La mansedumbre y el viento dificultan la tarde de la terna

Por Lucía Hernández.

Vigésimo cuarta de abono con toros del Puerto de San Lorenzo que lidiaron los diestros Antonio Ferrera, Miguel Ángel Perera y López Simón.

Antonio Ferrera sería obligado a salir a saludar tras romper el paseíllo, al que acompañaron los dos diestros que completaban el cartel, Miguel Ángel Perera y López Simón, tras la invitación del mismo. El viento deslució una tarde en la que no se pudo sacar a los toros al centro del ruedo, dónde quizás, hubiéramos visto otras cosas.

Al abrigo de las tablas recibió al que abría plaza Antonio Ferrera con aparente dificultad. En el tercio de varas el toro pasó mucho tiempo bajo el peto, empleándose más en la primera vara que en la segunda. El diestro lo intentó por ambos pitones con la muleta, luchando contra el viento, lo que hizo que la faena se hiciera cercana a tablas. El toro al final de cada muletazo tiraba derrotes al matador, especialmente por el pitón izquierdo, por lo que apenas pudo sacar algunos muletazos limpios. Al segundo intento enterró la espada Ferrera. El toro se fue a morir a la zona de chiqueros, necesitando para ello de un golpe de descabello. Toro manso y descastado, que seguramente sin viento hubiera sido otra cosa. Se quedaron cosas en el tintero, pero Ferrera decidió abreviar y estuvo cauto en toda la faena.

Ferrera recibió a su segundo en terrenos del 5, pero no terminó de recoger las embestidas en el capote. En el primer puyazo con la vara trasera, empujaría el toro. Por faroles sacó al toro del peto tras el primer encuentro. Buena arrancada también en el segundo puyazo, pero de nuevo trasero. El toro mostró su querencia en los terrenos del 9 antes de comenzar faena, por lo que decidió cambiarle los terrenos. De uno en uno, fue sacando los muletazos por ambos pitones. El toro mostró una embestida muy descompuesta, manso, al que tampoco vimos. Ferrera hoy no tuvo una tarde inspirada y estuvo con mucha precaución toda la tarde, sin justificarse. Enterró la espada cayendo muy baja.

Lanceó a la verónica al primero de su lote, Miguel Ángel Perera. Toro que no cogió mal los vuelos del capote, echando las manos por delante. Medido fue el tercio de varas, donde el toro empujó con más entrega en la primera de ellas. La faena no llegó a romper, muchas probaturas por ambos pitones, sin acoplarse en ningún momento, pero también sin parar de dar pases. Toro muy justo de fuerza, que además se dañó durante la lidia. Enterró media espada que fue suficiente.

Se estiraría Perera a la verónica con un toro que no se entregó en la capa. Tras un primer puyazo trasero del que salió suelto el toro, se produjo un segundo encuentro en el caballo, muy breve y del que nuevamente salió suelto. Sin quitarle la muleta de la cara consiguió ligar varias tandas por el pitón derecho, sin lograr sacar todos los muletazos limpios ya que el toro le punteaba la muleta. Con la mano izquierda no retuvo al astado en la muleta y sacó algún muletazo suelto. El público le pidió abreviar ante un toro manso. Alargó sin sentido la faena y cerraría con una espada perpendicular, necesitando del descabello, con el que erró en reiteradas ocasiones.

Recibiría al tercero de la tarde López Simón variando por verónicas, tanto a pies juntos como abiertos. El toro tardó en encelarse con los vuelos de capote. Perdió las manos el toro tras la salida del peto, no se empleó en el caballo y se midió mucho el castigo. Sacó Ferrera al toro del caballo con mucha torería, y tuvo su réplica con un ramillete de suertes por parte del diestro madrileño encargado del toro. A pies juntos y sin moverse ni un ápice comenzó la faena de muleta. Hubo factor sorpresa cuando se pasó el toro por la espalda. El toro repetía, y así, ligó varias tandas en redondo con la mano derecha. Por el pitón izquierdo también pudo dar buenos muletazos, ligó dos tandas y el toro no se cansaba de embestir de manera muy noble. Tras un desafortunado pase por la espalda, el toro cambió su embestida desentendiendose de la faena. Como viene siendo habitual para cerrar faena, realizó bernardinas en las que resultó cogido. Tras la estremecedora caída, volvió a la cara del toro, de nuevo por bernardinas. Falló con el acero en varias ocasiones, no acertando a enterrar la espada, pero con el verduguillo estuvo certero.

El toro que cerró plaza se lo pensaba mucho antes de acudir al envite y eso generó muchas dudas en el torero de Barajas. Costó que tomara la primera vara, que se saldaría con un breve encuentro del que salió huyendo. Tras un segundo puyazo medido, empezaría la faena de muleta en la que dejaría muchos pases sin decir nada ante un toro sin entrega que solo pasaba. Por ambos pitones salía desentendido de la suerte y sin ningún celo, toro manso y descastado. Tras varios intentos enterró la espada, perdió la muleta y el toro le pegó un arreón hacia el centro del ruedo. Con el verduguillo volvió a errar reiteradamente.

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