La bravura la puso Diego San Román

Por Adrián Blázquez

Novillada para los diestros Juanito, Antonio Grande y Diego San Román con un manso encierro de Fuente Ymbro sospechoso de pitones.

Llegaba Diego San Román a su segunda cita con Madrid en la presente temporada y sin duda resultó ser el protagonista de una tarde nefasta para Ricardo Gallardo. Recibió sin lucimiento al tercero de la tarde, que ya desde los inicios dio muestras evidentes de mansedumbre que se hizo aún mas notable tras irse a las tablas al salir de su encuentro con el caballo. Quitó Juanito tirando de variados recursos por chicuelinas y tafalleras, rematando con una media. Citó de largo y en los medios San Román a un novillo que se arrancó, pasando por la muleta y en descarada huida en linea recta hacia la puerta de chiqueros. Con un novillo descaradamente manso lo intentó el torero mexicano por todos los medios hasta que le llegó la voltereta mas que anunciada. Volvió a la cara del animal tras la aparatosa cogida sin mirarse ni dar muestras de dolor para intentarlo de nuevo pegado a tablas, donde mató con una estocada entera. No se iría del ruedo sin recibir un último envite del herido novillo, que lo volvió a prender con la espada ya en lo alto. Salió a recoger la ovación.

Con el toro que cerraba la tarde no corrió mejor suerte y es que, de misma condición que sus hermanos, se vio la querencia y mansedumbre que tenía. De rodillas y paralelo a tablas intentó iniciar con la muleta su faena, pero de nuevo la condición del animal lo hizo imposible con su huida. Consiguió San Román sacarle una tanda con la mano derecha antes de volver a ser prendido en una escalofriante cogida donde el novillo se lo pasó de pitón a pitón. Cuando todo el mundo se temía lo peor, volvió el diestro a la cara del novillo sin mirarse tras ser brutalmente zarandeado. Se tiró con todo tras la espada, de nuevo pegado a tablas, para matar al novillo que cerraba su tarde. Arriesgó con su cita con Madrid, dejando mas que probada su valentía y disposición, pero en esta ocasión no tuvo los ingredientes para el triunfo.

Actuando en primer lugar y con un rodaje largo en el escalafón, recibía el portugués Juanito al novillo que abría la tarde. Quitó Antonio Grande por chicuelinas con la mano baja para hacer su presentación en esta plaza. Brindis a Madrid y rodilla en tierra para exigir por abajo a un novillo que, pitones en tierra, giró sobre sí mismo. Buen pitón izquierdo que el torero aprovechó para ligar las primeras tandas, abusando del pico y echándolo hacia fuera. Mas limpios fueron los compases con la mano derecha, rubricando una faena con adornos antes de recetar un bajonazo que completó con un golpe de descabello. Silencio para el torero y palmas para el primer novillo de la tarde.

Consiguió parar en los medios al segundo de su lote con el capote después de amagar con irse a tablas. Con unas chicuelinas al paso de buen gusto lo llevó hasta el caballo, donde el novillo metió algo mas abajo la cara que sus hermanos. Con cambiados por la espalda lo recibió en los medios para iniciar una segunda faena de muleta con las mismas directrices que la primera. No aprovechó el pitón izquierdo lo suficiente y mató recibiendo al tiempo que sonaba el primer aviso.

Antonio Grande hacía su presentación recibiendo con un deslucido vuelo de capote al segundo de la tarde. Duelo en los quites con San Román, por ajustadas gaoneras y chicuelinas respectivamente. Siguiendo los malos consejos que le daban desde el callejón, ligó muletazos hacia fuera con la mano derecha. Recogió mas las embestidas del toro en la última mitad, pareciendo desentenderse de las voces que llegaban de las tablas. Dejó un par de naturales de gran calidad y estuvo atento a la colocación durante toda su actuación. Aún le sacó la mejor tanda de las que llevaba antes de coger la espada al único novillo bueno de la tarde. Saludó con vergüenza torera desde el burladero tras atascarse con la espada.

Con el novillo que cerraba el día de su presentación en Madrid inició la faena doblándose por abajo. Tiró de él ara sacarle lo poco que tenía en su condición de manso y sin apenas fuerza. Con el novillo prácticamente parado buscó la colocación de nuevo en una faena con ausencia de ligazón por la condición del astado. Solo gracias a su buena disposición consiguió sacarle un manojo de muletazos de poca transmisión en los tendidos, desde donde le pidieron abreviar. No ayudó en novillo en las tres ocasiones que Antonio Grande entró a matar, recurriendo al descabello sin haber dejado la espada enganchada.

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