El indulto como premio para el torero

Por Noelia Crespo

Recién comenzada la temporada taurina 2020, ya podemos hablar que poco hemos tenido que esperar para que la campaña de indultos también haya quedado inaugurada. Verdaderamente lo que muchos deberían preguntarse tras ver ciertos sucesos acontecidos en las últimas horas y las últimas temporadas es: ¿Qué es un indulto? Según el artículo 83 del Reglamento publicado en el BOE: “En las plazas de toros de primera y segunda categoría, cuando una res por su trapío y excelente comportamiento en todas las fases de la lidia, sin excepción, sea merecedora del indulto, al objeto de su utilización como semental y de preservar en su máxima pureza la raza y casta de las reses (…).” Ateniéndonos a estas circunstancias bien podemos cuestionarnos si hoy día el indulto sigue siendo un premio para el toro, como lo era anteriormente, o cada vez se está convirtiendo más en una condecoración para el torero.

El hecho de que en la actualidad cada vez veamos más toros indultados nos corrobora que ese reconocimiento excepcional para el toro bravo se está cada vez normalizando tanto en las plazas que hace que la fiesta caiga por momentos en decadencia. Con todo esto no podemos negar que la tauromaquia está en continuo cambio, siendo ahora en muchas ocasiones más valorado el torero que el toro, cuando no debemos olvidar que el eje fundamental y principal que sostiene la fiesta es el toro bravo de lidia.

Lo que antiguamente se trataba de un hecho excepcional y casi insólito, hoy día es algo a lo que prácticamente estamos acostumbrados a contemplar en cualquier plaza y con cualquier animal. ¿Dónde queda el premio de la vuelta al ruedo para un toro de bandera? Actualmente hemos entrado en un concepto en el que parece que si no hay indulto, no se consuma el triunfo total. En muchas ocasiones, además de ver al público extasiado sacando sus pañuelos, con todo derecho, reclamando la vida del animal para terminar la tarde todos contentos, son los propios profesionales taurinos, toreros, cuadrillas y demás personal los que exigen y piden ese máximo premio, pensando en la mayoría de las ocasiones en sus intereses por triunfar. Una faena de florituras, con personalidad y alardes con un toro obediente, encastado y con clase suele ser cada vez más frecuentemente premiado con el máximo triunfo buscado por el propio torero: el indulto de su animal en el que si tanto público como ganadero, presidente y torero están de acuerdo poco podemos objetar. Además con este premio, es el propio torero el que se libra de realizar la suerte suprema, tan fundamental e importante en la tauromaquia, que indultando su res consigue obviar esa suerte, obteniendo como mínimo un doble trofeo como premio.

En muchas ocasiones se olvida que el toro debe ser completo en todos los tercios de la lidia y normalmente es cada vez más frecuente indultar una res por su comportamiento excepcional en el último tercio de muleta, olvidándose del resto de tercios componentes de la fiesta y fundamentales para comprobar esa bravura del animal. La clase, la casta, la entrega o recorrido son cualidades necesarias y por las que todo ganadero lucha por conseguir que presenten sus pupilos, pero no hay que dejar pasar que deben cumplir en banderillas, en el capote y en el caballo, este último siendo un tercio cada vez más ninguneado y pasajero en la lidia de la res. Tampoco debemos olvidarnos la presentación del astado, ya que en considerables ocasiones el trapío de la res indultada no cumple con los mínimos requeridos por la categoría de la plaza.

La regulación de los indultos es algo que deberíamos empezar a plantearnos más seriamente. ¿De verdad estamos en la época que más toros bravos se lidian para que tantos sean indultados? El toro, que tras ser criado con mucho esfuerzo por los ganaderos sale a la plaza para luchar por su vida, ve cómo cada día es más frecuente que el público, que no aficionados, se la perdonen a que por merecimiento se la gane el mismo por su condición y presentación. El indulto no debe ser un argumento que utilicemos ante los antitaurinos para demostrarles que nosotros también salvamos la vida al animal, debemos premiar esa bravura del toro que posteriormente le sirva al ganadero para mantener toda una especie única en la dehesa.

Sin ninguna duda es un tema que genera controversia entre los aficionados que conversan y debaten con diversas opiniones favorables y en desacuerdo sobre lo que acontece cada vez más frecuentemente en las plazas. Al final esto no deja de ser otra de las riquezas de la tauromaquia, el compartir diferentes opiniones todas ellas respetables, pero reflexionen profundamente sobre este tema, ya que si seguimos con este continuo afán de triunfalismo apoteósico en las ferias, muy pronto el toro bravo dejará de ser el principal protagonista. Si es que no ha dejado de serlo ya…


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