Leganés | Triunfo a la verdad y entrega de Emilio de Justo

Por Noelia Crespo | Fotografía Susana Ortiz

La Cubierta de Leganés acogió la corrida de Núñez de Cuvillo como fin a una feria de gran interés organizada por Alberto García. Sin embargo, por parte del ganado, no fue el mejor cierre con un decepcionante encierro de la divisa andaluza, presuntamente tocada de pitones y algunos impresentables. Emilio de Justo y Juan Ortega pusieron las cotas de toreo más caro en la ciudad madrileña.

Encendido – 21” abrió el festejo en la Cubierta. Un primer acto que duró apenas un suspiro puesto que el animal de Cuvillo llegó muerto en vida a la muleta de Enrique Ponce. No iba tampoco sobrado, pero a esto se sumó el entierro de un par de banderillas en el sitio del puyazo mermando aún más al toro.

Fue devuelto el cuarto tras meter al picador en el callejón, teniendo que salir el primer sobrero al ruedo. “Tobillito – 121” fue lo más parecido a un charolés en los trastos del diestro de Chiva. Suelto, manso y buscando las tablas en el circo de los primeros tercios, le dio muerte sin haber podido dar un muletazo en toda la tarde.

En sexto lugar le tocó lidiar con el toro de Emilio al valenciano. Inició faena a “Gavilán – 143” con genuflexos desde el tercio llevándolo largo hasta los medios. Pudo al fin Enrique desplegar los trastos y pegar los primeros muletazos de su tarde a un toro que no terminó de romper. Sin acople ni ajuste, realizó una faena de nula trascendencia en la que dejó tan sólo una tanda más reunida por derecho empapando al animal de muleta. Ovación tras una larga faena.

Con gusto y empaque lanceó a la verónica Emilio de Justo a “Espantoso – 1”. Meciendo la capa con cadencia y buen movimiento de brazos, lo sacó hasta los medios recogiendo los primeros «olés» de la tarde. Se enrazaron toro y torero en el tercio de muleta, desarrollando sentido el de Cuvillo e iniciando el de Torrejoncillo con unos genuflexos ceñidos. Respondiendo con repetición y transmisión en la muleta de Emilio, hilvanó tandas por derecho dejándole la muleta por delante para ligar el siguiente muletazo siempre bien colocado. Ajustado, de frente y dando el pecho, firmó series con mucha profundidad rematando con pases de pecho hasta la hombrera contraria. Ganándole el paso, quieto de talones y encajado, templó al natural en muletazos sueltos. Tras una fea voltereta, volvió a la cara del animal con mucha entrega y verdad terminando de calentar al tendido. Se tiró por derecho a matar recibiendo de nuevo una voltereta similar a la anterior. Dos orejas como premio a la épica.

Tras el alboroto del capítulo anterior, salió “Jarandero – 158” al ruedo siendo recibido con la capa de Juan Ortega. El diestro sevillano apenas pudo lucirse consiguiendo dibujar tan solo un par de verónicas con mayor gusto. Gazapón y acobardado, pronto echó la persiana el manso tercero impidiendo a Ortega desplegar su toreo.

Postinero – 140” permitió al sevillano mostrar detalles del buen toreo que atesora. Aunque no terminó de cuajar una faena redonda, dibujó pasajes llenos del pellizco clásico que tanto le caracteriza. Encajado y acompasado lo meció con las muñecas con suavidad en el capote, dibujando un ramillete de verónicas excepcionales. Tras desmonterarse Andrés Revuelta, inició Juan en el tercio por alto. Templado en los andares y con el de Cuvillo, enfrontilado, tiró de él con suavidad, con la muleta por delante y enroscandoselo por momentos detrás de la cadera por ambos pitones. El final de ayudados por alto fue un cierre soberbio lleno sabor. Culminó una faena llena de detalles con una estocada defectuosa.

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