Cuando el arte se recita con las muñecas

«Diego Urdiales firma una gran faena, llena de pureza y torería, enseñando el toreo de verdad en Salamanca. Pablo Aguado deja con las ganas al público tras cuatro verónicas que pararon los relojes y Ginés Marín pasó con más pena que gloria por La Glorieta.»

Por Noelia Crespo (@noeee_cp) | Galería de fotografica por Adrián Casado

Y hablamos de arte, porque así se podría catalogar el cartel que componía la tarde de ayer en Salamanca. Diego Urdiales y Pablo Aguado son dos toreros que tienen eso que te hace sentir, que te hace soñar, el toreo clásico de verdad fluye por sus venas, y parece mentira que entre ambos haya casi un abismo de veinte años de edad. La máxima expectación se había generado en torno a este cartel de arte, todos los presentes que abarrotaron algo más de la mitad de los tendidos de la Glorieta venían con las ganas de ver como Diego y Pablo sentaban cátedra con su toreo en Salamanca. Por momentos la capital charra quedó en pleno silencio, expectantes de los de luces, capaces de absorber al aficionado en el sentimiento de un olé rotundo, de esos que llegan al alma. Fueron en los bellos trazos firmados con la pañosa de Diego y la capa de Pablo, ambos despacio, tan puros y entregados como andaban por la plaza. Y es que, ¡qué toreros! Diego se llevó la tarde con todo merecimiento, pero Pablo dejó con las ganas al aficionado ante dos toros de pocas opciones. Por allí pasó también Ginés Marín, mero trámite pasajero su tarde en Salamanca, dejando dos faenas en las que anduvo desdibujado, sin ajuste ni asentamiento, destacando tan sólo su gran manejo del capote. Además Montalvo no terminó de levantar la feria como muchos esperaban, dejando varios toros de mayor clase, pero sin acabar de romper. Eso sí, el quinto fue un toro extraordinario, pena que tuviera mala suerte en el sorteo.

Montera en mano pisó la arena charra el riojano Diego Urdiales. Veinte años como torero había tenido que esperar para pisar La Glorieta, quien lo diría. Luchando contra el temporal que se avecinaba, logró dibujar varias verónicas templadas de gran trazo saliendose a los medios con el toro. Tras el espectáculo montado en varas, con un puyazo casi en los costillares del toro y uno más caído, decidió brindarle el toro de su presentación en Salamanca al maestro S.M. El Viti. Inició por bajo, doblándose con el astado de manera suave y sutil, dejando pases por derecho y un trincherazo de categoría. Siempre en el refugio entre las dos rayas del tercio para evitar complicaciones con el viento, siguió toreando Diego, bajandole la mano, llevándolo largo y profundo haciendo sonar los primeros oles rotundos de la tarde. Hizo sonar la música al natural, y es que con la mano de la verdad dibujaría naturales de excelso trazo, acompañando la noble embestida con clase de “Liricón”. Fue por ahí por donde en más delirio entró la plaza con un torero cumbre al natural, toreando despacio, en el sitio y con hondura, como mandan los cánones. Estructuró de gran manera su trasteo, rematando con otra tanda a diestras y a zurdas llenas de pases muy toreros, cautivando y disfrutando. Remataría con una espada que cayó baja, lo que no impidió que Salamanca le concediera la primera oreja de la tarde.

No pudo redondear su gran tarde de debut Diego en Salamanca. Ya con el capote, apenas pudo dibujar algunas verónicas de mayor temple ante un toro correoso. Tras lucirse en varas Óscar Bernal con un buen puyazo en lo alto, recibió la ovación. Brindó al público un trasteo que comenzó desde el tercio, doblándose con el toro mientras le bajaba la mano suavemente. Cogería la mano izquierda para firmar pasajes de poco eco y sin trascendencia ante un toro noble, pero soso y descastado. Dándole su tiempo por derecho, dejaría algún pase suelto, lo que no permitió que la labor echara vuelo en ningún momento. Estuvo muy sereno y voluntarioso Urdiales ante “Zapatilla”, un toro venido a menos, que no llegó a romper hacia adelante nunca. Gran estocada en lo alto con la que cayó el toro rodado. Sentida y cariñosa ovación la que le tributó Salamanca, quienes esperan a Diego con ilusión el año que viene.

Ginés Marín repetía de nuevo en Salamanca tras dos años con pasos más bien tímidos. Con datos así, parece aún más sorprendente que Urdiales debutara hoy en la Glorieta. Tarde para olvidar de Ginés, quien bajo la lluvia y el movimiento en los tendidos por el temporal, recetaría sendas verónicas cadentes, llenas de mucho empaque, sin duda lo mejor de su tarde. Tras dejarlo crudo en el caballo que montaba su padre, quitó por chicuelinas templadas con despaciosidad de mucho gusto. Tras un buen tercio de banderillas, brindaría la faena al público charro. Comenzó con la franela doblándose con “Candelito”, firmando pasajes con una rodilla en tierra muy toreros y puros, ajustado y llevándolo hasta el final. Ante un toro noble con calidad, siguió buscando la colocación Ginés, pero no la encontraba. Derechazos perfileros, siempre al hilo del pitón y sin asentarse. Por el pitón izquierdo se paró más el toro, dejando muletazos sin transmisión ni lucimiento. Cogería de nuevo la mano derecha para dejar nuevas series sin acoplarse en las que se sintió más cómodo. Pinchó en reiteradas ocasiones para dejar una media tendida en una faena que aburrió tanto al toro como al público.

