Madrid | Emilio de Justo, Bisonte y el cielo de Madrid

Por Blázquez del Coso

Con diez minutos de retraso ha empezado la Corrida de la Cultura que enfrentaba a Antonio Ferrera y Emilio de Justo con toros de Victoriano del Río (2º, 3º, 4º, 5º y 6º) y Toros de Cortés (1º). Tras romper el paseíllo y ya en el toque de clarines que anuncian la salida del primero para Ferrera empiezan las primeras protestas. ¡Como esperar que la primera plaza de toros del mundo no tenga pintadas las rayas del ruedo! En un tímido amago por comenzar la tarde, recapacita Ferrera atendiendo a las protestas del tendido y ordena a la presidencia que salga el de la cal, al que tras pintar tan solo la zona correspondiente al caballo, se le obliga a marcar completamente ambos anillos concéntricos. Faltaría más, claro.

El primero del lote de Emilio de Justo sale mirando hacia la oscuridad de la puerta mas familiar. No cesaría en su empeño por la querencia Esmerado N81, que con la complicidad de José María Valcarce, recibe castigo en el caballo que guarda la puerta. El segundo se receta en los terrenos que corresponde, pero sin acertar en el sitio. Los primeros aplausos de la faena llegan de manos de Ferrera, que realiza un gran quite para sacar al toro del caballo. De Justo recoge el guante del mano a mano y contesta por chicuelinas de mano baja. El enfrentamiento con el capote lo ha perdido. Tengamos paciencia, porque el público quiere fiesta y las palmas también han llegado. Con el toro esta bien, mejor al natural que con la diestra, que solo coge antes de ir a por una espada que debía tener ya en la mano una tanda atrás. Final a pies juntos y oreja verbenera tras una estocada caída. Mis respetos a las verbenas, pero esto en Madrid y no debió pasar de vuelta al ruedo.

El cuarto de la tarde sale tras la gran acogida que había tenido durante todo el día desde que salió en las tardías imágenes que ofreció la empresa solo después del sorteo. Duende N101 apunta al toro de la tarde, de lomo recto y quinientos cincuenta y un kilos a falta de dos meses para cumplir los seis años. El tercio de banderillas se cambia con tres palos en lo alto tras la caída del cuarto que debe completar las exigencias del reglamento. Emilio de Justo sabe torear y quiere demostrarlo cada tarde. Al contrario que con su primero, empieza por el pitón derecho y disimula la pierna retrasada de salida llevándose al toro por detrás de la cadera. El toro no para de embestir, con mucha fijeza y ritmo, pero con la asignatura del caballo pendiente. Al natural expone más, con menos de lo que pedía su rival. Ahora no falla con la espada y deja el acero en lo alto. Sin encimarse con el toro, deja que se entere por su cuenta del daño que le ha hecho y el astado permanece un rato mas escuchando la ovación a su bravura. Ahí debió quedarse el premio, replicando palmas en el arrastre en lugar de convertirlo en una controvertida vuelta al ruedo. Aún no hemos llegado a este punto y asoman dos pañuelos blancos de la mano mas culpable.

El sexto sale al ruedo como se iría su hermano que hizo de cuarto, entre palmas mientras recorre el redondel. Valcarce vuelve a quedar señalado y los picadores siguen sin acertar en una tarde con todo vendido en tendidos y ruedo. Bisonte N79 no parece ser ese toro que te hace tocar el cielo y así parece confirmarse tras las primeras embestidas a la muleta. ¡Por abajo! ¡Macheteo y a matar! Son algunas de las frases que se escuchan por la plaza, pero quiso la suerte que una moneda en cruz cambiase por completo una tarde que, aunque ya se la había ganado a su rival por goleada, disipara toda polémica sobre su compromiso en Madrid. Con un muletazo aislado mientras se aproxima a un final predecible e inmediato, observa Emilio que la plaza empieza a murmurar como si algo hubiera visto. También él parece verlo, pues apuesta por la otra cara de la moneda. Se echa a los hombros el toro y a mandar. ¡Vaya si mandó! La pierna de salida por fuera y al alcance de los pitones, tanto por el derecho como por el izquierdo, para demostrarle al toro que tiene mas de lo que le está dando. Por si no basta con la exposición, remata cada muletazo por detrás de la cadera con una plaza enloquecida, que ni con estas se enteraron algunos. La faena, que parece partida en dos mitades diferentes, ha cogido altos vuelos y del acero dependen las orejas de ley ante un Bisonte que ha convertido en un gran toro. La moneda vuelve a cambiar y la espada se va abajo que, sumado al fallo con el descabello, dejan a la plaza encogida y sin razón alguna para sacar los pañuelos. La Puerta Grande ya estaba abierta al caer el cuarto, pero el cielo de Madrid se abrió en el sexto.

