Madrid | Extremadura sigue pariendo conquistadores

Por Blázquez del Coso

Que contradictorio es esto de los toros y que papel tan importante juegan para su supervivencia el atractivo de los carteles. Esta Feria de Otoño sigue siendo atípica y la no obligación de los abonados a recoger sus boletos para el ciclo nos han dejado imágenes como la de ayer: unos tendidos de sol con una entrada aceptable, nunca rozando el lleno permitido, y una sombra desolada. Cierto es que, con la bajada de temperaturas, en estos meses se agradece la radiación solar que te pueda llegar, sobre todo en los términos finales del día. La imagen de hoy, sin haber escuchado aún el toque de clarines, es de un lleno aparente y por un momento te traslada a tiempos pasados aún recientes. El aforo permitido ya ha cambiado, pero la empresa sigue agarrándose al 50% estipulado con anterioridad, no vaya a ser que se ponga aún más de manifiesto la decadencia de la plaza con la piedra vacía. Hoy no iba a ser el caso, pues el cartel con Emilio de Justo y Juan Ortega es de los que más alicientes aglutina; lo cierra el Juli, del que no sé que esperar esta tarde. Por lo pronto, está anunciado con los toros de Garcigrande, que ya no sorprende ni arrastra a nadie por la falta de variedad. Al fin y al cabo, la emoción es lo que demanda la gente.

Bien sabe el Juli que a Poeta N14 hay que cuidarle en el caballo. Lo conoce como si lo hubiera estado alimentando desde que nació y quizá no le sorprenda la debilidad que muestra en los primeros compases de la lidia. En banderillas ya parece otro y a la hora de la muleta, igual. Que no son sesenta minutos de trasteo con la pañosa, pero con las ventajas de siempre se ve posible. Hoy sorprende por la verticalidad, que últimamente impone cuando viene a Madrid. Del pitón izquierdo no se preocupa y apuesta por el derecho, pese a tener mas fiesta por el siniestro. Mas complicaciones, también. La primera oreja es fácil y solo le basta dar al público lo que estos quieren, tandas ligadas en redondo y nada más. Nada de nada. Ya podría tener delante un carretón o una sombra que, lo realmente importante, es facilitar su salida a hombros. Con Explosivo N82 no tiene la misma suerte con el público. Todo empieza del revés y el jinete pone la diana en el culo del toro. Solo Iván García salva a su jefe de filas de una actuación desastrosa en el cuarto, porque este no puede con lo que tiene delante. Habrá mas oportunidades, pero la calle Alcalá tendrá que esperar. 

Lo de Emilio de Justo es de lío gordo; no con el primero, al que solo le puede sacar grandes naturales sin ligar, de uno en uno. Solo [risas]. Y no es que la faena sea mala, que no lo es, pero lo que viene con el quinto de la tarde tiene ya otras dimensiones. En el cuaderno no conservo notas de este y me alegro. También de vivirlo en la plaza y no desde el sofá de casa, que no pasa de consuelo cuando algo así sucede. Tampoco aguanto ya las emisiones desvirtualizadas que, ya percibiéndolo desde la plaza, hacen de lo que sucede en el ruedo algo incluso mas repetitivo. Farolero N90 es un toro barra bisonte de 623 kilos, que no se hacen demasiado visibles. Nacido en noviembre de 2015 no quiero ni imaginarme la previa y el análisis de la carroña televisiva desde su salida al ruedo. También prefieren Sevilla, sin duda. Retomo. A la cabeza me llega el inicio acelerado de Emilio de Justo, que poco a poco va templando unas embestidas llenas de emoción. No solo se acopla a ellas para recibirlas como pueda. Como eje central toma sus zapatillas clavadas, con la suerte cargada y al aire lanzada, para desplazar al toro hasta sus proximidades desde que toma los vuelos. La línea recta tampoco la conoce y el giro de la muñeca no existe para expulsarlo de los terrenos más calientes. En los términos finales, cuando nadie quiere que acabe, comienza a torear por abajo para acabar de someter al toro y conseguir las mejores estampas. Sigue la exposición conjugada con un entusiasmo que acaba por generar un terremoto en la ya desbordada plaza de Madrid tras la estocada de libro. La conquista y la comunión con los tendidos es total. 

Con el ánimo venido arriba tras la actuación del quinto, se espera de Juan Ortega que no esté como con el primero de su lote: precavido, indeciso y sin ideas; sin inicios ni finales, que ya viene siendo habitual. Con el que hace de sexto parece tener la cabeza mas lucida, pero la cota que se espera que alcance en Madrid no llega. Sí deja algún pasaje suelto, pero no es comparable a lo que ya hemos visto, sobre todo en el Madrid que le descubrió. Las medallas a quien corresponde.

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