Texto por Adrián Blázquez | Fotografía de Susana Ortíz

Dicen que todo llega si se sabe esperar, pero el inmovilismo nunca fue el mejor de los caminos. Tampoco en el mundo de la tauromaquia. Han sido muchos los años en los que se han privado a la Venta del Batán de su derecho a ejercer su actividad. Caprichos políticos, egoísmos y ocultismo entre los propios protagonistas y falta de compromiso entre la afición ha hecho que no fuera hasta ayer sábado cuando las reses volvieran al entrañable espacio del Batan.

La jornada de la reapertura daría el pistoletazo de salida a partir de las once y media de la mañana. Entre un palpante nerviosismo, muchos aficionados madrugaron para anticiparse a lo que pudiera ser un lleno absoluto en los tendidos de la plaza de toros en honor a José Cubero «Yiyo», que más tarde sería el protagonista de la jornada. Entre distendidas conversaciones recordando los toros y las faenas de la temporada taurina de nuestro país, amenizaban la espera los aficionados que allí se encontraban y que probablemente no se habían vuelto a ver desde que sonara el cerrojo en sus plazas.

Con la gente aún en las inmediaciones de la plaza, se inició el primer paseíllo del día en la que más de una veintena de jóvenes aspirantes a torero desfiló con sus trajes de corto hasta las dependencias de las oficinas aledañas. Era la señal para acceder a las localidades de la plaza.

Al tiempo que los tendidos se iban poblando hasta ocupar cerca de los dos tercios de capacidad, los noveles empezaban a desplegar sus capotes. No tardaron en agruparse formando una semicircunferencia en el centro del ruedo para escuchar las palabras que la organización a cargo de Tauromaquias Integradas habían preparado para recordar la figura del Yiyo de la mano de su hermano Juan Cubero y su antiguo compañero en la escuela Joselito. Acabadas las formalidades, comenzó la tienta de las vacas de la ganadería de El Tajo. Numerados y por turnos, los participantes fueron saliendo a demostrar sus habilidades con la muleta y someterse al juicio de Martin Arranz.

No se dio el lleno absoluto que una cita así merecía, pero los que allí estuvieron pudieron comprobar la torería de un Juan Ortega que realizó las labores de dirección del tentadero de las siete vacas que se echaron. Entre los momentos más anecdóticos destacó la espontánea participación de dos torerillos que saltaron con premura con sus franelas al ruedo para dar un par de tandas y recogerse en el burladero que accidentalmente había ocupado y que no alcanzaban a ver lo que en el ruedo ocurría por encima del mismo.

Desde los aficionados más veteranos hasta los más noveles acudieron a la cita, pasando por curiosos ciclistas ataviados con maillot y casco, jóvenes sin haber pasado por el vestuario para quitarse las medias tras jugar al fútbol y un temprano aficionado que hizo la competencia al picador para citar a la vaca puesta en suerte. En definitiva, una jornada en la que todos disfrutaron y que algunos echamos en falta a todos aquellos que siempre quisieron la vuelta de la Venta del Batán y que en el día clave no estuvieron para demostrar su apoyo.

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