Llegó la hora de las exigencias

Por Adrián Blázquez | Fotografía por Susana Ortiz

Nunca pensé que enfrentarme a la hoja en blanco me iba a resultar tan complicado como cuando he empezado a encarar estas líneas. Esa sensación de querer contar tanto y no encontrar las palabras adecuadas; un inicio, un contenido que si que existe en mi cabeza pero que no se materializa tan fácilmente en forma de artículo y una conclusión para la situación que atravesamos. Quizás todo se deba a que, quien escribe estas líneas, sea un simple aficionado y no un periodista. Ellos tendrán sus recursos, sus métodos de trabajo y probablemente un equipo que les ayude en esta y tantas otras situaciones parecidas. Sin embargo, hay una cosa con la que no cuentan y que nosotros, al no ser parte de ellos, si tenemos. Exigencia, que palabra más bonita. Ahí vienen las mias y espero, que la de muchos otros como yo.

En términos ganaderos, es hora de exigir a la autoridad competente una modificación puntual en el reglamento para que, aquellas ganaderías que lo precisen, puedan lidiar toros con seis años en el año próximo. Pero también hay que exigir la variedad de encastes; que cada una de las plazas que se enmarcan dentro de nuestro territorio respete al toro en tipo, sin tener como referencia a ese que, incluso dejándolo en ayuno, pasa de 550 kilos sin querer. ¿Que pasará con aquellas ganaderías que sobreviven a base de novilladas y que se encuentren para el año que viene con varios cuatreños por no poder lidiarlas en 2020? Normalmente, es aquí donde reside el grueso de la diversidad genética de la que tanto presumimos, pero a la que tan poco defendemos.

En cuanto a los profesionales, también hay que exigirles que demuestren su compromiso con hechos. Pero ya no solo en cuanto a la diversidad que tanto se reclama. Hay que exigirles que, de una vez por todas, abran los malditos ojos y cobren acorde a lo que generan y no a costa de sus compañeros. Profesional, que palabra tan genérica y que calificativo tan sobrevalorado, sobretodo para los que saben de sobra que no lo son. A esos les pido espacio, distanciamiento y que dejen su lugar a los que si lo son. El toro es algo demasiado serio como para jugar con el pan de los que si se juegan la vida cada tarde, aunque sean pocas las oportunidades que tengan.

Solo son algunas de las cosas que podrían ayudar a que el sector pueda recuperarse de esta bofetada que, originada por causa mayor, estaba ya anunciada. Siempre hemos sido exigentes, pero ahora más que nunca merecemos respuesta a nuestras pretensiones. Empresas, profesionales del toro y ganaderos, recuerden que su actividad se mantiene gracias a los aficionados; la de los periodistas no, ellos ya encontraron su camino. Publicidad, que nombre más feo.

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