Gomez del Pilar empaña con los aceros una buena tarde

Por Adrián Blázquez | Fotografía por Susana Ortíz

Primera tras el ciclo de San Isidro en Madrid. Corrida de Dolores Aguirre para Alberto Lamelas, Cristian Escribano y Gómez del Pilar.

Abrió plaza Alberto Lamelas con un toro parado de inicio al que le costó ir a las telas, siempre huyendo hacia las tablas. Tuvo que ir hasta los medios para buscarle en un esfuerzo inútil, regresando en seguida a los terrenos de donde había salido. Allí le lidió con el capote para fijarlo algo antes de la entrada al caballo. Con oficio lo dejó paralelo a tablas, donde recibió una primera vara con mucho castigo ante las protestas de los tendidos. Le costó también entrar a la segunda, acortándole distancias el picador y aumentando el castigo. No cambió su comportamiento con el transcurso de la lidia y tuvo que abreviar Alberto tras intentarlo allá donde quería irse el toro; desde el 7 al 1, pasando por chiqueros, donde fue a morir con una media delantera. Salió a saludar ante unas tímidas palmas y fue protestado.

Tratando de templar la brusca embestida del cuarto de la tarde lo recibió con el capote. Mal la cuadrilla al no impedir que, al relance, fuera al caballo que guardaba la puerta y mal el picador por no rectificar una vara que se fue baja. Al relance también pasó por el caballo en la segunda vara, esta vez en el que correspondía. Genuflexo inició el trasteo al toro, para coger la muleta en la diestra en una tanda muy acelerada en los medios de la plaza. Quiso pero no pudo Lamelas con un toro que no humillaba y derrotaba a cada muletazo tocando las telas. Avisó en varias ocasiones a un torero que buscó la colocación sin conseguir fruto ante las embestidas del toro. Estocada delantera y fin a su tarde en Madrid con un lote sin opciones.

Con algo más de fijeza salió el segundo correspondiente en suerte a Cristian Escribano, que volvía a Madrid como apuesta de la empresa tras su mala actuación con Carasucia, el toro de la feria para muchos. Derecho y con la cara abajo entró a la primera vara, con mucho castigo de nuevo. Salió y perdió las manos. Bien lo cogió con la segunda vara, que inexplicablemente levantó para corregir una posición a la que nada había que objetar. Con dos chicuelinas y una media hizo su presentación en la tarde Gómez del Pilar. Doblándose por abajo inició la faena obligando al toro y sacándolo más allá de la raya del tercio. Claro lo vio el matador, pues inmediatamente cogió la franela con la mano izquierda para dejar tres tandas de más a menos. Muy despegado en las tandas por la derecha, tiró del toro dejándole la muleta en la cara para ligar los muletazos. Terminó la faena trasteando al toro de igual forma a la que había empezado. Pinchó en el primer intento con la espada, donde se tiró muy recto. Le valió al toro una espada casi entera con defecto.

Abriéndose a la verónica con el capote recibió Escribano a su segundo en los terrenos del nueve, que recibió una primera vara medida y en el sitio. En ambas entradas se quitó la puya con rapidez, cambiando el presidente el tercio sin picar lo suficiente. Sin prestar atención a lo que en el ruedo ocurría, inició el picador su salida por el callejón mientras quitaba Gomez del Pilar; poco le importaron los sonoros avisos desde el tendido pidiéndole que detuviera al animal. Buen tercio con los palos que no tuvieron el eco deseado. Perdiendo las manos en repetidas ocasiones, tomó Escribano la espada tras dejar varias tantas sin transmisión. Solo con la izquierda y en los últimos términos de la faena dejó un par de naturales que camuflaron tímidamente actuación. No tomó buenas decisiones al exigirle por abajo al final de la faena a un toro que continuamente había perdido las manos. Nada le ayudó en la primera entrada con los aceros y pinchó a un toro parado. Tuvo que recurrir al verduguillo tras fallar en repetidas ocasiones con la espada, pinchando en todas ellas. Mal los alguacilillos y el matador por despreciar la suerte suprema. Otra mala tarde que se suma a la que dejó pasar con el toro de la Feria de San Isidro.

Como ya hiciera en San Isidro, recibió Gómez del Pilar al primero de su lote a porta gayola. Él solo se bastó para parar al toro con el capote. Tras un discreto tercio de varas afloraron las protestas del tendido, que entendió que el toro cojeaba de los cuartos traseros. No lo vio el presidente y su equipo de veterinarios, dando paso al segundo tercio. Quitó Alberto Lamelas por gaoneras. Atento a la lidia estuvo el matador, con un quite providencial a cuerpo limpio a uno de sus banderilleros, tras parear. Con todo ello, pareció una capea por momentos en el último tramo del segundo tercio. Tras brindar a la ganadera, puso rodillas en tierra para torear en redondo al toro desde los mismos medios de la plaza.  Ya en pie y con la mano derecha, citó de largo para dejar la primera tanda a un toro con buena condición que acometía con codicia a los engaños. En el tercio dejó la tanda más largo, donde destacó un buen cambio de mano y dos pases de pecho de buen trazo. Los mejores muletazos llegaron con la mano izquierda, muy ajustado y cruzado al pitón contrario que, de nuevo, remató con gran torería y dejando claro que había podido al toro de Dolores Aguirre. Redondeó de nuevo con la derecha y consiguió que sonaran los olés. Mató de un bajonazo tras pinchar y malogró así una gran faena.

De nuevo se fue a la puerta de chiqueros para recibir al toro que cerraba la tarde. A la verónica toreo con el capote, finalizando el recibo con un remate a una mano. De largo y con una zapopina dejó al toro en suerte para la segunda vara. Quiso lucirlo en una tercera vara, que se señaló baja, quedando patente la disposición del matador y el compromiso con la plaza de Madrid. Por chicuelinas quitó Lamelas para despedir su tarde. Brindó en los medios a los aficionados que se dieron cita en una tarde entre amigos. Bajó la mano en los mismos medios de la plaza durante los primeros compases, doblándose con mucho gusto y obligando al toro a embestir por abajo. Midiéndose de tú a tú con el complicado toro, logró imponerse antes de dejar un pinchazo arriba en el primer intento. Sonó el primer aviso al tiempo que dejaba un tercer pinchazo. Descabelló tras atascarse con los aceros, que empañaron una buena tarde de compromiso.

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