Cuéllar | De este circuito también se sale

Por Blázquez del Coso

Lo de Partido de Resina, antes y siempre recordado Pablo Romero, es siempre un acontecimiento cuando anuncia un encierro completo. Lo que lleven dentro es una incógnita, pues las estadísticas no sirven en esto del toro bravo, pero el trapío en la plaza hace que el festejo gane enteros antes de que suene el clarín. En Cuéllar se ha dado lidia y muerte a estoque a seis de los siete toros que salieron por la puerta de chiqueros y no hay mas que ver los números marcados a fuego para darse cuenta de la excepcionalidad del cartel. Con un abanico del tres al cuarenta y cuatro, es fácil diferenciarlo de las factorías de tres cifras.

El cartel de la terna, a priori bastante rematado para la lidia que puedan exigir los toros, reúne todos los ingredientes para ver los toros en los tres tercios. Y así ha comenzado Javier Castaño, con Zarcillero N13, que sale rematando en las tablas de Cuellar al tiempo que esquiva capotes y toallas que asoman por encima de las mismas buscando Dios sabe qué. El toro, con un morillo prominente e imponente que marca como un cartel luminoso de carretera el sitio para el picador, recibe – como es habitual en cada uno de los festejos – todas y cada una de las tres varas de Tito Sandoval traseras. Se acordará Castaño de este primero que, sin un mal gesto, no tiene una faena a la altura. Que no es de altos vuelos, pero tiene su altura. Firme, pero sin rotundidad, descabella como si de una estocada se tratase que, en efecto y ejecución, supera a la que ha dejado antes de coger la cruceta. Rehiletero N41 ha salido en cuarto lugar y ha hecho bueno hasta lo que por el momento ha salido de los corrales. Recibe un puyazo con pronóstico reservado y no repite Castaño el lucimiento del primero. Luego se ha arrepentida. Quizás. En banderillas ha ido a más, mejorando notablemente, con fuerte arrancadas que acaban tras los banderilleros en tablas. Con la muleta se ve sobrepasado el salmantino, que recibe el auxilio de los peones para salir airoso. Una actuación así delante de un toro como este también te puede sacar de este circuito, que es el último paso a los infiernos del ostracismo.

Morenito de Aranda demuestra que de Despeñaperros para arriba también se torea a la verónica; con toros, además. Y es lo que le ha hecho de salida a Flamenco N39, metido en las telas del burgalés, protagoniza los mejores momentos de la tarde para los que buscan la rama artística. La labor del picador sigue sin mejorar y Gómez del Pilar hace su entrada en la tarde quitando por chicuelinas. Con suavidad en los vuelos o pulsando la muleta, templa las medias embestidas del cárdeno. A gusto en la cara del primero de su lote, yerra cualquier esperanza de trofeo con la espada. El cuarto de la tarde se devuelve por inválido tras parear por segunda vez y tras la insistente petición del tendido. El quinto bis es un tío, diferente a sus hermanos, largo agalgado y tan alto de miras como amenazante de pitones. Se ha hecho con el ruedo desde su salida, con un picador poco colaborador con su matador. Chicharrero N4 elige los terrenos entre las dos rayas para esperar a los de los garapullos y ponerles en dificultad. Con la muleta se equivoca Morenito, que si acierta al coger la espada desde el inicio. Con mas interés en acabar cuanto antes que en poderle para entrar a matar, el sainete es tremendo. Sin lidia y sin espada, sale de la tarde con un toque de atención. Este circuito de ganaderías y toreros, si algo exige es dominar y conocer todos los recursos para poder al marrajo que no sale en las ganaderías de carril. Es normal que todos quieran salir de aquí.

El tercero de la tarde, de nombre Zapatón N44, hace gala a su nombre. La pelea en varas es buena y el jinete es capaz incluso de levantar al caballo tras ser apretado en tablas. El orden de Gómez del Pilar sobre la lidia no es buena y permite una entrada en falso al relance que no es suficiente para evitar el tercer encontronazo con el peto. Ataca al toro en el trasteo de muleta para sacar lo poco que tiene y no dejarle pensar. Andándole por la cara, lo prepara para matar pero falla con el acero. El cierraplaza Remilgadillo N3 llega parado a la muleta, con arreones que no facilitan la labor del matador, que cierra su tarde sin lucimiento, aún por encima de sus compañeros de terna.

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