apoya el palo para que salga rebotado de inmediato a la puerta por la que salió. Sin picar y dando vueltas por el anillo, se une el segundo caballo. Solo cuando no ve una salida clara, recibe el toro los picotazos cuando pasa arrollando cerca de los picadores. Primero de banderillas negras. Carreras y habilidad para visto bueno del presidente y pase a la muleta. Vaya papelón para el matador, que va a por el toro hasta la misma puerta de toriles. Los primeros compases se completan sacando de ahí al toro para llevarlo a terrenos diametralmente opuestos, donde se produce el primer desarme. Con ayudados sobre la mano izquierda continúa el trasteo. El toro se para a medio camino de la embestida y es hora de tocarle las orejas antes de coger la espada, con el mérito añadido de hacérselo a un manso en la contra querencia. Al segundo intento entra la espada y obliga a Sánchez Vara a tomar a toda prisa las tablas. Ha dado lidia y muerte al primero del regreso de la Casta Navarra. Rabioso N11 sale en cuarto lugar, es ovacionado de salida y da mas miedo que un Pit Bull. Acomete al capote de Sánchez Vara, que consigue estirarse con las zapatillas clavadas en la arena al tercer lance y hasta rematar el recibo con una media. Con el caballo desarrolla un celo especial y consigue agarrarle de los pechos hasta tirarle, echando la cabeza con maliciosas intenciones al jaco al tiempo que intenta levantarse. Que valor el de los monosabios asistiendo al caballo con el toro a un palmo de distancia. Entre continuas entradas y salidas al caballo completa la segunda e intermitente lucha con el caballo que, pese a coger por el mismo sitio, no consigue el resultado anterior. La labor del matador en encomiable e insiste en dejarlo en el centro de la plaza para un tercer encuentro, que se culmina fugazmente tras recorrer un cuarto de redondel. En banderillas se hace con un primer capote tras la primera pasada el falso y con las labores de brega a cargo del propio matador consigue completarse el tercio con cuatro palos en cuatro pasadas. La tarde que está desarrollando Sánchez Vara está a la altura de muy pocos y con tres tandas arrebatadas y llenas de valor, consigue la admiración de la plaza. La plaza es un hervidero, que hoy está viendo a un héroe de los de antaño enfrentarse a un coloso. No es de Extremadura, pero ha conquistado Ceret con el arrojo castellano. La espada le priva de premios mayores, pero es coronado con laureles que muestra dando la vuelta al ruedo.

Como el ancho del burladero es la distancia que hay las puntas de los pitones de Avinagrado N56. Con lances de capa lo recoge Octavio Chacón, que pronto entiende la complicación que se le presenta con un aviso a la altura del pecho. Hoy es día de reivindicar el oro. Es complicado hablar del numero de puyazos en el día de hoy, pero es justo decir que cumple en el primer encuentro, independientemente del número de veces que acomete y recibe el castigo del picador. A la salida pierde las manos y resultaría mas tarde el señalado por hacer lo contrario a sus hermanos. Tampoco parece que lo repita en el resto de la lidia. Chacón pide el cambio, pero el presidente niega la mayor. Tras agotar todas las vías que ofrece el reducido terreno del ruedo, el caballo debe ir a los medios para recibir al toro. Esto si es lidia antigua y no un capricho del matador. ¡Qué pensará Ferrera cuando vea que lo suyo en Madrid no fue más que un circo para mostrar una tauromaquia que no necesitaba! Mención especial para los hombres plata a su cargo, pues con una inmensa profesionalidad y de dentro a fuera consiguen terminar con ligereza el segundo tercio. Más que justificado el premio desde el tendido, que les hace saludar. Con la montera calada hasta las cejas, como mandan los antiguos, empieza ya la lucha entre dos iguales. Chacón saca su lado más lidiador y prepara al toro para recibir el acero. No se puede hacer mas y la plaza así parece entenderlo. ¿Tiempo del trasteo? El necesario para saberse por encima del animal y someterlo. La primera estocada no alcanza el objetivo, pero qué bien le ha andado por la cara por abajo. Finalmente entra a la tercera. El público es paciente adaptándose a las exigencias de la tarde y, gracias a ello y a la labor del jinete, Contento N12 protagoniza la mejor pelea de la tarde en el caballo. Con un quinto de siglo XXI cumplido, la presidencia tampoco es la de finales del XIX y comete el error de insistir en el primer tercio, que resulta un correcalles con dos caballos en el ruedo y un toro corriendo por el pasillo visiblemente libre. La falta de resultados en este segundo tramo del tercio hace olvidar lo que pasó en el primero y se decretan banderillas negras. Hasta el toro parece impacientarse y con un golpe seco lanza uno de los capotes a la primera fila del tendido, quedando tan bien colocado como uno de paseo. Un segundo capote es arrancado de las manos del hombre a cargo de la brega, quedando está vez sobre la arena. En este punto se produce otra de las imágenes de la tarde, pues Chacón ordena salir a sus compañeros de terna para brindarle el toro y compartir con ellos unas palabras; seguro sin desperdicio. A estas alturas ya pesa hasta la montera y prescinde de ella para la faena que cierra su tarde. Los nervios y las dudas son visibles en el matador, que ha acelerado el paso para buscar el amparo de las tablas. Sin huir de la guerra, si lo hace de la batalla con las telas. Lo de hoy es difícil de olvidar, pero el resultado es indiscutible; ha salido de la plaza por su propio pie.

Miguel Ángel Pacheco es el novel del cartel y disipa cualquier duda sobre su capacidad con el inicio a Tendero N59. No viene de una buena tarde, pero hoy aquí se reivindica el oro. Cinco minutos y la ayuda del segundo caballo son necesarios para que la puya alcanza su objetivo. No es suficiente para evitar el arpón largo. Llega la hora de Pacheco y tras un primer contacto salta al otro lado de las tablas, no sin antes vérselas con el toro de tu a tu. En la suerte suprema es desarmado en cada encuentro, pero tiene el aprobado y valentía necesaria para enfrentarse al cierraplaza. Es con Grandioso N67 cuando consigue desarrollar un gran toreo de capa. Y no de ese en el que se abre el compás y se relajan las manos. Este se produce con las manos bajas por delante, abriéndole los caminos al toro y perdiendo un paso para ganarle dos. Parece que respira aliviado y no es para menos. No se puede hacer mas con menos. Como en un juego de salón recreativo, el animal sale despedido del peto a cada contacto con el mismo y por momentos me parece ver un conato de coz. El inicio con el toro le ha ayudado a recuperar confianza de cara al tramo final de la tarde y eso le genera un puntazo ahí dónde duelen tanto los golpes en la parte alta del muslo de su pierda derecha. Pierde la vertical y el toro lo pisotea en el suelo, pero pronto aparecen los capotes de hasta siete hombres. Al impacto le preceden dos pases sobre la mano derecha que intentó rematar con el de pecho y el buen recibimiento del público hacia ellos, que le piden que confíe en el toro. La confianza da asco. Ya no hay tiempo para más, pues pese a ser solo el comienzo, el toro ha manifestado su final dirigiéndose hacia la puerta por la que salió. Lo intenta Pacheco, pero tras varias maniobras sin resultado, el toro está clavado. Es hora de matar y apuntarse el tanto.

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