Por Adrián Blázquez | Fotografía de Susana Ortíz

Dicen los detractores que la fiesta de los toros es un espectáculo anacrónico que ha logrado sobrevivir hasta nuestros días y que, posiblemente tengan razón, está condenado a la desaparición motivada por una nueva conciencia social. Resulta curiosos que tanto detractores como aficionados compartan en cierto modo el fin de todo esto, que no el modo. Diferentes caminos para llegar a un mismo destino: la extinción de la tauromaquia tal y como lo conocemos.

Si siguen esta pequeña sección en mayor o menor medida, sabrán que el que escribe estas líneas es muy dado a estudiar pliegos interminables e interpretar los números para tratar de comprender de alguna forma el entramado taurino. Esta vez no iba a ser menos y es que, copiando al mundo que nos rodea, vamos a sumarnos a la moda de las curvas que, de una u otra forma, llevamos viendo durante meses en televisión. ¡Quién sabe si así conseguiremos ser tendencia!

Enlazando con los inicios del texto, para esta ocasión nos hemos centrado en una de las graves enfermedades degenerativas que sufre el escalafón en lo que llevamos de siglo. Grave por su inminente destino; degenerativa por el empeoramiento continuado año tras año. Hablemos de la antigüedad del actual escalafón de matadores de toros.

La gráfica que se expone a continuación muestra los años de antigüedad media de los diez primeros toreros del escalafón por cada año. A simple vista y sin referencias numéricas que lo detallen, vemos un claro aumento que no ha cesado desde durante los últimos veinte años de y que se traduce en un envejecimiento de casi diez años (9,60) del escalafón de matadores. De forma más clara, el escalafón taurino actual tiene una antigüedad de más de dieciséis años (16,1).

Fuente: Elaboración propia

No nos queremos quedar aquí y, como de costumbre, hemos desgranado estos datos dependiendo de la categoría de la plaza. Uno siempre mantiene la esperanza de encontrar ese punto de inflexión que amenace con solucionar la situación actual. En base al mismo periodo de tiempo, las plazas de tercera categoría han obtenido el dato más alto de antigüedad en la mitad de los años (10), en contra de las cuatro veces que se ha experimentado en plazas de primera categoría, siendo durante catorce años el más bajo.

Todas las estadísticas que año tras año nos muestran, suelen reflejar una comparativa con el año anterior. Buscando esa pequeña tendencia de renovación en el escalafón, las plazas de primera categoría experimentaron mejores datos respecto al año anterior hasta en seis ocasiones; las de segunda y tercera en siete. Llegando al final de este compendio de datos, el mayor envejecimiento del escalafón con respecto al año 2000 se ha producido en plazas de primera categoría con diez años más. El dato más bajo corresponde al de las plazas de tercera, que se sitúa casi en los ocho años.

Concluimos esta densa publicación con un sabor amargo porque no hemos encontrado ni un destello de esa ansiada renovación de la fiesta que, entre otras cosas, podría representar una solución para salvar lo que nos queda. Alargarlo, tal vez. El envejecimiento del escalafón es un mal endémico que padece la fiesta y que urge solucionar, exigiendo a los profesionales con más peso su inmediata retirada. Quién sabe si vendrá algo mejor; al menos será diferente, porque esto ya no funciona.

Fuente: Elaboración propia

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