La importancia de la crítica

Por Martín Rodríguez Caro

Bien es sabido por todos los aficionados que la crítica taurina no pasa por el mejor momento de su historia. Nuestra fiesta vive una crisis crítica, provocada por los intereses económicos que tienen la mayoría de medios de comunicación. Los hilos que se mueven dentro de este sistema provocan que todo aquello que se salga del discurso marcado se vea como políticamente incorrecto.  

La forma de actuar de muchos es muy sencilla, por eso ya no engañan a nadie; básicamente consiste en magnificar u ocultar cualquier suceso según convenga. Empresas y matadores pasan por caja todas las temporadas para firmar unos contratos «publicitarios» en los que va incluido un trato especial de cara al público.  Estos medios «de información» pasaron a ser «de publicidad» hace ya bastante tiempo. Detrás de cada publicación siempre hay un interesado y, como todo en esta vida, tiene sus consecuencias. El futuro de la tauromaquia pasa por cómo se hable de ella y a la vista está a que muchos les preocupa más llenarse el bolsillo. Este tipo de conductas ha hecho que la afición no les otorgue ningún tipo de credibilidad y que busque la información en redes sociales o en otros medios, de menos alcance, pero sin intereses detrás. La realidad es que su contenido ha perdido toda la credibilidad que algún día tuvieron y de ahí que su número de lectores cada vez sea menor.

En este mundo, como en tantos otros, que haya una diversidad de opiniones públicas es de gran importancia. La crítica es una parte fundamental para el progreso de cualquier materia, aparte de que incentiva las ganas de saber. El tener una pluralidad opinativa consistente a la altura, obliga a que uno tenga una formación para comprender lo que se está leyendo, además de que permite el desarrollo del razonamiento propio de cada aficionado.

Para tener una crítica completa se deben dar todos los estilos; desde los críticos que levantan polémicas hasta los que no critican nada (de los que estamos sobrados), los que crean corrientes de pensamiento, también con los que nadie está de acuerdo … Esta conjunción de perfiles completan una crítica que tiene el fin de crear afición, que es necesidad primaria. A muchos les encantaría que los aficionados pensaran menos y dejaran de molestar, pero deberían pensarse la necesidad de la existencia de estos, ya que son los que le dan rigor a una plaza, los que se desviven por llevar a gente a los toros, los que leen y no dejan de aprender y, por supuesto, los que pasan por taquilla muchas veces al año y recorren innumerables kilómetros para ver toros.

En el panorama también existen ciertas personas que sí se preocupan en crear afición pero, por suerte o por desgracia, no actúan en los medios que se supone que tienen más alcance. De hecho, muchos han sido los periodistas, con una opinión que no comulga con la establecida y que contaban con el beneplácito de la afición que, tras pasar un tiempo dentro de estas plataformas, no han tardado en apartarse de ellas. Otro síntoma se percibe en que los que más se preocupan en dar visibilidad a este bello arte y muchos de los «líderes de opinión» actúan a través de redes sociales. Esto dice mucho de la crisis crítica que vive la fiesta. Todo este movimiento que se ha creado en las redes, es consecuencia directa de la poca aceptación que tiene el discurso patrocinado que publican estas plataformas. Que los que más aporten sean los que no comen de esto, los que actúan por pura afición, reflejaba la pura realidad. Igual habría que hacer a día de hoy un análisis comparativo entre los medios establecidos y algunas cuentas de Twitter e Instagram, pues puede ser que los pagadores debieran cambiar los destinatarios de sus sobres.

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