Jaén | Compromiso de Alberto Lamelas en la reaparición de Rafaelillo

Por Blázquez del Coso

Debutaba el hierro de Victorino Martin en la Plaza de Toros de Jaén de la mano de Tauroemoción, que en los últimos años ha ido repitiendo el acontecimiento en varias plazas. Se jugaron seis toros cinqueños de variado y entretenido comportamiento resultando premiado con la vuelta al ruedo el quinto de nombre Ordenante, al que el tiro de mulillas impidió los honores.

La tarde estaba marcada en el calendario por la reaparición en los ruedos de Rafaellilo, que tuvo un emotivo recibimiento al pisar el ruedo por parte de los tendidos, de aspecto armónico en el que se respetaron todas las medidas. Cortaría una oreja al segundo de su lote como recompensa al conjunto de la tarde. En el primero de su lote sobrevolaron las sombras de Pamplona con un inicio por abajo en las tablas. Muy firme estuvo con el primero de Victorino, al que aguantó en repetidas ocasiones la mirada y supo darle el tiempo que necesitaba para recoger sus embestidas. En la cara de Rafaelillo se dibujaba la risa mas incierta, la de un hombre que se reencontraba con un hombre tanto tiempo incompleto. Tras el fallo con la espada se le obligó a saludar una ovación en el tercio.

Con el cuarto de la tarde mostró su faceta lidiadora intentando descifrar las embestidas de su oponente con el percal. No colaboró en exceso el astado, que tuvo la nota mas baja del encierro. El toro perdía las manos y el público la paciencia, pero de nuevo las pausas y el tiempo que le dio Rafaelillo hizo que consiguiera sacarle algunos naturales aislados de corto recorrido en tandas cortas. Lo que no consiguió con el primero, lo tuvo con este; metió la espada con habilidad y el efecto fue fulminante. Oreja como premio a su vuelta a los ruedos.

Ángel Otero fue lo mas destacado del segundo de la tarde para Rubén Pinar, que se encontró con un toro áspero al que no le hizo faena. Solo el capote de recibo le sirvió como presentación en la tarde. A su favor cayó la moneda del sorteo con el quinto de la tarde. Frente a él tuvo a un toro que mereció irse al desolladero sin los apéndices. No tuvo suerte Ordenante ni en la vuelta al ruedo que el Presidente le concedió. Pinar estuvo aseado, de figura erguida y trazo despegado. Ligó las tandas pero faltó emoción y trasmisión. Debió sobrevolar por su cabeza el murmullo de aquellos hijos de la gran puta a la hora de matar. Hizo oídos sordos a las ligeras peticiones de indulto que llegaban de los tendidos y se lanzó tras la espada. El primero de los pinchazos e inicio del fin a la oportunidad de tocar pelo.

Con la corrida de hoy igualaba Alberto Lamelas el registro del pasado año, donde solo trenzó un paseíllo. Con una larga de rodillas en las cercanías de la tablas inició ambas actuaciones. En el segundo de su lote se encontró a un toro que fue de menos a maas, protagonizando un primer tercio de David Prados que a los asistentes se le hizo corto. Metió bien la cara, con fijeza y recorrido. Se fue disipando la codicia inicial tras el contacto con la franela, tornando su buena condición en una embestida con reservas y escaso recorrido. No tuvo mas remedio Lamelas que buscar la colocación y abandonar la media distancia para sacar, muy asentado, los muletazos de uno en uno en las cercanías del pitón contrario. Mató de un bajonazo.

El primero de su lote resultó mas constante, como así fue la firmeza y el compromiso de Alberto Lamelas en toda la tarde. Le orquestó la faena que quiso hacerle al sexto; con mas suerte en el primer intento. Tras las dos primeras tandas sobre la mano derecha, se adaptó a lo que su oponente le ofrecía y consiguió una buena faena dándole el medio pecho y la muleta puesta. Tras un pinchazo, dejó una estocada de rápido efecto que le otorgó una oreja.

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