Madrid | Cárdenos, psicosis y especialistas

Por Blázquez del Coso | Fotografía de Susana Ortiz

La Plaza de Toros de Las Ventas se vestía de cárdeno para celebrar una corrida de toros con los hierros de Saltillo y de Los Maños el pasado domingo. Ni estaba anunciada como un desafío ganadero ni la puesta en escena de la plaza era como tal. No había trazos de cal mas allá de los dos anillos habituales, aunque los que se formaron con el rastrillo enganchado del dumper formasen una superficie con mas anillos que júpiter. Esto no se puede consentir en la primera plaza del mundo, en la que solo faltaba el cubo y la pala para construir castillos de arenas en la orilla de la boca de riego. No tuvo culpa la lluvia, pues allá sobre las doce del día anterior, cuando ya había caído todo lo previsto, el aspecto del ruedo era inmaculado. Y esto lo dice uno que lo vio con sus propios ojos. El dedo acusador solo debe señalar, una vez más, al pésimo trabajo por desconocimiento u omisión de los empleados capitaneados por la empresa en las labores de preparación del ruedo. Y esto lo firma un servidor, que de las tierras y sus movimientos sabe algo. Por chiqueros salieron cuatro toros de Saltillo (1º, 2º, 6º y 6º bis) y tres de Los Maños (4º, 5º y 6º) para Sánchez Vara, Luis Bolivar y Thomas Dufau.

Llegaba cada uno en situaciones bien distintas a su cita con Madrid y con su afición, que es la que sumó el cuarto de plaza. Así estamos. Sánchez Vara es un torero que ha conseguido arrancar un pedacito de los corazones de cada uno de nosotros, aún siendo conocedores de sus limitaciones estetas, con su gran conocimiento de la lidia. El héroe de este siglo lo catalogan algunos que, con tardes como aquella en la que dio lidia y muerte a los de Navarra en Ceret, reafirman este argumento. Ni Tiburoneto II N41 (1º) ni Sánchez Vara tuvieron suerte al encontrarse en sus caminos. El uno por visible fragilidad a la salida de un tercio donde no se empleó y el otro por la intolerancia a los edulcorantes. El toro entraba a la muleta con la cara baja y a media altura, pero el destino final de los pitones era todo un interrogante en cada suerte. A Ciervo N22 (4º) lo recibió con dos largas de rodillas en los terrenos del siete y ahí se terminaron los lances de capa, con un balance positivo por la lidia con manos bajas que le dio a su primero. Por la misma altura apostó cuando agarró la muleta, doblándose y parando a un toro que había obligado al matador a tomar los mandos en la brega durante el segundo de los tercios por incompetencia del de plata. A la tanda por abajo le siguió otra de calada sobre la mano derecha con la que consiguió levantar la plaza. A partir de ahí ya se le podía exigir, pero entre su alivio y que el toro solo embestía al hilo, se difuminó lo que pudo ser en base a ese inicio arrollador que guardaremos en ese baúl tan falto de emociones.

Luis Bolívar llegó mimetizado con los cárdenos y pensando que los largos brazos de García habrían contagiado al resto de primos. Sandiero N43 (2º) tomó las tres varas que le echó Rubén Sanchez en el sitio, al que se le aplaudió la labor encima del jaco. La clase que el toro había mostrado en el capote se mantuvo hasta que el colombiano cogió la muleta. Tres tandas de derechazos por debajo del toro y ni rastro de la zurda. El preocupante estado de Bolívar se confirmó con Bonito N56 (5º), que sin destacar en nada por exceso o por defecto, mostró las inseguridades del torero, que de matador ni hablamos.

Según salíamos de la plaza, la reseña a la finalización del festejo señalaba el resultado de silencio bis para Thomas Dufau. La adulación por bandera y la empresa por castigo. Todo resultado que no sea de triunfo, es un fracaso con un toro como Matón N47 (3º). La lidia fue pésima y los capotes volvieron a caer al ruedo, pero eso no afectó al toro, que con una clase extraordinaria le puso las orejas en bandeja. La gente empujaba mas que el propio matador, que cuando quiso despertar ya era lunes. Se ovacionó al toro en el arrastre y algunos pidieron la vuelta al ruedo; para mí faltó esa gota de picante que marca la diferencia. El sexto titular tuvo una comparecencia mas larga de lo que debió. En el segundo tercio y tras parear consideró e presidente que no estaba apto para la lidia. Vaya, se ve que cambiar el primer tercio contra reglamento no le dio ningún indicio. Desconocimiento o alevosía, pero en cualquier caso indigno de Madrid. No vi la cara de Dufau cuando Rastrojero N44 (6º bis) hizo presencia en la plaza. ¡Y que presencia! Un toro cuesta arriba de 573 kg. y expresión de pocos amigos. Ovación para ese tío. No metió mal la cara en el capote, pero el hierro y el trapío le condenaron a un torneo en varas sin cuartel. Con lanzazos a los costillares y el brazuelo pretendían que descolgara para cuando se las viera acara a cara con el torero; pero no, llegó como un galán dispuesto a destapar todas las vergüenzas y miedos de quien se pusiera delante. Tal fue la psicosis desatada en el ruedo, que Sánchez Vara tuvo que intervenir en la brega para que alguno consiguiera lanzar algún palo desde la distancia. Bronca atronadora tras una actuación vergonzosa y silencio en la reseña oficial para justificar una nueva actuación.