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Arranca la temporada española y con ella la polémica, como de costumbre. La publicación de los carteles de las primeras ferias del panorama nacional han levantado la crispación entre los aficionados que, una vez más, ven pisoteadas su exigencias por parte de los empresarios. 

La polémica saltaba tras el anuncio de la presencia de Toñete en las ferias de Valencia y Olivenza. Muchas han sido las especulaciones que la afición ha arrojado en las redes sociales sobre el padre del torero y su influencia en las empresas a la hora de confeccionar los carteles.

Fue la semana pasada durante el programa del Kikirikí cuando Toñete, en una completa entrevista realizada por David Casas, daba un paso al frente y contestaba a todo aquel que cuestionaba la legitimidad de su nombre en los carteles. El toro es lo más justo del mundo; es el que te pone y te quita, decía el joven torero. 

Pues miren ustedes, que desde hace unos años a esta parte, el toro ya ni pone ni quita, si no que es el empresario quien lo hace. Es lógico pensar las causas por las que Toñete ha entrado acartelado en estas ferias, incluso puede que tenga algo de verdad todo aquello que está en boca de todos, pero es innegable que ha aceptado el compromiso y que habrá que juzgarle en base a sus actuaciones futuras. Dejemos que aproveche la oportunidad y que, por el bien de la fiesta, pueda hacer justicia a esas palabras con sus actos. No se equivoquen, no es el único que goza del favor de los empresarios. 

La figura del empresario se ha tomado la desgraciada e inoportuna molestia de asumir la función que siempre había pertenecido al toro. El empresario es ahora quien pone y quien quita. Quiero comentar algunos ejemplos, para que vean de lo que hablamos. 

Es el empresario y no el toro, quien año tras año anuncia a un David Mora mermado de facultades que no ha tenido ningún momento de lucidez tras su desafortunada cogida en Madrid, a excepción del toro de su regreso. Incluso tras protagonizar una bochornosa tarde con tres avisos, sigue copando varias tardes de la feria madrileña. Es el empresario quien, con toda seguridad, vuelva a traer este año a Madrid en más de una ocasión el hierro de Victoriano Del Río tras un 2018 de auténtica vergüenza en la monumental madrileña. Esos mismos empresarios también son los que permiten que Álvaro Lorenzo mate toda la camada de Alcurrucen y que El Juli haga lo propio con el hierro de Garcigrande. También son los mismos empresarios que año tras años acartelan a un Fandi que actúa en un solo tercio de la lidia y sin embargo cobra por los tres. Y qué decir por supuesto de aquella familia de mexicanos, consentidos por la empresa. De los tratos de favor al escalafón de figuras, mejor para otro día. 

Todos estos casos, por citar algunos, son en los que el empresario pone, pero también encontramos numerosos casos en los que el empresario quita, y no el toro. 

Hace unas semanas saltaba la noticia de que la legendaria ganadería de Miura no formaría parte de los carteles del ciclo isidril por un fraude y manipulación de los pitones. Todo correcto. Pero, ¿no les parece a ustedes extraño que sea solo un hierro el que cumpla condena, cuando el que día tras día está en los tendidos ve ninguneado sus derechos en incontables plazas, con toros impresentables y animales mutilados? Silenciado por los medios, claro está. A Zalduendo si le ponen, por supuesto. Un autentico insulto para el ganado bravo. Recordemos también, que fueron las empresas quienes quitaron a Diego Urdiales, y no el toro. También han sido las instituciones quienes, en este caso, han quitado al joven torero Miguel de Pablo de una feria como la de Valdemorillo a la que debería haber acudido para hacer el paseillo con sus compañeros y no verse obligado a ponerse el vestido de torear junto a una pancarta reivindicativa. Así estan las cosas. La afición quiere más toreros como Javier Cortés o Jiménez Fortes, con entrega en cada tarde. Las ferias necesitan de Robleños y Chacones, como excelentes lidiadores. También es de recibo la presencia de los más artistas, los comprometidos. Ademas de las figuras pero, por supuesto, actuando como tal. También se debe premiar a esos ganaderos que luchan día si y día también por mantener esas joyas únicas de la cabaña brava, pero sin embargo son los mas castigados y los que se miran con lupa. Siempre tiene que haber sitio para hierros como el de Partido de Resina, el toro mas guapo del campo. El trato de favor es solo para unos elegidos seleccionados por la empresa y que hagan lo que hagan, tienen su sitio cada año. Así está esto, unos si y otros no.

El toro ya ha perdido su influencia en los despachos. Ahora, es el empresario quien quita o pone. Le pese a quien le pese, no podemos hablar de casos aislados. Por desgracia, está a la orden del día.

@BlazquezAG

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