De toro y torero … o de ninguno

Por Alejandro Agustín | Fotografía por Raúl

De ninguno considero. Aunque detalles toreros intuyo. Hablemos de la tarde de Miguel Ángel Perera en la que se presentó a Madrid tras el San Isidro más bochornoso del que ha sido protagonista. Valor descomunal del extremeño presentar “batalla” a Ureña en su plaza, a sabiendas de la hostilidad que él mismo se buscó con sus amacarradas maneras en su Puerta Grande. Ajusticiada recibida de Madrid cuando el extremeño asomó la cabeza por el burladero tras la invitación de Ureña. Cuando se pone la olla al fuego, el agua hierve.

Sabe Miguel Ángel Perera lo vulgar de su toreo en los últimos años. Es consciente. No tiene sentido si no el cómo se puso con su primero. Porque se puso. Pero ¡ay amigo!, estamos oxidados. Cuando nos ponemos de verdad nos enganchan, no sabemos ligar y nos cuesta mandar. Tuve la suerte de percatarme del esfuerzo y disfrutar del mismo. Encantado estoy de ver a los toreros dar ese paso al frente en Madrid. Qué gustazo. Me ilusionó Perera entonces.

Y disfruté de los bellísimos lances con el capote rodilla en suelo de Miguel Ángel. Qué templanza y qué suavidad. Lástima que los objetivos de los fotógrafos también tuvieran que enfocar al feuco de Victoriano, hubiese quedado un bonito fondo de pantalla para el ordenador. Poco más hubo que sacar a “Soleares”, algo más habría que haber sacado de las del exceso de bravura.

Sabe Miguel Ángel Perera también lo que funciona en Madrid. Toros vuelta y vuelta, cruditos. Y así nos hizo tragar al embarazado toro de Núñez del Cuvillo, con el mismo trapío que un cachorro de pastor alemán. Mostró síntomas de blandura, pero los picotazos en varas le hicieron venirse arriba. Despertó como el que se sienta encima de una chincheta. No se le devolvió por inválido y recordó su tercio final a aquel “Hechizo” de Román, al que también se protestó por invalidez. Y aquello pues cogió vuelo. Yo aterricé, pero para otros cogió vuelo. A la tercera arrancada de largo de “Portugués” tomé el móvil para ver cómo iba Sevilla (vaya entrada por cierto). Aquello me era indiferente, no me aporta nada y está lejos del toreo que me enamora y que me obliga a venir tarde tras tarde. Las series se componían de una llamada en largo a la que el de Cuvillo respondía con toda la inocencia y bondad del mundo, tropecientos pases en los que recorría la geografía corpórea del diestro y el de pecho. Me aburre el escribirlo. Y así otra, otra y otra serie. Desperté de mi letargo cuando un compañero de abono gritó “¡Mirad abajo que es donde está el toro!” Y es que la plaza se estaba calentando frente al tendido 7. Gritó un borrego “¡Tontos!” desde el 8 en dos ocasiones y algún imbécil incluso ha defendido tal afrenta. En la fiesta más culta del mundo, insultos que encuentran amparo, ridículo. Cada réplica de la réplica de la primera serie calentaba a los “isidros” y los ocasionales. Fue incluso un alivio cuando Perera quiso poner fin a la vida del Cuvillo en la misma boca de riego, que hizo el silencio en la plaza. Pinchazo y metisaca con el que “Portugués” se despidió de su vida.

No sé si es más vergonzoso el tener que recurrir al toreo moderno por la incapacidad de torear bonito de Perera o sus declaraciones al canal de los toreros. Mencionarle que los toros aquellos a los que les ponen “las rayitas” son aquellos que usted no es capaz de darles una lidia decente, una faena digna y matar por arriba. Miedo o incapacidad, usted sabrá. Y si estoy/estamos equivocado/s, demuéstrelo. Elija su ganadería y elija nuestra plaza. Deseoso/s estoy/estamos de que me/nos calle la boca. Queremos disfrutar del toreo en mayúsculas, no del espectáculo tercermundista que nos oferta últimamente.

Amarga victoria la de Perera; querer convencer a Madrid de poder realizar el torero, sólo dar pinceladas y tener que volver a lo de siempre. Reconocer que los oponentes a los que se enfrenta no aguantan dos puyazos en condiciones como muestra de su enorme valor. Convencer a la gran mayoría y saber que no son a los que venías a convencer.

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