La raza de Manuel Perera y el buen hacer de González Écija cautivan a los tendidos de Dos Torres

Por Lucía Hernández

Dos Torres (Córdoba) acogió la tercera y última semifinal del XXV Ciclo de novilladas sin picadores de las Escuelas Taurinas Andaluzas. Se lidiaron novillos de la ganadería Apolinar Soriano, muy bien presentados y con diverso comportamiento. Especialmente los tendidos de sombra presentaban un gran aspecto.

Pablo Maldonado de la Escuela Taurina de Motril fue el encargado de abrir la tarde. Con muchos pies salió el novillo dando varias vueltas al ruedo. Tras ello lanceó a la verónica codilleando. Toreó en redondo con la muleta por el pitón derecho, pero faltó temple. Además deslució mucho que el novillo perdiera las manos en varías ocasiones. Al natural dio los mejores muletazos, encajándose, ahí es cuando llegó más a los tendidos. Decidió volver a la mano derecha y bajó la intensidad de la faena, pero dejó buenos detalles. Por ayudados por alto cerró al novillo para claudicar la faena. Erró con la espada, le faltó seguridad.

El bravo segundo correspondió en suerte a González-Écija de la Escuela Municipal de Tauromaquia de Écija. Enceló al novillo con la capa y toreó a la verónica ganado sitio hacia el centro del ruedo. Brindó la muerte del novillo a Rocío Romero, novillera con picadores. Rodilla genuflexa y por bajo sacó al novillo que transmitía mucho en sus embestidas. En la primera tanda el novillo buscó las tablas, cantando la gallina al sentirse podido. Dándole sitio y templando los muletazos, ligó tandas por ambos manos, siempre por bajo, destacando los pases por el pitón derecho. Con ayudados por alto cerró faena y ya con la tizona cumplió al segundo intento. Oreja para la solvencia de un novillero con oficio.

Manuel Vera de la Escuela Taurina Comarcal de Campo de Gibraltar toreó a la verónica y cerró el recibo capotero con una media. Victor Acebo se llevó una fea voltereta al hacer el quite. Por bajo inició la faena a un novillo bravo que repetía, pero con embestidas descompuestas. Faltó temple en las tandas que recetó al pronto y fijo novillo. Punteaba el novillo los trastos y eso deslucía mucho los muletazos. Buena colocación tuvo el novillero en toda la faena, destacó el final de la misma ya que se le vio más acoplado, yendo de menos a más. Por manoletinas rubricó faena. Enterró el estoque algo tendido tras tirarse encima del novillo, recibiendo una voltereta. Tardó en caer el encastado animal, pero consiguió cortar un apéndice.

Victor Acebo, Escuela Municipal Taurina de Almería, se estiró a la verónica ante un novillo distraído. Arrolló a Manuel Perera el novillo en el quite. Fue complicado banderillear al animal ya que era reservón y distraído. Consiguió dándole distancia al animal fijarle en la muleta. Sacó buen fondo de casta el novillo y sus embestidas llegaron a los tendidos, respondió tras las buenas maneras del novillero manejando los trastos. Al natural los muletazos tuvieron un pellizco especial, pero no menos buenos fueron los derechazos, de menos a más una faena con mando. Estocada delantera que no fue efectiva, y con el descabello claudicó la faena. Oreja a la perseverancia y las buenas maneras aunque la espada es la asignatura pendiente.

Manuel Perera, de la Escuela Taurina Diputación de Badajoz, toreó por verónicas a pies juntos y con el compás abierto al que le tocó en suerte. Con rodilla genuflexa inició la faena, mostró el novillo mucha codicia. Montó la muleta y se puso a tirar por el pitón derecho, demostrando sus facultades. Por el pitón izquierdo aguantó algún parón, pero consiguió encadenar muletazos con mucha clase y muy de verdad. Sobre la mano derecha y encajado sacó buenos muletazos, pero perdió la cara al animal y se llevó una voltereta de la que necesitó asistencia, pero salió de nuevo al ruedo. La raza torera le hizo volver al mismo pitón por el que le había arrollado. Falló reiteradamente con los aceros cosa lógica ya que se encontraba mareado. El público premió su raza y coraje con dos orejas.

Mario Sánchez de la Escuela Comarcal Taurina de Ubrique recibió al novillo con una larga cambiada y ganó terreno hacia el centro del ruedo por verónicas. Citó desde el centro del ruedo y con la muleta montada para torear en redondo, novillo que iba largo, con nobleza y gran transmisión. Deslucía los muletazos que el novillo tocara la muleta, pero fue puliendo los errores en el transcurso de la faena. Al natural, echó bien los vuelos de la muleta, sacó varias tandas con muletazos que destacaron por su despaciosidad. Se lució con un par de circulares. Como epílogo tiró de manoletinas. Enterró el acero el de Ubrique aunque quedó tendido y tardó el caer el astado.

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