El templado toreo de Pérez Pinto y el cuarto novillo de Garcigrande destacan en Ciudad Rodrigo.

Por Noelia Crespo

Reses de Garcigrande – Domingo Hernández para David Fandila «El Fandi», José María Manzanares, Juan del Álamo y el novillero local Juan Antonio Perez Pinto en el primero de los cuatro festejos programados para el traicionar Carnaval del Toro de Ciudad Rodrigo.

Comenzó El Fandi desde el tercio por verónicas flexionando la rodilla ante un astado de justas fuerzas. Lo llevó hasta los medios, cuidándolo y lidiandolo antes de recibir un puyazo caído. Quite por verónicas, lucido por chicuelinas ajustadas y templadas. Colocó los tres pares de banderillas dando espectáculo y ganándose a un público que se mostró encantada con él. Brindis al público e inicio por alto, enseñándole despacio e intentando cuidarlo en los primeros compases. Por el derecho, unas tandas cortas para mantener un flojo pero noble astado de Garcigrande. Con la mano izquierda llegaron los naturales más templados y ajustados con un novillo que se va un poco más largo y con mejor clase. Entendió el pitón bueno del novillo, dejando los mejores momentos al natural en total comunión con el astado y el público. Hizo todo de cara al aficionado, volviendo al derecho por donde disfrutó, poniéndole ganas y empeño. Alargó la faena con molinetes de rodillas para terminar de ganarse al público asistente. Final por manoletinas y estocada caída. Una oreja para el de Granada con petición de la segunda.

Manzanares tuvo su inicio con toda una declaración de intenciones echando las dos rodillas en tierra para iniciar con una larga cambiada. A pies juntos desde el tercio y por verónicas llevó hasta los medios al de Garcigrande; un novillo más alto y con más brío de inicio que el anterior. Puyazo caído y comienzo por el derecho en tandas de asentamiento, intentando ligarle los muletazos y llevándolo largo. Al contrario, por el izquierdo tenía menos recorrido el animal, dificultandole la labor por lo que no acabó de ajustarse con él. Vuelta al derecho, citando con el pico y llevándoselos para afuera terminando las tandas con extraordinarios pases de pecho templados de principio a fin. Novillo noble al que había que tocarle las teclas y con el que Manzanares se sintió más cómodo por el derecho. Vino con ganas de agradar y se arrebató en un final imponiéndole mando y oficio. Faena falta de ajuste que no terminó de alzar vuelo, pero en la que la gente estuvo con él, siempre atenta del alicantino. Estocada trasera y algo tendida. Excesivas dos orejas las que recogería el torero.

Juan del Álamo arrancó por verónicas a pies juntos recibiendo al tercero de Garcigrande, quien en un descuido se le fue directo al pecho tras quedársele debajo y propinándole un golpe seco en la cara. En su encuentro con el caballo recibió un puyazo largo y arriba. Buen tercio de banderillas de David Sánchez y Domingo Siro con Jarocho en la brega. Inicio pegado a tablas por bajo, enseñando al animal y sacándolo a los medios. Novillo con celo y recorrido. Siguió por el derecho, ligando tandas y llevándolo largo, pero sin terminar de asentarse. Por el izquierdo estuvo más firme y correcto, faltando colocación por momentos, pero échandole bien los vuelos, entendiéndolo mejor y firmando algún bello muletazo. Se sintió más a gusto al natural, por donde basó la faena de manera inteligente ya que el novillo embestía con más clase y largura. Varió con molinetes de rodillas y de pie para levantar el vuelo de la faena y seguir al natural; sin duda por donde más comunión hubo entre ambos. Faltó limpieza en una faena en la que Juan intentó agradar a sus paisanos a través de raza y personalidad. Estocada tendida y caída que le premió con una oreja.

Pérez Pinto empezó con decisión y ambición con unas verónicas templadas y con gusto en el centro del ruedo que metieron al público en la faena de primeras. Puyazo trasero y caído que fue posteriormente rectificado. Comenzó doblandose con él, echando las dos rodillas en tierra y toreando en redondo muy despacio y siempre muy torero. Novillo con humillación, recorrido, nobleza y clase, que acudía de largo a la muleta del novillero local. Por derecho ligó muletazos templados, gustándose y disfrutando de la condición del animal. Al natural estuvo asentado y correcto. Bien con ambas manos, aunque mejor por el derecho donde entendió lo que requería el novillo, ligándolo en redondo, dejándole la muleta puesta y llevándolo hasta el final. Con conocimiento y cabeza logró convencer a toda la plaza tras rematar las series con pases de pecho hasta la hombrera contraria. Novillero de buenas formas, pero falto de oportunidades, aunque en Ciudad Rodrigo siempre muestra su mejor versión, la que todo novillero debe mostrar. Estocada suelta tras previo pinchazo. Dos orejas de premio a su faena.

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