El temple de Álvaro Lorenzo brilla bajo la lluvia de Borox

Por Javier Espada

Este año la lluvia se ha empeñado en ser la protagonista de las fiestas del municipio toledano de Borox, la patria chica del maestro Domingo Ortega. Y es que, la gota fría que el pasado lunes destrozó y anegó los cultivos de la localidad, no fue suficiente. Hubo una segunda parte, que coincidió con el festejo programado para la tarde de ayer, un apetecible mano a mano de los dos toreros toledanos que más lejos han llegado en las últimas décadas, uno con ya todo hecho, y otro, con mucho futuro por delante. Pero el agua, que no paró de caer en todo el festejo, no impidió que Álvaro Lorenzo firmara una auténtica obra de arte con el cuarto, un gran toro de Alcurrucén, con el que homenajeó a Domingo Ortega a base de temple, cadencia, suavidad y toreo con la cintura, confirmando así el buen momento que atraviesa y que el aldabonazo de la feria de Begoña no fue casualidad. Por su parte, Eugenio de Mora hizo gala de su oficio y veteranía, al alcance de muy pocos.

Compuso Álvaro Lorenzo la mejor obra de toda la tarde con la incesante lluvia como testigo. Sólo aquellos aficionados que optaron por quedarse en sus asientos soportando tremendo aguacero tuvieron el premio de disfrutar de la faena del toledano al cuarto, un gran toro de Alcurrucén, que tuvo movilidad y clase por ambos pitones. Excelso estuvo Lorenzo en su toreo por el pitón derecho con el temple y la suavidad por bandera, firmando muletazos cadenciosos y demostrando una vez más que la provincia de Toledo tiene un torero para seguir soñando. Cuando el de Alcurrucén ya se apagó en las postrimerías del trasteo, optó Álvaro Lorenzo por otros recursos como dos circulares invertidos, un cambio de mano y una trincherilla de cartel de toros. Se tiró a por todas con la espada, que cayó algo atravesada, lo que obligó al toledano a recurrir al descabello. Dos orejas sin discusión.

Una faena aseada pudo dejar Lorenzo con el segundo de la tarde, astado con nobleza, pero sin emoción, con el que consiguió cobrar media estocada en la segunda entrada, lo que le obligó a recurrir al descabello. Cortó un generoso trofeo.

De preciosa estampa y de nombre de familia grande fue el sexto, Licenciado, que destacó por la nobleza, pero al que le faltó trasmisión y fue de más a menos en la muleta de un Álvaro Lorenzo que sólo pudo gustarse por el pitón derecho con muletazos muy esporádicos. Mató de estocada caída y cortó dos excesivos trofeos.

Acapachado de pitones y algo apretado de carnes fue el abreplaza, que mostró desde los primeros tercios ritmo, colocación de la cara con cierta calidad, y sobre todo nobleza, tónica general del encierro de los Lozano. En la faena, los mejores pasajes llegaron por el pitón derecho cuando Eugenio de Mora exigió al de Alcurrucén por bajo, y también en las series finales dejando la muleta en la cara para tirar de él y lograr tandas de gran mérito. Mató en la primera entrada el torero moracho cobrando una estocada caída cuando comenzaba a descargar la tormenta sobre el coso de Borox y cortó un trofeo.

El vizco tercero, frío de salida haciendo honor a su encaste Núñez, ya demostró dificultades en el caballo, al que embistió con la cara muy alta, y también en el tercio de banderillas, donde puso en aprietos a los subalternos de la cuadrilla de un Eugenio que exhibió en la muleta su oficio intentando limar los defectos del toro y dejando naturales importantes en algunas series por el pitón izquierdo, por donde el de Alcurrucén tenía más largura en sus embestidas. Se rajó el astado al final de faena marcando al torero los terrenos de toriles. Mató al segundo encuentro de estocada efectiva y cortó una oreja.

Falta de transmisión acusó el quinto, que se quedó parado en la muleta de un Eugenio que intentó explotar todo lo que tenía el animal de Alcurrucén por ambos pitones sin mucho éxito. Mató en la segunda entrada tras pinchazo y cortó un trofeo.

Ficha del festejo:

Plaza de toros de Borox (Toledo). Corrida de toros con motivo de las fiestas patronales en honor a San Agustín. Toros de Alcurrucén, desiguales de raza y motor. El mejor de la tarde fue el cuarto, con trasmisión y calidad. Se dejaron primero y segundo y se pararon en la muleta quinto y sexto. El tercero demostró muchas carencias.

  • Eugenio de Mora: Oreja, oreja y oreja.
  • Álvaro Lorenzo: Oreja, dos orejas y dos orejas.

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