La verdad de Paco Ureña conquista Bilbao

Por Javier Espada | Galería fotográfica por Susana Ortiz y Rubén Macoco

Hablar de la tauromaquia de Paco Ureña es hablar de verdad, de sinceridad, de pureza. Sin adornos y sin fuegos artificiales, el toreo del lorquino es un canto a la sencillez más perfecta. No es un secreto para nadie. Aunque hasta hoy ha tenido que esperar Bilbao para que un gran lote de Jandilla posibilitara que Paco Ureña fuera Paco Ureña en estado puro y redondeara un triunfo de cuatro orejas con las máximas de la suavidad, la despaciosidad y el temple con el que se ha ganado el derecho de cruzar el umbral de la puerta grande de Vistalegre sacado a hombros por Jiménez Fortes. Una tarde que se convertirá en una de las más recordadas de la presente temporada. Todo se lo llevó el murciano en una corrida en la que Diego Urdiales tuvo que pechar con un lote muy complicado y en la que los dos toros que correspondieron en suerte a Cayetano se vinieron abajo muy pronto.

Sin duda alguna fue el lote de Paco Ureña el mejor de la tarde, que posibilitó el triunfo con mayúsculas que cosechó el torero de Lorca hoy en Vistalegre. Al tercero lo picó Juan Francisco Peña, colocando la puya en buen sitio en ambos encuentros y llevándose como reconocimiento las palmas del respetable. Quitó después Diego Urdiales por chicuelinas abrochadas con una media que desprendió torería a raudales. En banderillas también destacaron los pares de Curro Vivas y Azuquita, en la cara del toro, que tuvieron mucha verdad, con susto incluido de este último, que estuvo a merced del de Jandilla al caer tras salir de la cara después del encuentro. Inició faena Ureña en el tercio ejecutando estatuarios a los que siguieron naturales de cartel de toros y pases del desprecio de nota muy alta. Después, se puso a torear por el pitón derecho con la verdad que le caracteriza y colocándose en el lugar que está sólo reservado para los elegidos, consiguiendo trazar muletazos aislados de muchísimos quilates. También estuvo muy firme al natural, aunque luego volvió al derecho para firmar la serie más lograda del trasteo. Los ayudados por bajo para cerrar faena derrocharon mucha torería. Aunque intentó matar recibiendo, finalmente se volcó sobre el morrillo del animal para propinar una estocada inapelable. El toro rodó en segundos y Matías concedió las dos orejas, un tanto generosas, si tenemos en cuenta el criterio demostrado en los días anteriores y la intermitencia de la faena.

El triunfo fue redondeado con el sexto, donde Ureña se abandonó y dejó un concepto de faena diferente a la del tercero. Brindó a Diego Urdiales, de torero a torero para después deleitar con su toreo gracias a un gran animal de Borja Domecq. Comenzó por el pitón derecho con limpieza y aseo, intentando llevar al toro hacia adelante. Después cambió al izquierdo, por donde el animal tenía una enorme calidad que permitió a Ureña romperse con naturales con los que paladeó el toreo. Todo ello presidido por la naturalidad, la suavidad, casi transformada en caricia, la despaciosidad, y sobre todo el temple. Porque si algo tuvo la faena de Ureña al sexto fue sentido del temple. Hubo un pase de pecho en el que se enroscó al toro a la cintura que fue eterno. El final de faena fue sublime, también por el pitón izquierdo con naturales muy profundos. Y el mejor colofón, la espada. Inapelable la estocada con el que rodó sin puntilla el de Jandilla y dos orejas del tirón.

Embistió ya en el caballo con la cara muy alta el que abrió plaza, que ya demostró en el capote sus complicaciones, para después recibir un puyazo caído y algo trasero recetado por Óscar Bernal. El segundo encuentro duró muy poco. El de Borja Domecq exhibió en la muleta lo que venía apuntando en los primeros tercios. Toro complicado el que tuvo que sortear Diego Urdiales con una embestida bronca y áspera, a media altura, soltando algún que otro derrote muy feo y desarrollando peligro. Se puso el riojano por ambos pitones y decidió de manera acertada buscar los aceros. Mató a la segunda entrada de media estocada.

El cuarto fue otro toro con muchas dificultades, que no se salió de los vuelos de la muleta, que nunca tuvo finales, que reponía al salir del muletazo y que no perdía nunca de vista a Diego Urdiales, que demostró gran esfuerzo y actitud poniéndose por ambos pitones y jugándose el tipo en una actuación de muchísimo mérito por estar delante de un animal de esa condición. Mató de una estocada tras pinchazo.

La tarde de Cayetano tuvo sobre todo disposición ante un lote manejable, pero sin muchas opciones. En el segundo del festejo protagonizó un duelo de quites con Paco Ureña, que ejecutó un vistoso quite por gaoneras que destacó especialmente por la quietud, al que replicó el torero de Ronda por tafalleras que tuvieron gran eco en el tendido. Comenzó Cayetano la faena por el pitón derecho, por donde el de Jandilla tenía calidad y logró un par de tandas firmes dejando la muleta en la cara del de Jandilla y ligando los pases. Por el izquierdo se mostró más complicado y Cayetano decidió desistir muy rápido. A partir de ahí, la faena tuvo poca historia. Mató de estocada y recibió ovación con saludos.

Al quinto lo llevó Cayetano al caballo por chicuelinas al paso que tuvieron mucha torería. Después, mantuvo un nuevo pique en quites con Paco Ureña, respondiendo con calidad el quinto de la tarde, lo que invitó al torero a brindar al público. Sin embargo, en la muleta se paró y llegaba muy justo de fuerzas. Quizá el toro hubiera podido aprovecharse más en otros terrenos. Con la espada, resolvió su papeleta de manera airosa.

Ficha del festejo: Plaza de toros de Vista Alegre (Bilbao). Séptima de las Corridas Generales. Casi tres cuartos de entrada. Toros de Jandilla (1º, 2º y 5º) y Vegahermosa (3º, 4º y 6º), desiguales de comportamiento. El mejor lote fue a parar a las manos de Paco Ureña, el primero y el cuarto desarrollaron grandes complicaciones, y el segundo tuvo calidad por el pitón derecho, y el quinto se apagó muy pronto.

Diego Urdiales: Silencio y ovación con saludos.

Cayetano: Ovación y ovación con saludos y división.

Paco Ureña: Dos orejas y dos orejas.

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