Herrera del Duque | La integridad, único camino para la senda del valor o del fundamentalismo

Por Adrián Blázquez

La localidad de Herrera del Duque acogió en horario matinal el segundo de los tres festejos programados para este fin de semana, donde se anunciaron novillos de El Pilar para Francisco Montero y Manuel Diosleguarde. Enmarcada dentro de la Gira de Reconstrucción y defendida por todos los estamentos de la fiesta, a excepción del aficionado, no se salió del guion y se presentaron novillos propios de deshecho con claras muestras de manipulación. No se anunció como tal en los carteles y de nuevo me veo en la obligación de denunciarlo públicamente, pues la integridad es el único camino de la verdad para escoger la senda del valor o del toreo fundamental. Y estas fueron las dos vertientes que vimos en la mañana de hoy, con ausencia de verdad.

Abrió plaza Francisco Montero como protagonista del valor por encima de la razón. Emprendió el paso hasta el centro del ruedo para recibir al primero de su lote con el capote a la espalda y el toreo sensacionalista de rodillas, que dejó paso a un trasteo despegado por chicuelinas. En el encuentro entre los vuelos de la muleta y el novillo desarrolló una faena sin desestructurada, con reñidos recursos y ajeno a la técnica dando el protagonismo al corazón y al valor, que de nada vale sin un oponente a la altura. Sin embargo, si dejó una tanda en redondo sobre la mano derecha cuando se olvidó del dramatismo y apostó por la vertical. Mató enterrando el acero al segundo intento, cortándole una oreja al primero. Con su particular recibo con el capote de paseo recogió la primera embestida del tercero de la mañana, arrollándole al tercer encuentro al reducir la distancia entre torero y astado. El enésimo susto del festejo llegaría esta vez para Ignacio Martín, que recibió un fuerte golpe tras ser lanzado contra el estribo de las tablas mientras pareaba. El tercero de El Pilar precisó de un mando que no existió y llegó la cornada, siendo prendido el propio Montero y volteado de nuevo por la cara interna del muslo izquierdo mientras trasteaba con la diestra. Tras unos minutos en los que su subalterno jugaba con los vuelos del capote y el novillo, volvió el de Chiclana a la cara del animal con evidentes gestos de dolor y un agujero abierto en la zona inguinal. Mató para cortar las dos orejas que su sumaron a la obtenida en el primero novillo.

La falta de profesionalidad hizo que el novillo reseñado en segundo lugar tuviera un final prematuro entre percal y madera. Presto acudió Renacuajito a los capotes que asomaban por los burladeros que, desapareciendo súbitamente dejaron paso al encuentro entre el astado y las tablas con fatal desenlace. Con menos fuerza que sus hermanos salió el sobrero del mismo hierro al que Diosleguarde cuidó para llegar al final de la faena. No sería hasta el cuarto capitulo cuando veríamos el único destello de toreo fundamental con el recibo a la verónica de muy buen gusto que recetó el salmantino abrochándolo con una media. Ajeno a los que pasaba en el resto de novillos y sin cambiar su concepto para torear, se acopló muy bien a la embesida por el pitón derecho para firmar dos tandas de altos vuelos. No tendría el mismo resultado toreando al natural, que si bien fue de menos a más, no llegó a las cotas deseadas. Mató de una estocada trasera y baja que le valió para salir con dos apéndices de la plaza de Herrera del Duque.

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