Madrid | «Madrid, quiero ser torero»

Por Blázquez del Coso | Fotografía de Susana Ortiz

Daba comienzo una nueva semana de la Feria de San Isidro con la novillada de expectación después de la resaca del día del patrón. En chiqueros aguardaba la novillada del Conde de Mayalde que, al buen juego que había dado en esta plaza en citas atrás, había que sumarle la reciente comparecencia en Valencia. Las miradas de la tarde, puestas en el mexicano Isaac Fonseca, que no defraudó pese al suspenso debut en el palco de D. Eutimio Carracedo Pastor. Demasiado movimiento presidencial sin que sepamos aún si se trata del sustituto de nuestro colega D. Gonzalo de Villa Parro. ¿Y Jesús María donde está? No ha vuelto a aparecer por la plaza desde su última metedura de pata.

Isaac Fonseca veía como las posibilidades en el primero de su lote se iban difuminando con el transcurso de la lidia. Lo que bien había empezado con un largo recibo de capa, estaba tomando tintes de pesadilla, porque para el mexicano, en eso es lo que se traduce no triunfar. Inválido de salida e intensamente protestado, se fueron sucediendo los pañuelos blancos desde el palco que indicaban el normal avance de la lidia. En la muleta ya no quedaba nada. No si antes probarlo, finiquitó Fonseca a su indigno oponente con una estocada de perfecta ejecución sin aliviarse lo mas mínimo, que de eso no entiende. Solo la estocada y el compromiso merecieron el saludo desde el tercio. Es complicado saber la condición primigenia de un animal tras recetarle dos navajazos en los costillares, como al hizo Jesús Vicente con el quinto. Desde el tendido se vislumbraba un nuevo trasteo sin toro, pero gracias a los tiempos que Fonseca le dio con la muleta, el resultado fue bien distinto. Por delante, por detrás y mirando al tendido demostró este hambriento de triunfos novillero que el miedo no va con él. Todo valor y ganas. La espada se llevó un posible apéndice – o dos según está la plaza – tras dejar dos pinchazos arriba. Y lo de arriba es literal, tanto que tuvo que modificar el viaje al tercer intento para evitar la estructura ósea del toro. Hoy ha demostrado que en su cabeza está lo de ser torero por encima de cualquier cosa.

La presentación de la tarde en esta plaza como novillero con caballos correspondía a Álvaro Burdiel. Como primero de su lote se encontró a otro inválido que, como de costumbre, se mantuvo en el ruedo moribundo para que Burdiel pudiera entrenar el toreo de salón delante de quince mil asistentes. Aquí hay que abreviar. Como cierre de la tarde sorteó un manso al que consiguió mantener enganchado en la muleta en los mismos medios del redondel. Muy ventajista y con el único objetivo de ligar en redondo, destacó una ultima tanda de derechazos y un final con ayudados por bajo que tanto gusta en Madrid. Aquí es donde su faena obtuvo las notas más altas y tanto se enteró el protagonista que con la espada se fue a por el novillo dejando una estocada muy trasera que tardó en hacer efecto.

Santana Claros, que abría el cartel de hoy, pronto se dio cuenta de que la cosa no iba con él. Las malas formas no se intuyen, pero no tuvo ni el corazón de Fonseca ni la técnica de Burdiel. La pareja de baile ya había sido establecida. En el primero optó por el natural con poco mando, mucho toque y peor colocación; con el quinto se puso mas pesado. Entendió la distancia que el novillo le pedía, pero no la limpieza en el trazo