¡Hay que matar los toros!

Por Noelia Crespo

La tauromaquia vive tiempos convulsos y complicados. En medio de los complejos momentos con los que tenemos que convivir en nuestro día a día por culpa de la pandemia, la fiesta de los toros navega, como puede, tambaleándose y aproximándose a un fin cada vez más clarividente entre sus aficionados. La tristeza invade a todos aquellos enamorados y apasionados de este mundo que ven como entre unos pocos de inconscientes, de esos que llenan las plazas, y profesionales buscadores de un triunfalismo barato están llevando a la tauromaquia a la más profunda decadencia. Quien quiere anti-taurinos si los peores los tenemos dentro del propio sistema.

Esta deleznable y vergonzosa moda de la “indultitis” no es algo que hayamos descubierto en la nueva normalidad, y sin embargo, y por desgracia, es algo a lo que ya veníamos estando mal acostumbrados antes de esta situación. Anteriormente el indulto era ese premio excepcional que se producía de manera muy esporádica y ocasional para ensalzar las virtudes de un toro bravo y completo de verdad, no de un astado con una simple movilidad y clase en el tercio de muleta que apenas cumpla de manera pasajera en el resto de tercios imprescindibles. ¿Dónde queda, por ejemplo, el premio de la vuelta al ruedo? La normalización de este galardón para el animal fundamental sobre el que gira toda la fiesta convierte la tauromaquia en un espectáculo lamentable y desvirtuado al que, aunque suene duro decirlo, le quedan los días contados. ¿De verdad pensáis que así se defiende la fiesta de los toros?

La falta de afición, seriedad y profesionalidad son algunos de los grandes problemas que están dándole la puntilla definitiva a la tauromaquia. Resulta verdaderamente repugnante (con perdón de la expresión) observar como es el propio torero, que no matador de toros, quien en innumerables ocasiones simula prepararse para ejecutar la suerte suprema con el único objetivo de que le protesten todos esos triunfalistas empedernidos, poder seguir toreando y forzar así, una vez más, un nuevo capítulo deshonroso y bochornoso para la fiesta de los toros con el consentimiento de un presidente y ganadero participes de toda esta pantomima insultante para la tauromaquia.

Seguid defendiendo y siendo participes de este deplorable espectáculo y vergonzosa epidemia de indultar un astado por corrida. ¿Está es vuestra fiesta? Siento deciros, que el fin está cada vez más cerca, solo es cuestión de tiempo.

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