El rey debe librar sus batallas

Por Adrián Blázquez | Fotografías por Susana Ortiz

Ya han tenido lugar los cuatro primeros encierros por la calles de Pamplona y es como si apenas hubieran sucedido. Durante estos días, los corredores han hablado de la falta de posibilidades que la composición del encierro ofrece para correr en la cara de los toros. Y es que nadie mejor que quien espera todo un año a que llegue la festividad de San Fermín tiene más derecho a exigir las condiciones de la carrera. Ni si quiera las administraciones, que se han empapado de esa tendencia a lo políticamente correcto que reina en nuestros días y nos está robando la identidad y la autenticidad de la máxima expresión del pueblo.

La pureza en cualquier ámbito no admite añadiduras, si no que debe permanecer incorrupta. Los litros de antideslizante que inundan el recorrido sobre el que discurren tanto astados como mozos, han convertido el suelo en más firme que nunca. Además de lo que ya teníamos, hay que añadirle la aparición de un superdotado cuerpo de vasallos, que siempre han sido unos cabestros, como punta de lanza que protegen a su señor. No quiero pensar en un rey que no libre sus batallas.

Son muchos los aficionados que coinciden en las sensaciones que experimentan durante este año cuando se encuentran en frente de la televisión o dentro del vallado más famoso del mundo. No hay emoción. No hay posibilidades. No hay nada. En resumen, queda ese misticismo que solo se llega a sentir durante los minutos previos a que se abran las puertas a la estampida. Ya no hay manadas ni toros solitarios, solo mansos arrollando a su paso.

No quiero culpar a los responsables que entrenar a los cabestros por hacer su trabajo, pues realizan su cometido de magnífica manera cumpliendo con las directrices que se les da. Tampoco quiero más de lo que hay, sino solo lo que había. Bastante ficción consumimos ya en las pantallas como para también empaparnos de ella en la vida que elegimos vivir. Por imposición, claro. No cedan ni se dejen influir por las pretensiones de esos que solo quieren destruir poco a poco nuestra tradición y sientan el orgullo de saber que han colaborado para mantener la esencia de algo único. Dejen el reino para el rey.

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