Por Adrián Blázquez

«La exitosa saga Call of Duty ha anunciado que retrasará el lanzamiento de su nueva entrega Call of Duty: Black Ops Cold en todo el territorio español. Tras contar con la aprobación de los jugadores, que han podido testar la versión beta hasta el 20 de octubre de manera gratuita, los creadores han anunciado que el Ministerio de Cultura ha exigido la modificación de los contenidos para su distribución en España. Ambientado en la Guerra Fría, la comisión del Gobierno encargada de su revisión ha remitido un informe a Treyarch – empresa desarrolladora del videojuego – señalando algunas modificaciones que deben realizarse antes de su publicación en algunos de los acontecimientos históricos que se desarrollan, pues los originalmente elegidos no representan el sentir de la población española. Como respuesta a estas directrices, la empresa ha descartado que vaya a elaborar una versión alternativa a la que se lanzará de forma mundial el próximo 13 de noviembre en todas las plataformas digitales y ha anunciado que emprenderá acciones legales contra el Gobierno de España por los perjuicios económicos ocasionados y la arbitrariedad del informe emitido».

Para la tranquilidad de los jugadores, el texto que precede estas líneas es totalmente falso; aunque imagino que, tan solo leyendo el titular, lo habrán adivinado. Por ahora, todos aquellos que en algún momento se hayan planteado su veracidad, pueden estar tranquilos. Sin embargo, no les aseguro que en un futuro puedan estarlo. Quizá nunca se hayan planteado que un Gobierno tenga la capacidad o, si lo prefieren, la osadía de censurar el producto de su afición por el mero hecho no de atender a sus gustos personales o ideológicos.

No sé exactamente con cuantos jugadores contará la saga usada en el ejemplo – yo mismo fui uno de ellos en sus primeras ediciones -, pero estoy seguro de que son suficientes para defender su derecho a disfrutar de un producto sin censuras. Tampoco sé con cuantos espectadores contará el cine bélico de acción, pero seguro que son muchos; o aquella, pareciera ya lejana, saga de películas gore que tanta sensación causaron en nuestro país. Seguramente ninguno de estos casos sea ejemplo de un producto que hoy calificarían como pacífico, pero el intelecto suele imponerse a los estímulos que llegan de la pantalla; en quién se haya preocupado de cultivarlo, claro.

Hoy parece improbable prohibir cualquier representación teatral de las tragedias griegas o aquellas series televisivas de género policíaco con autopsias tan reales como los actores que las ejecutan. Y digo que parece improbable, que no imposible. En estos tiempos que vivimos, la deriva hacia el pensamiento único avanza a pasos de gigante. Qué podemos ver, a quien podemos escuchar. Dicen que somos la generación mejor preparada y tal vez así lo sea pero, ¿preparada para qué? Quizás nos hayan preparado para no diferir del conjunto, del conjunto que no molesta ni tiene opinión.

Bien me hubiera gustado escribir sobre tauromaquia, pero esto va de violencia; de la violencia ejercida contra los derechos que la Constitución nos garantiza. Probablemente.

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