La pureza y la verdad permanecen con el tiempo.

«Paco Ureña realiza lo más destacado en la tarde de su regreso junto a Ponce. Las espadas impiden un mayor triunfo de ambos.»

(Noelia Crespo Pino – @noeee_cp)

Seis meses de larga espera… Medio año esperando a que la luz volviera a brillar, sí, esas mismas luces que hoy vestían a todo un torero. Valencia fue el destino escogido, allí hoy, como si el tiempo no hubiera pasado, volvía el torero de Lorca, el murciano Paco Ureña, un hombre cuya convivencia con la dureza le obligó a apartarse por un tiempo de los ruedos. Atrás quedará Albacete, hoy empezaba una nueva etapa para un torero al cual la vida siempre le ha puesto a prueba, superando miles de obstáculos con entrega, pasión y verdad. Hoy Valencia sentía la emoción de su vuelta, el regreso de un diestro muy querido y admirado, que continúa su camino como si nada hubiera pasado.

Hoy volvía Ureña compartiendo cartel con Ponce, en un mano mano marcado por la baja de Manzanares.

“Hallado” de nombre era el “toro” del regreso de Paco Ureña. Mal presentado este segundo de Juan Pedro, muy anovillado y protestado por el público. Firme y sereno recibió el lorquino por verónicas a un astado al que se picó poco y mal. Antes ya le vimos mostrar que venía a por todas en un quite muy ajustado por gaoneras en el toro de Ponce. Inició por estatuarios, quedándose muy quieto y pasándoselo muy cerca. Siempre en el sitio, logró hilar por el pitón derecho alguna tanda, mostrándose muy seguro de sí mismo. Superior el torero ante un toro soso y descastado al que le costó por el pitón izquierdo. Faena larga sin trasmisión, pinchó en varias ocasiones.

Fue al llegar el cuarto y sexto cuando pudimos de nuevo volver a ver al Ureña que todos los aficionados conocen. Seguro con el capote toda la tarde, con el cuarto iniciaría de manera muy lucida y torera con unos doblones por bajo, llevando muy largo al toro. Toro encastado y con trasmisión, lo supo entender y aprovechar Paco que ligó por derecho, construyendo una faena de altos vuelos. En el sitio, quieto, donde deben ponerse los toreros, se lo pasó muy cerca llevándolo con la mano muy baja, dándole el pecho y exponiendo la femoral. Fue al natural donde vinieron los momentos de mayor pureza y verdad, logrando pases sueltos muy sentidos, demostrando que el Ureña de siempre estaba ahí. Volvió al derecho, donde se entregó de manera valiente junto a un público que estaba volcado con él. La espada se llevó un trofeo mayor que quedó en una oreja de peso, de las que valen de verdad.

En el sexto continuo fiel a sí mismo, ante un toro venido a menos, más paradito, pero al que logró torear con la misma entrega y verdad que al anterior. Se arrimó en un final de cercanías, pasándose los pitones muy cerca y cerrando con unas bernardinas ajustadas. De nuevo la espada se le llevó el trofeo, y es que si no llega a ser por los aceros, hoy el triunfo de Ureña hubiera sido mucho mayor. Alegría y felicidad porque ha vuelto uno de los de verdad, de los que emociona al público, porque todo lo que hace lo hace con la mayor de las verdades, ¡gracias por volver Paco!

El otro alternante de la tarde era el maestro de Chiva, Enrique Ponce al que vimos en una tónica similar toda la tarde. Con su primero le vimos realizar una faena clásica en su tauromaquia, larga y sin mucha transmisión. Ligo muletazos infinitos por el pitón derecho, llevándose el toro con él hacia afuera y toreando mucho con el pico de la muleta. Por el izquierdo mostraba mayores dificultades un toro insulso al que finalizó por cercanías. Mató de mala estocada. Con el tercero dejó un inicio muy lucido por verónicas con la rodilla genuflexa. Ante un toro noble logró ligarle pases por el derecho, con la figura recta, toreando despegado, dando pases y más pases. El público estaba con él, y aunque por el pitón izquierdo no logro lucirse, volvió al derecho por donde estuvo más cómodo y agusto. Estocada trasera y caída, oreja de paisanos.

Finalmente con el quinto, vimos quizás al Ponce más torero de la tarde. Sin salirse de su estilo, dejó lo mejor al comienzo con un gran inicio por bajo, ligado con poncinas que animarían al público nada más empezar. Ante un toro encastado, empezó con la mano derecha, hilando firme y exigiendo al de Juan Pedro. Se entregó más con el quinto, lo entendió mejor y logró sacarle tandas de mayor lucidez. Remató con sus poncinas y se atascó con la espada, privandole de cortar más trofeos. En una tarde donde estuvo a medias, se le marchó la puerta grande por la espada.

Ficha del festejo.

Sábado 16 de marzo de 2019.

Plaza de toros de Valencia. Corrida de toros. Feria de Fallas, 7ª de feria.

Toros de Juan Pedro Domecq, de juego desigual y buena presentación salvo el anovillado segundo. Destacaron el cuarto y quinto por su mejor juego.

  • Enrique Ponce (de azul turquesa y oro). Silencio, oreja y ovación.
  • Paco Ureña (de rosa y oro). Silencio tras aviso, oreja y ovación tras aviso.

Entrada. Lleno de no hay billetes.

Detalles.

  • Al finalizar el paseillo se ovacionó de manera unánime a Paco Ureña, quien decidió compartirlo con Enrique Ponce.

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