Consuegra | Daniel Luque, del indulto a la oreja

Por Adrián Blázquez | Fotografía de Eusebio Sánchez

Se anunciaban toros de Julio García en la localidad toledana de Consuegra; un reclamo para el aficionado que el año pasado había presenciado la gran novillada que se lidió en la plaza de Madrid. En el cartel, un Daniel Luque en estado de gracia durante los últimos festejos. Había ingredientes para que, a esperas de lo que tuvieran dentro los toros, se pudieran ver destellos de calidad. Salió el cuarto de la tarde, impresentable de pitones como toda la corrida, para un Luque que lo saludó gustándose con el capote. Toro noble que no hizo extraños en las telas del diestro. En el caballo, puyazo reglamentario con la cara arriba, sin ejercer castigo y con la salida tapada más allá de la raya del tercio. Fácil en banderillas y a pensar en la muleta para comenzar con el circo. Trasteó Luque por ambos pitones, aseado y ligando los muletazos en redondo a un toro que metía muy bien la cara. Se temía lo peor y algunos ya nos empezábamos a encomendar a quien quiera que esté allá arriba para no escuchar ninguna voz compasiva desde los tendidos. Y parece que funcionó, porque las primeras maniobras para eludir el acero llegarían desde el callejón por parte del propio ganadero, que acabaría calentando la petición en la plaza. Con todo ello, Luque había dejado de torear y había comenzado su teatralización. Trapazos sin exigir al toro y estoque al suelo tras recogerlo de las tablas. La escena estaba montada y el ganadero quiso ser protagonista. Llegaría el segundo aviso mientras se sucedían las miradas a una presidencia que no supo aplicar la autoridad. Tuvo que ser el guardia civil del propio palco quien ordenara a Luque que entrara a matar. Estocada en los bajos y a repetir la suerte, que de nuevo se iría baja. El resultado, una oreja que no concedió la espada y que pudo ser indulto si se llega a eludir la suerte suprema. Ayer la tauromaquia consiguió rascar tres puntos al animalismo, pero no son suficientes.

Abrieron la tarde Eugenio de Mora y una tormenta de arena originada por un ruedo sin regar, que se mantendría hasta el final del festejo. El toro, que echaba la cara arriba, no se quedó en las telas del capote de recibo. En banderillas esperó mucho, pero sin grandes dificultades para los hombres de plata. La faena de muleta estuvo plagada de enganchones, sin atraer la atención del público asistente. En el cuarto de la tarde recibiría una voltereta al quedarse descubierto, sin consecuencias aparentes, tras dejar una serie de derechazos donde puso más el torero que el toro. Recogió una oreja tras una estocada ejecutada fuera de la suerte que, como era de esperar, se fue baja.

Cerraba la terna Raúl Rivera, que se encontró con un buen toro en su primera actuación. Lo recibió de rodillas con una larga cambiada en tablas para torear por verónicas en la vertical. El contacto con la vara, ni para un análisis, que debió realizarse sobre las astas al finalizar el festejo. Quiso mostrarse con ambos toros en banderillas, pero no estuvo a altura del primero de su lote con la muleta, pese a cortarle una oreja. Con el segundo, recibió un golpe en el brazo durante la ejecución del segundo par, completando el tercio con la suerte del violín. Con la muleta mostró sus limitaciones con un toro que le arrolló.

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