Por Adrián Blázquez

Puede que mientras escribo estas líneas no sea totalmente consciente de las impresiones que llegarán tras su lectura, pero dicen que este mundo es para los valientes. ¡Vaya si lo es! Porque hay que echarle mucho coraje para mantener la ilusión en un espectáculo que, colgando de un hilo muy fino, amenaza con llegar a pasos agigantados al final de su carrera y cortar la banda de meta. Y aquí no hay victoria. La nuestra no, al menos. Como en toda carrera, habrá alguien que se lleve la medalla del triunfo. No de esas que se recogen tras finalizar una evento popular por participar. Solo para el ganador, como debe ser.

No hace más de un año que escribía un artículo, de los primeros en este portal, que titularía como «Los últimos románticos del toreo». Fue tras la finalización del inminente Carnaval del toro del municipio de Ciudad Rodrigo, al que apenas le queda un mes para que arranque su edición de este año. Una inyección de afición fue lo que recogí de aquellos días, viendo como aquellos jóvenes maletillas – y no tan jóvenes -, se lanzaban al ruedo para buscar esa oportunidad que el maldito sistema no les ofrecía; tras pasar un día tras otro malviviendo por las calles de toda España. Una jornada completa con aquellos aspirantes me hizo recuperar la esperanza en una fiesta que se mantiene a base de pasión. Apenas un año me ha durado esa sensación.

Hoy vemos como han sido algunos de esos mismos toreros quienes han ido encontrando su sitio en el entramado taurino. Llamémoslo sistema, ¿por qué no? Llegaron esas ansiadas ferias de novilladas con su nombre en los carteles y con ello algunos triunfos que han ido abriendo camino. Seguimos hablando de novilladas y es imposible alejar el pensamiento de la crítica situación que atraviesan. No lo haré entonces. La escasez de festejos debido a la insoportable presión administrativa nos ha llevado a la situación actual. Desaparición de novilladas con picadores en las principales ferias del país en las que ni el propio empresario, que también ejerce las funciones de apoderado, apuesta por su tutelado. Economía a cambio de integridad.

Aun así, no es eso lo que me ha llevado a escribir estas líneas. Por supuesto que influye, pero el tema es otro. Pocos puestos para un escalafón que parece haber asumido su sino. Los que están no miran a los lados, cosa que podría entenderse, pero tampoco echan la vista atrás. Qué difícil parece acordarse de esos años en los que nadie te dio una oportunidad para demostrar lo que vales en los ruedos. «Maldito sistema», decían cuando éste les privaba de su derecho a torear. Ahora ya, dentro del sistema, parece que todo está bien montado y hay que adaptarse a él. Un solo nombre que podrían haber sido tres, pero el sistema manda. O eso dicen los que ya cabalgan en él sin mirar atrás; sin mirar un año atrás.

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