Por Víctor Peinado

A pocas fechas para el inicio de la temporada, existen varios datos que nos indican que la fiesta se está desangrando. Gota a gota, festejo a festejo. No ha empezado la temporada y ya notamos que nos están desangrando. Primero la no celebración de la feria de Ajalvir. Dos corridas de toros menos. Seguimos por la supresión de la novillada de Valdemorillo (festejo que reunía unas características propicias para crear afición, debido al abaratamiento de las entradas para los allí empadronados). Ya van tres festejos. Seguimos por la feria de invierno de Vistalegre (Madrid). Esta feria llegó a albergar dos fines de semanas de toros, cuatro festejos en sus mejores casos. En los años más recientes era común solamente ya un par de festejos. Este año no será ninguno. Cinco festejos menos de momento. A esto le sumamos la matinal que se celebraría el sábado de la feria de Olivenza. Un total de seis festejos menos. Quizá no sea un dato llamativo o asombroso, pero si alarmante. Es solo el inicio de la temporada, y si no se remedia desde la gestión y la promoción de la tauromaquia, podemos estar hablando del final de la fiesta.
Gota a gota el aficionado está dejando de ir a los tendidos, bien porque no se ofrecen festejos, bien porque los que se ofrecen carecen de la motivación necesaria para pasar por taquilla. El recorte de festejos no hará solo mella en la opción de asistir al aficionado, sino, lo que es peor, no serán oportunidades para que surjan nuevos aficionados. El aficionado (e indirectamente el potencial aficionado) se desangra y con ello la fiesta.

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