Ciudad Rodrigo | Dos triunfadores, un eral extraordinario y muchas ilusiones

Por Noelia Crespo | Fotografía Silvia Olmedo

La cuenta atrás en el calendario mirobrigense lleva tiempo activada. La celebración de la Gran Final de su prestigioso Bolsín Taurino confirma los pocos días que quedan para dar el pistoletazo de salida al Carnaval del Toro.

«Dionisio – 29» de Valrubio, Mario Navas y Tristán Barroso fueron los tres nombres propios de la tarde. Ambos novilleros protagonizaron un mano a mano de altura con un eral de máxima categoría. De ellos debería salir el triunfador.

El astado de procedencia «vegavillar» tuvo calidad, repetición, fijeza, prontitud y recorrido en las telas de sus oponentes, siendo premiado por méritos como el mejor animal de la tienta. Abrió el último turno de la final el vallisoletano Mario Navas dejando claras sus intenciones de llevarse el triunfo. Entendió a la perfección lo que requería por ambos pitones el de Valrubio y cuajó una faena de muchos quilates de principio a fin. Encajado, enganchando delante la embestida y llevándola con profundidad, hilvanó derechazos y naturales llenos de empaque, naturalidad y sutileza. Se sucedieron tandas de mucho gusto y torería que se remataron con los “olés” rotundos del público. No se quedó atrás su rival y compañero Tristán Barroso, de Badajoz, quién firme y convencido firmó un trasteo repleto de pureza, temple y personalidad. Por ambos pitones, muy asentado de plantas, ligó muletazos hondos y asentados, con un poso impropio de alguien tan joven. En su segundo turno apostó por la entrega y verdad toreando de hinojos en los medios, sin dejar parar al de Guejuelo del Barro con mucha torería. “Olés” también para su actuación y un apretón de manos para culminar una pelea en la que el público no dejó de disfrutar.

Otro nombre destacado fue el de Roberto Martín “Jarocho”. Tuvo enfrente un eral de Ramón Rdgz. Espioja deslucido y descastado que no le impidió el lucimiento. Asentado y firme, acertó en las distancias, alturas y toques exactos que requería el animal en todo momento para meterlo en faena. Con gran conocimiento e inteligencia, firmó tandas que empezaron a conectar con el tendido. En el tramo final sacó a relucir la garra y entrega que le caracteriza dibujando pasajes arrebatados, llenos de relajo y rematando de manera torera. Estará en Carnaval. El pacense Sergio Sánchez demostró el buen concepto que atesora dejando detalles con ambas manos de gusto y personalidad, aunque no terminó de conectar con la gente. Dará que hablar.

El eral de Jesús Ramos tuvo nobleza, fijeza y calidad en el pitón izquierdo. Supo entenderlo y aprovecharlo José Luis Gómez Cirujeda, de Navas del Rey, quién firmó naturales de uno en uno templados de buen trazo. Echándole los vuelos y llevándolo hasta el final, se mostró más firme por ese pitón donde sacó sus mejores muletazos de la tarde. Pedro Andrés Arija (Vitoria) también intentó aprovechar ese buen pitón izquierdo con naturales más desmayados y personales que llegaron al tendido. Ambos estarán en Carnaval.

Justo de fuerzas y deslucido resultó el eral de Hnos. Asensio al que hicieron frente los dos novilleros de manera digna. El salmantino Esteban Tabernero se entregó en una faena de menos a más que por mala fortuna tuvo que terminar antes de tiempo. Ánimo y fuerza. Antes del percance, firmó muletazos por ambos pitones con mucho temple y firmeza, exprimiendo y enroscandose las escasas potables embestidas que le regalaba el animal. Cristian Galeano Cid (Guadalajara) no cesó en su empeño de sacarle muletazos al astado a pesar de las dificultades. Estuvo valiente, entregado e inteligente provocándole la embestida y aprovechando la inercia para ligarle pases y tandas en la corta distancia. Mucho mérito el de ambos.

Pocas opciones tuvieron también los chavales con el correoso y complejo eral de Agustínez. Fernando Tato, de Cáceres, no terminó de acoplarse con el animal ni de conectar con el público. Dejó destellos de un concepto poderoso y mandón con la mano derecha. El riojano Fabio Jiménez, un joven veterano del Bolsín, tiró de oficio y tesón para intentar firmar algún muletazo suelto de mayor calado. Sin suerte.