Ceret | Una encerrona a golpe de realidad

Por Blázquez del Coso

Tras el primer plato en Ceret con los navarros de Reta y con la vista puesta en la gran corrida que presentan los hermanos Gamazo por la jornada vespertina, la encerrona de Francisco Montero con novillos de seis ganaderías diferentes resulta como el yogur de coco del indivisible pack de fresa y plátano que te acabas comiendo para no echarlo a perder en la nevera, junto al limón pocho de la puerta. Y no porque el elenco ganadero y la apuesta no sea interesante; lo que pasa es que mantener el cartel previsto para el pasado año, con las expectativas ya caducas del 2019, no tiene sentido. La novedad siempre interesa pero, con un año por medio, la realidad es bien distinta y este cartel no se entiende sin una terna. Montero tiene por delante una cita con Saltillo, Concha y Sierra, Dolores Aguirre, Yonnet, Barcial y Los Maños. ¡Casi !

El paseíllo de una encerrona siempre es especial pues, sea novillero o matador de alternativa, el torero se enfrenta a un largo camino con su destino. Francisco Montero parece mas tranquilo de lo que acostumbra, aunque la cara de circunstancia no se la quita nadie. Le flanquean Alberto Pozo y Rafael Reyes, que actúan como sobresalientes en la mañana de hoy. Sale en primer lugar un novillo de Saltillo, Sandiero N35. En tipo para muchos, por debajo del trapío de la cita para otros. No tarda en mostrar flaquezas y el presidente, que se hace rogar, ordena que salga el sobrero de Yonnet. Médico N33 desarrolla un comportamiento de menos a mas y contra todo pronóstico se encuentra hasta tres veces con el caballo; el picador también va calibrando la puntería y el brazo con cada encuentro. El pitón izquierdo es un revólver y Montero sabe que le quedan cinco por salir, así que se viste de azul y trabaja por el pitón derecho. Recibe la primera ovación de la mañana con una resolutiva estocada delantera.

Lo que sale por chiqueros a continuación es una pintura. Gitanito N91 es un novillo de Concha y Sierra del que asusta hasta su atigrada capa. El más serio, sin duda. Que estamos en Francia ya lo sé, pero como no veo banderas tricolores del país galo, me referiré al buen jaco de Bonijol como Dartañán, que así es como se escribirlo; de francés, ni papa. Gracias al nombre que reza en el peto, es fácil seguirlo en la plaza, pues gran culpa tiene de la ovación que se tributa desde el tendido al finalizar el tercio con tres puyazos en el sitio. Desde el callejón parecen poner serenidad al habitual carácter descontrolado de Montero, que acaba de encontrarse con un nuevo obstáculo en su apuesta y el aire ya es parte del festejo. Un tira y afloja se produce entre graderío y arena, con un torero que no quiere añadir el peso del agua a las telas de la muleta y un público que se desespera ante la soberbia. Finalmente accede, pero el tiempo pasa y ni con esas consigue manejar lo trastos. 

Con el mansito de Dolores Aguirre lo hizo todo mal. Cantinillo N19 cantó debilidad en los apoyos y miró al corral. Con todo ello, Montero decide empezar por abajo y acrecentar los puntos flacos del animal. Tampoco parece importarle pues, antes de coger la muleta, ya se había despreocupado incluso de poner en suerte al novillo. ¡Cuanto asusta el hierro! Silencio en el tendido y una mañana que empieza a verse cuesta arriba. Tras el primero bis, le toca el turno al titular de Yonnet. Marinero N34 empieza a señalar el atragantón de Montero, que se va quedando sin ideas. El tendido ha desconectado y ya solo espera los compases de la banda. 

Quedan dos toros enchiquerados y la paciencia se ha desbocado. Montero se encuentra frente a Batanerito N51, un interesante novillo de Barcial de impecable estampa y apretadas carnes. Un tío. El comportamiento es extraño en el caballo, acudiendo y empujando como un bravo para salir espantado como un navarro después de la buena pelea, que repite hasta en cuatro ocasiones. La esperanza en el novillo se vuelve real, pero Montero ya anda deambulando por la plaza perdido. Da rienda suelta a la tragedia griega y se echa las manos a los ojos para secárselos. Está desbordado y sin ver lo que tiene delante, se dirige a por la espada. Los pitos le recriminan su actitud y, después de perfilarse para matar, intenta armar faena escarbando en las entrañas de su concepto. No consigue el objetivo, pero es mejor que la indiferencia. Al animal se le premia con una excesiva vuelta al ruedo, que pone el dedo sobre la actuación de Montero. Con el de Los Maños se va hasta la puerta de toriles para recibirlo, pero las ganas se quedarían en un espejismo. Peinador N75 merece una buena lidia, pero es masacrado en varas. Aun así, conserva parte de su gran condición inicial para darle la puntilla a un novillero que, en lugar de cortarse la coleta para labrarse un futuro fuera de esto, busca maquillar la fracasada aventura en solitario con una vuelta al ruedo que el público le obliga a abortar.

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