Antonio Ferrera recoge al de Cortés, Soleares N165, sin dejar que el toro se oriente por la plaza y prescindiendo de la ayuda de subalternos. ¡Que tarde tan mala nos darían las cuadrillas! Aunque alguno se salve, pero esta vez ni los de siempre. El tercio de varas corre a cargo de Aitor Sánchez, que deja sendos picotazos en el huidizo encuentro. Antonio Ferrera ordena al picador salir a los medios y desde el tendido nueve cita para encontrarse con el toro por tercera vez. El toro va de dentro a afuera, pero aún queda un cuarto puyazo, que como los dos primeros realiza en el tercio y al que Ferrera coloca por ceñidos delantales. Si alguien entiende esta nueva tauromaquia de Ferrera que me la explique, porque no se entiende que un torero con tantos recursos elija los menos acertados. Taparle la salida del caballo tras ver su reacción en las dos primeras varas, ni lo contempló. Mientras la plaza se reponía y comentaba el primer tercio, Antonio Chacón anda lidiando en banderillas y se convierte en el hombre mas destacado a las ordenes del extremeño. Coge la muleta y empieza la lidia en tablas para llevarlo entre las dos rayas. Por el pitón derecho torea arrebatado y empiezan las divisiones en los tendidos. La sombra aplaude esa nueva tauromaquia efectista y el sol protesta el toreo ventajista de perfil, siempre con la pierna escondida y el espinazo doblado. ¡Ojalá el del toro! Ferrera le pierde pasos para no perder la ligazón, que parece ser la única baza para tocar pelo. Aun así, queda un as en la manga y cita de largo para hacer guardia en la suerte de recibir. En el segundo intento la espada cae baja y el toro se echa en la misma puerta de chiqueros segundos después de escuchar el primer aviso.

Con Candidato N36 no está mejor Ferrera y el tercio de varas vuelve a crispar a los tendidos. Falla la colocación del primer puyazo y solo ante las protestas del tendido rectifica José María González en un inútil intento que no hace mas que empeorar la colocación primera. Hasta dos veces mas repite en el mismo punto de la diana, con una cabeza de paletilla que parece marcar el número cien. Carnicería. Las cuadrillas no tienen su día y nos acercamos a la cuarta pasada con los garapullos con tan solo una banderilla en el lomo. En el quinto intento tiene dos arpones y no es hasta el sexto cuando se colocan las reglamentarias para el cambio de tercio. Con la muleta se pasea entre los términos del dos y las proximidades del seis, recogiendo las idas y venidas de la inercia del toro y el cariño del publico con ganas de una historia que contar. Estocada al paso, o como quiera Dios que se llame esa forma tan horrible de ejecutar la suerte, sin suerte. Ligeras palmas que saluda desde el callejón y la confirmación del sainete a falta del quinto.

Antonio Chacón sigue a los suyo y saluda una gran ovación tras parear a Cantaor N111. Del resto solo cabe mención para señalar su mal hacer en toda la tarde. Con la tarde perdida trata de hacer ver la escasa condición de un toro que tapa en la querencia. Ni él lo quiere ver, ni a nosotros nos lo ha querido enseñar. Corazón que no ve, corazón que no siente. El personaje ha vuelto.

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