Por Adrián Blázquez | Fotografía de Susana Ortiz

Restaurante de moda, copa de balón y traje. Por supuesto traje. Todo está preparado para el inicio de una tarde de toros. De las de clavel claro, de las que curiosamente, lo único que falta es el toro. Pero no le echan de menos, ¿quién va a hacerlo cuando ni siquiera te has leído el cartel? Quizás alguno lo haga, ya dentro de la plaza tras hacerse la foto y buscar, entre toda la propaganda que ha cogido, el nombre de los actuantes para escribir su publicación en Instagram. Lo que pasa en el ruedo es lo de menos, lo importante es que los seguidores sepan que has estado en una tarde histórica en la plaza de Madrid. Sale el torero en turno – o de turno -, más en figurante que en figura y conocedor de la tarde que le espera. Lleno en los tendidos, incluida la sombra, que esta tarde no ha querido perderse la corrida. Quién sabe si mañana habrá que hablar de ella en la oficina. Mientras tanto, por chiqueros sale un cuadrúpedo con cuernos, por no ofender al verdadero toro con horribles comparaciones. Es lo que les gusta, a los del ruedo y a los de los tendidos. Llegan los primeros olés cuando el astado alcanza los vuelos del capote. Protestas en el caballo por ejercer castigo sobre él, ginebra en banderillas y jolgorio con la muleta. No ha dado ni uno, pero el público asistente lo celebra como un éxito: ya forman parte de una tarde de triunfo. De la espada ni hablamos. La mayoría se ha dejado el pañuelo blanco en casa – los demás no los conocen -, pero a voces y entre tragos presionan al presidente para que conceda los máximos trofeos. Le han dado dos orejas y la fiesta es total.

No están solos en la plaza, aunque eso a ellos les da igual con tal de sentirse únicos en su tarde especial. Mezclados en unos tendidos o concentrados en otros, han estado atentos a la faena otro tipo de aficionados. Como cada tarde, durante todo el año. Piden no sé qué cosa sobre la integridad y la colocación con palmas de tres en tres. De locos, seguro que piensan los del puro sin cortar. Lo que no saben, es que estos ya están cansados. Cansados de que tarde tras tarde se cometan las mismas tropelías en su plaza. ¡Ah pero que hay más tardes!, piensan algunos.

Como ya dije unos meses atrás, el repunte de las críticas hacia el aficionado de Madrid, por parte de una prensa llena de servilismo hacia las figuras, se ha disparado en el último año. La diferencia de opiniones e incluso los comentarios despectivos siempre fueron su fuerte. Ahora también se permiten el lujo de insultar, sin filtro y con total impunidad. ¡Imbéciles! Será licencia poética, como los cuentos de sus crónicas.

Quién diría que viven gracias a nuestro paso por taquilla, por las urnas o pagando cuotas inútiles. Gracias al altavoz – como el que quiere Perera – de las redes sociales, podemos leer las impresiones de todos los protagonistas de cada trama. Esta vez ha sido el flamante gerente del Centro de Asuntos Taurinos quién no ha perdido la ocasión para demostrar de qué lado está en esta lucha que estamos librando por mantener la pureza de la tauromaquia y que no se limita a una sola tarde. «Ser el interlocutor que nunca ha habido entre los aficionados, profesionales y empresas» fue su máxima durante la presentación de su cargo en la radio. Pues ya vamos mal y esto no ha hecho más que empezar. ¿Cómo pretende recoger la opinión de un sector al que no tiene en consideración y que silencia cada vez que le dicen tres verdades? Verdades que por supuesto le recordaré con mucho gusto, pues su trabajo es defender la integridad, hacer que se cumplan los pliegos por parte de la empresa y defender los intereses de la afición de Madrid. Todo lo demás sobra.

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