Mandadero” salió por chiqueros con brío y casta, al que pudo saludar con verónicas cadentes y con gusto de nuevo. Tras dejar un puyazo un pelin trasero con un toro que empujó en el peto, se le ovacionó también. Quite por verónicas de Ginés, gustándose, con un toro que embestía con mucha clase, humillación y exigencia. Inició la faena en el tercio, debajo de la presidencia, a pies juntos y por alto. Citó de largo para seguir toreando a diestras, llevando largo al toro. Por ambos pitones dejaría pasajes inciertos, sin ajuste ni acople, toreando siempre al hilo y sin cargar la suerte. No cruzó en ningún momento la línea donde queman las zapatillas y es que el quinto fue un gran toro que requirió de mando y temple. Planteó una faena sin estructura, llena de altibajos, dejando lo mejor para el final. Toro con casta, recorrido, humillación y entrega que sobrepasó a Ginés, quien no llegó a acoplarse con él hasta que en las postrimerias de la faena dejó una serie más lúcida y templada con la diestra, pudiendole y llevandolo profundo. Adornos finales con unas manoletinas para de nuevo pinchar y rematar con una estocada. Balance final de ovación cerrada para el toro y pitos para Ginés.

El sevillano Pablo Aguado venía a Salamanca como el joven revolucionario del toreo esta temporada tras la puerta del príncipe en su Sevilla. Capote en mano para poner boca abajo La Glorieta, dibujando al ralenti verónicas llenas de despaciosidad, temple y gusto que pararon los relojes de la plaza. Salamanca rugió y retumbaron los oles en los cimientos de su coso como hacía tiempo que no sonaban. El público empezaba a saborear lo que se podía venir. Tercio de varas desastroso, con dos puyazos muy bajos ante un toro que empujó. Siguió deleitando con la capa al aficionado en un quite por verónicas llenas de empaque y temple con un toro manso sin fuerza. Brindó también a S.M. El Viti para después comenzar muleta en mano alternando pases por derecho con trincherazos toreros. En el tercio, por derecho, firmaría pases despacio, toreando con las muñecas y cerrando con un cambio de mano y el de pecho de manera torera. Toro que quería y no podía ante el que toreó a media altura Pablo, con sutileza, dibujando pinceladas y dejando patente simples detalles intermitentes de ese buen concepto que atesora, el del toreo clásico, el de siempre. Por el izquierdo dejó algún natural de mayor compás, y aunque intentó agradar en toda la faena, no llegó a terminar de acoplarse al no tener toro para ello. Faena de más a menos, pero Salamanca pudo disfrutar por momentos del empaque y clasicismo que porta este torero. Pinchó y dejó una estocada para acabar con el toro.

El sexto no permitió tampoco que Salamanca pudiera ver la mejor versión del sevillano. Sin poder lucirse como hubiera querido con la capa, lo dejó colocado en el caballo donde recibió un puyazo largo y trasero ante el que el toro protestó. Extraordinario tercio de banderillas de la mano de Iván García y Pascual Mellinas. Inició con la franela de nuevo en el tercio, bajandole la mano en un intento de enseñarle a embestir para ver si rompía hacia adelante después. Cogería la mano derecha, por donde dejó un par de series de pases sueltos ante un toro soso que no pasaba. Entendió acertadamente Pablo que no podía elaborarle faena a un toro agarrado al piso, por lo que decidió abreviar. Decisión correcta, que a muchos les cuesta tomar a veces, y es que para aburrir al personal con una faena sin sentido, mejor abreviar ante un toro de nulas opciones. Dejaría una media tendida para acabar con el de Montalvo. Salamanca se quedó con las ganas de ver a Aguado con otros toros, eso sí, ya le esperan el año que viene mientras en la mente del aficionado quedarán siempre esas verónicas de temple exquisito.

Ficha del festejo.

Viernes 13 de septiembre de 2019.

Plaza de toros de La Glorieta en Salamanca. Corrida de toros. Feria Virgen de la Vega. 3ª de feria.

Toros de Montalvo, bien presentados, de buenas y parejas hechuras. De juego desigual, nobles en conjunto. Destacaron la clase del 1° y 2°, y el 5° que fue encastado, bravo, con entrega y humillación.

  • Diego Urdiales (de verde hoja y oro). Oreja y ovación.
  • Ginés Marín (de azul noche y oro). Silencio y pitos tras aviso.
  • Pablo Aguado (de sangre de toro y oro). Ovación y silencio.

Entrada. Algo más de media plaza en una tarde ventosa y con llovizna.

Detalles

  • Destacó Óscar Bernal picando el 4° de la tarde (cuadrilla de Diego Urdiales).
  • Destacaron también Iván García y Pascual Mellinas, quienes de desmonteraron tras parear al 6° (cuadrilla de Pablo Aguado).

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