Madrid | Álvaro Alarcón y Jorge Martínez reconcilian a la afición venteña con su plaza

Por Blázquez García | Fotografía de Susana Ortiz

Que bien se está cuando se está bien. Quiso la fortuna que fuera este lunes, con la novillada de Fuente Ymbro, cuando se produjera una pequeña reconciliación entre plaza y afición. De la plaza se había ido hasta el presidente titular del festejo, con D. Víctor Oliver saltando desde el banquillo, aunque ni lo reflejen ni lo reflejasen las reseñas oficiales de la empresa. Faltaba el botellón y sobraban ganas de presenciar, al fin, la tarde que pudiera cambiar el rumbo de la Feria de San Isidro. La tarde comenzó con el triunfalismo habitual que facilitó el palco al conceder una orejita a Manuel Diosleguarde, que habitúa a torear desde la pala del pitón y hoy no era el día para experimentar. Sí consiguió meter en cintura a Amargado N158 con dos tandas de derechazos que ligeramente taparon su preocupante desapego al sitio de los infiernos. Con la oreja en la mano y la mirada puesta en la Puerta Grande de Madrid, tiró por el camino fácil de los días de reventón, pero hoy no lo era. Los tendidos se habían poblado de aficionados y aquí no había lugar al engaño. El toreo resultón con la puesta en marcha de la noria acabó pasándole factura y ni los suyos – que, si estaban, no se encontraban -, le compraron el engaño. No podía imaginar que lo que vendría después desterraría su actuación hasta el baúl de las comparecencias olvidadas.

Jorge Martínez y Álvaro Alarcón resultaron los máximos triunfadores de la tarde junto a los pupilos de Ricardo Gallardo. El primero se enfrentó a Labrador N162, que hizo de segundo de la tarde, y ya desde el primer contacto con el capote observó como se metía por dentro. Defecto en la visión o no, colaboró también Martinez a propiciar ese peligroso recorrido. Insistió por el pitón izquierdo y la historia se repitió a cada cite. Finalmente consiguió arrancarle un natural que, aunque aún no lo sabíamos, le catapultaría de cara al quinto de la tarde Emborronó el buen recibo a la verónica que le recetó a Hostelero N144 con un enganchón en el remate, pero esto solo acababa de empezar. Con la misma torería de los inicios de faena, se sacó al de Fuente Ymbro a los medios y comenzó a estructurar la faena. El comienzo del trasteo con la muleta recordó a los vivido en el primero de su lote y no fue hasta que se le pidió brevedad desde el tendido cuando golpeó la mesa para sobreponerse a su adversario. A base de querer y colocación, sobre todo colocación, mostró sus credenciales con dos series por cada pitón. Ese pitón izquierdo, que tanto riesgo le había mostrado en compases anteriores, se convirtió en su mejor vasallo. El sentimiento de unión y reconocimiento por parte de los tendidos de toda la plaza se hizo presente y la oreja que debería haber cortado, de las de peso. La petición aplastante no convenció al tercero en discordia y la presidencia se personó como protagonista.

No se iba a quedar atrás Alarcón tras la oreja que le arrancó a Volante N149 con mucha actitud y toreo encajado. Asignatura pendiente con este primero fue la mano izquierda, que con el cierraplaza se hizo imposible redondear y corregir. El aire se había hecho presente en el ruedo y el toreo caro con la muleta sin montar era un imposible en los terrenos donde había planteado la faena de Embriagado N173, que pedía una vara más tras las dos buenas peleas en los encuentros reglamentarios. Con mas rotundidad si cabe que en el primero de su lote, cargó la suerte y llevó embebido al buen novillo, premiado excesivamente con la vuelta al ruedo, hasta donde llegaba su anatomía. Con la plaza metida y el torero relajado, cambió el final por abajo que tanto gusta en esta plaza por unos ayudados por alto que convencieron al respetable. Había echado abajo la estadística de una feria como San Isidro y la desprendida, pero de efecto fulminante, estocada confirmaba, a falta de la ratificación del palco, la oreja que necesitaba para salir a hombros. Al pañuelo azul se le sumaron otros dos blancos, que pese a ser excesivos, no podían oscurecer su actuación en la plaza de Madrid.