¿Hasta cuando hay que aguantar?

Texto por Adrián Blázquez | Fotografía por Susana Ortiz

Primero de los desafíos en la plaza de toros de Las Ventas con toros de Pallarés y Rehuelga para Arturo Macías, Oliva Soto y Thomas Dufau.

Abrió la tarde Arturo Macías con el primer toro correspondiente al hierro de Pallarés. En tipo pero algo protestado por algún sector de la plaza, recibió las dos varas reglamentarias dentro de la zona delimitada por las rayas que la empresa había pintado para la ocasión. Baja y trasera se fueron las varas, respectivamente, muy medidos y con un toro que tampoco se empleó. Quitó Oliva Soto en el toro de su compañero de terna. Por bajo inicio la faena con la muleta, tratando de corregir el comportamiento de un toro que salía con la cara arriba de los muletazos. Con la mano a media altura y sin profundizar en los muletazos, dejó varias tandas de derechazos donde se le exigió una colocación que no llegaba. Tras dejar dos tandas al natural, recibió una cornada mientras intentaba salir de la cara del toro tras un enganchon en los terrenos del tendido ocho. Ejerciendo las labores de director de lidia improvisado, salió Oliva Soto para dar muerte al primero de la tarde en sustitución a un Arturo Macías que tuvo que ser trasladado a la enfermería. Entre abrumadoras protestas finalizó el primero de la tarde, donde tras dejar la espada en el primer encuentro, no tuvo a bien hacer uso del descabello para pasaportar al de Pallarés.

Corriendo turno salió en segundo lugar el que originalmente ocupara el tercer puesto para Thomas Dufau. Recibió dos varas que animaron al respetable a iniciar las palmas de tango y silbidos ante la segunda vara por la poca disposición del picador para citar al animal. Tras quitar por chicuelinas, pidió el cambio de tercio su matador y saludó El Monteño tras parear. Dándole distancias lo recogió en la muleta, ligando los muletazos pero sin ajustarse al paso del animal. Entre pase y pase, se le olvidó una de las principales premisas de esto: el toro tiene dos pitones y el torero dos manos. Estocada protestada y fin del segundo acto. Ovación para Artillero en el arrastre y silencio para el matador.

El segundo del lote de Dufau fue el toro que estaba reseñado en sexto lugar con el hierro de Rehuelga. Vergonzoso comportamiento del picador, que se encaró con un público que no hizo más que cantarle las verdades. No se merecen el oro que visten, por la poca profesionalidad y amor que tienen a un espectáculo que sustentamos todos los aficionados con nuestro paso por taquilla. Mientras tanto, Dufau intentaba estructurar una faena en la que consiguió ligar tandas de muletazos perdiéndole pasos a un toro que exigía distancia. Aisladas palmas recogió en los términos finales de la faena, que acabó con una estocada entera en el rabo. Palmas en el arrastre para el toro y saludos por su cuenta del torero, que no hizo más que recoger las protestas que sembró.

Salió Dufau a lidiar el reseñado en cuarto lugar en sustitución a su herido compañero. En una nueva ofensa al tercio de varas, dejó al toro dentro de la rayas del tercio, mostrando su mansedumbre al sentir el contacto de la puya. Sin aplicar el reglamento y mover los caballo para meter al toro en el peto, consintió el presidente que picara en el caballo que guardaba la puerta. Brindó a la cuadrilla de Macías el manso toro, al que le inició faena en los términos del nueve y con las toallas asomando por las tablas. Superado por la tarde, desarrolló la faena de muleta entre quiebros y pasos atrás. Así no se viene a Madrid y, por supuesto, tampoco se debería volver en una larga temporada. Sean críticos y hagan lectura de la tarde, en la que se perpetró una estafa a los que tarde tras tarde ocupan su asiento en la plaza.

Al relance y con un puyazo a la arena transcurrió el primer encuentro del primero de Oliva Soto con el caballo del toro que debiera haber salido en segundo lugar. Mucho se excedió el picador en el castigo tras fallar reiteradamente en su intento por ejecutar la primera vara. Haciendo más visible la falta de oficio, se despidió con una sonora pitada del primer tercio. Nuevo sainete en banderillas y pitos generalizados cuando brindó la muerte del toro a la plaza, pareciendo no ser consciente de la mala lidia que se le había dado y el destrozo que el picador ocasionó en el animal de cara a su posterior desarrollo. Faena sin transmisión en la que no llegó a acoplarme al toro en ningún momento, siempre con la mano arriba y sin dejar una serie rotunda. Estocada tras tres pinchazos y bronca tras el arrastre del toro de Rehuelga.

Por verónicas rematadas con una media recibió al toro reseñado en quinto lugar en una desastrosa tarde que acrecentó el enfado del respetable al mantener un toro inválido sin picar en el ruedo hasta el segundo par de banderillas, donde el presidente ya pareció darse cuenta de lo que le llevaba exigiendo la afición los últimos diez minutos. Pañuelo verde y salida del sobrero de Pallarés. Nueva pasividad por parte del matador y nuevo desprecio al desafío y al toro, con un subalterno que no fue capaz de sacarlo del caballo mientras recibía un castigo excesivo en la primera vara. Con la muleta, nada para reivindicarse en una plaza que ya está cansada de que le cuelen carteles sin profesionalidad donde el propio matador no es capaz ni de poner al toro en el caballo y tiene que recurrir a sus subalternos hasta para colocar al toro tras coger los aceros. Dejó una estocada trasera y entera de la que necesitó el descabello, nuevamente a petición del público.

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