Desvirtuar la imagen de la bravura

Por Noelia Crespo

Deshonrar al toro bravo. Ni más ni menos. Las imágenes hablan por sí solas y por mucho que determinados profesionales, por llamarlos de algún modo, nos lo quieran vender como el toreo en su máxima expresión de poder y valor, no es sino otro ataque irrespetuoso al eje fundamental y principal de la fiesta. 

Sin entrar en detalles sobre la última fotografía publicada por un matador de toros extremeño, puesto que no es el único que ha subido contenido de ese tipo, y no será el último por desgracia, hay que replantearse en qué beneficia vender esa imagen. En nada, por supuesto. Que está en su derecho de hacerlo y publicarlo, por supuesto también. Tratar de ridiculizar a un animal bravo, el que hace que funcione todo esto, es una comparativa que bien podría asemejarse a la de cualquier otro animal dócil e indefenso. La antítesis de la tauromaquia y un motivo más para el sector antitaurino, al que tristemente cada día se lo ponemos más fácil. 

¿Os acordáis de Ferdinand, la historia de aquel toro amigo del hombre? Bien podrían encajar en ella las imágenes publicadas en las redes recientemente. Todos esos profesionales parece ser que no comprenden que mostrar gestos así lo único que consiguen finalmente es vender una imagen equivocada al exterior de lo que realmente es el toro bravo. Si has conseguido dominar y poder a una vaca hasta ese punto, enhorabuena, pero no muestres fotografías que evidencian al animal hasta el punto de acariciarlo cual mascota del hogar. No ayudan ni favorecen y hacen reflexionar en profundidad sobre el animal que se cría en la actualidad. Humillar, denigrar y ridiculizar al animal que te da de comer y por el que se mantiene en firme tu profesión es un completo despropósito. 

¿Recuerdan aquellos tiempos en los que el toro bravo era pilar indispensable de la fiesta? Añórenlos con nostalgia, hoy día son pocos, y la mayoría simples aficionados, los que realmente elogian la verdadera importancia que tiene la bravura de un astado en la fiesta. No nos damos cuenta, pero estamos cavando nuestra propia tumba en favor de aquellos que predican un falso animalismo basado en el desconocimiento. Reflexionen, la bravura es condición indispensable para mantener en pie la fiesta de los toros.

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