Madrid | Javier Cortés presenta su candidatura

Por Blázquez del Coso | Fotografía de María R. Ortiz

La corrida de El Pilar para Javier Cortés, Tomás Campos y Francisco José Espada mostró su condición de descarte con el aspecto de los tendidos. Poco mas de diez mil espectadores según la empresa, a los que seguramente haya que restar ausencias de última hora. Los que no faltaron a la cita fueron los habituales del callejón. Poco le importó a la afición de Madrid tomar la iniciativa para sacar a saludar a Cortés en su reaparición tras el percance en su última comparecencia. Calurosa fue la ovación y entregada la faena a Bastardero N83, el mejor de toro de la tarde. Los rizos del animal hacían intuir la seriedad que cogería la faena si se encontraba con un torero dispuesto, porque en el caballo ya había dado muestras de su condición empujando con la cara abajo. La transmisión en la muleta la entendió Cortés tras las primeras tandas y acabó echándose el toro a cuestas. Dos largas tandas sobre la mano derecha y una buena estocada de rápido efecto le hicieron cortar una oreja que le abre las puertas de la sustitución mas inminente.  Con el cuarto estuvo menos acertado, pero apostó por la distancia ante un gran toro muletero. Fue a más, tras restregarse con el estribo del caballo, y se fue con unas orejas que pedían a gritos convertirse en trofeo. Antonio Molina destacó en la brega al primero de la tarde.

Tomás Campos volvía después de su actuación en el Domingo de Resurrección. Para olvidar fue aquella y para olvidar ha sido esta. Anduvo toda la tarde perdiendo pasos a falta de un corazón caliente ante una situación que le sobrepasaba. Cuatro toros cuatro en lo que llevamos de temporada en Madrid y demasiadas cuestiones son las que debería plantearse el torero si quiere volver a vestirse con un terno. Un largo tiempo debería pasar, con muchas cosas por medio, para que el teléfono vuelva a sonar desde los despachos de la capital.

El primer toro del lote de Francisco José Espada se rajó a partir de la segunda tanda de derechazos hacia fuera. Tras dos carreras tras sus pasos, consiguió sujetarle a base de cercanías desde la pala del pitón. Con el sexto de la tarde recurrió a la misma formula del tremendismo, que sin reventón en taquilla solo funciona cuando se torea. Es imposible negar el compromiso con el que llegó a la plaza, pero Madrid necesita mas toreo y menos toreros que alarguen la faena sin una meta clara. Tanto se alargó su estancia en el ruedo que si no fuera por el favor del presidente de turno, Guajiro N168 hubiera muerto en la oscuridad de los corrales. El sainete con la cruceta fue chico.

¿Y que hay de los toros? Pues en líneas generales ofrecieron mas de lo que se encontraron. A lo dicho del primero, apuntar que la corrida aparentó ir de mas a menos. Destacó el cuarto, de nombre Sospetillo N27, pese a su escasa pelea en varas. Denunciable fue la actuación a caballo ante Burreñito N167 (5º), con un picador digno de la mejor de las salas de despiece.