Emilio de Justo corta dos orejas en un flojo festival homenaje a los cirujanos taurinos

Por Adrián Blazquez | Fotografía por Lucía Hernández

Tras romper el paseíllo se hizo entrega de una placa conmemorativa homenaje a los cirujanos taurinos por parte de los matadores, el novillero anunciado y las diversas entidades colaboradoras del festival. Novillos de Hermanos García Jiménez faltos de fuerza en general para Morante de la Puebla, José María Manzanares, Cayetano, Emilio de Justo, Pablo Aguado y El Rafi. Tres cuartos de plaza en los tendidos.

Recibió Morante al primero de tarde en tablas para templar con el capote cuatro verónicas que fueron empañadas al clavar pitones en tierra. En los medios, lo remató con dos medías. A una mano lo puso en el caballo, necesitando en última instancia la ayuda de la cuadrilla para volver a dejarlo en la raya. Probó de nuevo por verónicas antes de ordenar el cambio de tercio tras el picotazo a un animal que ya se movía con la lengua por la arena. Alrededor del sombrero que dejó en el ruedo orbitó una faena que exprimió por el pitón derecho, donde el falto de fuerza novillo mostró clase y humillación sin emoción. Acabaría la faena sin mostrar el pitón izquierdo y terminando con ayudados con alto de la misma forma que empezó. Estocada para hacer rodar al toro y arrancarle un apéndice.

Perdiendo las manos al encuentro con el caballo salió el novillo en turno para José María Manzanares. Pinchó en el primer intento a un toro que ya mostró su flaqueza desde el tercio de banderillas. Con la muleta, echó siempre la mirada había tablas buscando la huida. Pese al empeño de sacarlo, terminó por amorcillarse al cobijo de la madera, donde complicó la labor con la espada. Estocada al segundo intento y pitos en el arrastre. Tímidas palmas que recogió desde el tercio el matador.

En la vertical y estirando los brazos recogió Cayetano al tercero de la tarde para sacárselo a los medio, donde remató el recibo capotero meciendo las telas ante el encanto de los asistentes. Sentado en el estribo comenzo la faena con la pañosa para, de inmediato, torear despacio tras recuperar la posición natural que perdió con las rodillas en tierra, donde dejó un cambio de mano incluido antes del remate de pecho. Lo intentó con la izquierda pero desistió al sentir las cercanías de un novillo que se coló entre el espacio que dejaban las telas y su propio cuerpo. Los molinetes de rodillas acabaron por calentar a un público que jaleó desde el toreo con la mano derecha hasta los saltos que dio para citar en la media distancia. Como si cargara una cinta métrico, de llevó al animal a los medios para ejecutar el volapie. Una oreja cortaría tras varios intentos con el descabello.

A pies juntos iniciaría la faena de muleta Emilio de Justo, dándole facilidades a un astado que acusó falta de fuerza desde su salida por chiqueros. Tuvimos que esperar a este cuarto de la tarde para ver torear con la izquierda, donde el extremeño basó su faena. Antes ya había sentado la base de su actuacion encajándose de riñones para torear con trazo largo por el pitón derecho. No faltó tampoco el momento para la foto, poniéndose de rodillas en los tramos finales. Lo mejor llegaría al coger la espada, con una tanda de compás abierto con la izquierda. Dos orejas redondearían su comparecencia en Aranda.

Sin toro y sin transmisión transcurrió el inicio de temporada de Pablo Aguado, que olvidó en la tarde de hoy el sentido de la medida que le había caracterizado en la temporada pasada. Las únicas palmas de la faena llegarían tras las templadas verónicas de recibo y el «Viva España» en los términos finales. La espada sigue pendiente de aprobar. Saludó ovación en el tercio.

Varió El Rafi la tónica de la tarde con el cierraplaza, quitando por chicuelinas rematadas con una revolera. Tras tres tandas se le fue apagando el novillo que de primeras pareció mostrar más movilidad. Con mano baja giró con el novillo, despertando al tendido tras los desplantes al animal. Alargó faena y no vio la muerte del novillo. Pinchazo hondo y dos golpes de descabello tras aviso en un novillo que por momentos pareció irse vivo.

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