El estado comatoso del periodismo taurino

Por Adrián Blázquez | Fotografía por Susana Ortiz

Con el recién acabado año tocando a su fin, lo hizo también el programa de Los Toros de la cadena Ser. Fue en el programa del pasado domingo cuando se anunció que la emisión no continuaría en activo durante el estrenado año, poniendo así punto y final a una trayectoria de 49 años que, según apuntó el propio Molés, no sufrió jamás interrupción alguna durante su existencia.

Por supuesto, las reacciones no se han hecho esperar y aún hoy se sigue leyendo sobre el tema. Una derrota más para el mundo de los toros. Aunque las felicitaciones a posteriori han llegado desde los ámbitos más diversos, también lo han hecho las voces de aquellos que se encuentran al otro lado. Los jueces tampoco han tardado en sacar su dedo acusador para señalar a los culpables de esta batalla perdida que nos acerca un poco más al final de la guerra. Héroes y villanos en un mundo que acabará por destruirse desde dentro. ¿Adivinan el bando de cada protagonista de la fiesta?

Si acostumbran a leer la prensa escrita, como hago yo cada mañana, imagino que ya sabrán la respuesta. A modo de anejo sobre un artículo ya publicado sobre el mismo tema y bajo la misma firma, Zabala de la Serna vuelve a agitar ese avispero al que le gusta tanto provocar. Tachando de «afición inactiva a la hora de reivindicar espacios cercenados» remataba las líneas de un artículo cuyo título ya auguraba una nueva ofensa.

Y es que, tachar de inactiva a una afición a la que día tras día se le ignoran sus pretensiones desde esos mismos medios, no es más que una muestra del acuerdo verbal y quizás escrito que existe entre los profesionales del toro. Empezando por el binomio torero-periodista. Cansados de un sistema que no favorece la renovación y la diversidad de toreros y ganaderías, somos esos mismos «inactivos» aficionados de los que habla los que continuamos acudiendo a las plazas para que otros escriban su propaganda. Por afición, solo afición. «De los protaurinos ni las gracias», apunta en el mismo artículo para referirse a las reacciones que desencadenó la última corrida emitida por TVE, para añadir que las que hubo solo sirvieron para criticar el festejo elegido. Sepan ustedes, que no todo está justificado y no siempre se lleva razón, pero en el momento en el que un aficionado se preocupa por la imagen que se pueda proyectar al mundo que nos rodea, está haciendo más que todos los plumillas que con sus aspiraciones callan y otorgan. Si la apertura de la fiesta pasa por la supresión de la integridad, pueden quedársela.

La crítica taurina lleva muerta desde hace mucho tiempo y eso se debe a la falta de independencia, ausencia de afición y sobredosis de egocentrismo del panorama taurino. Cómo puede hablar alguien de inactividad cuando ha aceptado como supremo lo decadente, lo vulgar como extraordinario y la monotonía como poderío. No puede.

Buscar culpables para los síntomas de la enfermedad que experimenta el periodismo taurino fuera de sus propios actos es cuanto menos irresponsable. En esta guerra perdemos todos. Su integridad ya lo hizo hace mucho tiempo y es la causa del fracaso en los medios generalistas; no nos quiten también la del toro.

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