Madrid | Puerta Grande al natural para Ginés Marín

Por Blázquez del Coso

Hoy es uno de los días señalados en el calendario taurino de este año. Morante de la Puebla regresa a Madrid por el día de la Hispanidad. La expectación es máxima y donde mas se acusa es en la disponibilidad de entradas, que desde los inicios de la venta se agotaron. Abre el cartel que compartirá con López Simón y Ginés Marín, que algunos apuntan como el tapado. Los alrededores de la plaza en las horas previas al inicio del festejo derrochan gente por las calles. Algunos han venido porque es lo que toca en el día de hoy, otros esperan ver algo del sevillano y el resto, porque es lo que hacemos cuando hay toros anunciados en Madrid. En la Puerta de Cuadrillas no cabe un alfiler, esperando todos el mismo momento. No viene en Metro, pese a los rumores infundados que corrieron por las redes sociales, pero también es lo de menos. Lo importante es que ahí está. 

El toro de Núñez es frío de salida y pese a las ganas visibles que desprende el tendido, el lucimiento a la verónica de Morante de la Puebla es complicado con estos toros abantos. Lo intenta sin éxito, pero la buena actitud ya se ha dejado ver en el ruedo. Toca esperar. Con el capote aún es las manos consigue el primer pasaje que unánimemente levanta la plaza. Un galleo con el capote a la espalda que va guiando el recorrido que debe tomar el toro para situarse frente al caballo. Sigue transcurriendo la lidia con un Morante atento en cada acción de su cuadrilla. No se ha metido en el burladero y a unos metros de las tablas vigila que no se produzca algo indeseado. La plaza enmudece al coger la muleta y por alto con las dos manos va transportando al toro a los medios. Con lances intermitentes va armando la faena hasta que con la izquierda acaba de romper. Desconozco si la geometría del cuerpo y los pies respecto al toro ha sido la que señala el manual, pero las emociones afloran del todo con la estocada que, aunque defectuosa, le conceden la primera oreja de la tarde. Con el cuarto las cosas cambian de color. Delante tiene un toro manso que, desde los sectores que habitualmente se parten las manos, piden que se devuelva por ese presentimiento de que la tarde no será redonda. Al toro yo no le veo nada que le imposibilite para la lidia. Es un manso al que hay que hacerle faena. Lo intenta Morante y tras una voz que desde el tendido lo anima a meterlo en el canasto, casi pareciera que lo consigue. Tres derechazos profundos y llega la rendición por parte del matador. Ha estado ahí, pero faltó un pellizco de corazón para redondear una tarde de compromiso y seriedad.

Aún se está comentando la actuación anterior cuando López Simón resulta volteado en los medios de la plaza cuando se disponía a enganchar al toro por vez primera en la muleta. Los capotes de socorro tardan en llegar, pero finalmente se rehace el torero sin consecuencias. Ya nos tiene acostumbrados a torear sin zapatillas, pero Morante no lo ve tan claro y desde el burladero mas próximo no le quita ojo a la faena de cercanías que deja el de Barajas. Vista una, vista todas. La única diferencia en el quinto es el cazado, que ahora si lo lleva calado en los pies.

La bronca al padre de Ginés Marín por sus continuos engaños con la vara se apacigua pronto, pues Morante de la Puebla ha cogido el capote y se dispone a realizar el quite que le corresponde en el toro de su compañero de cartel. Lo que viene después es un ramillete de chicuelinas que, una vez mas y ya es la segunda, hacen levantar a asistentes de sus tendidos. Ginés lo ha visto claro y por el mismo palo se dispone a darle la réplica, que no mejora lo anterior pero sirve para marcar el sitio que le corresponde. Al toro lo descubre tarde por el izquierdo y a la faena no le da tiempo a remontar el vuelo. Es el último de la tarde y gran parte del público de la plaza ya se ha ido tras el cuarto que cerraba el lote del sevillano. A Secretario no se han quedado y lo que viene a continuación tendrán que escucharlo al tiempo que atraviesan los pasillos o verlo por televisión. Ya han tenido suficiente, pero lo mejor está por llegar. Ginés ha venido para subirse al carro de los mejores ¡y vaya si lo ha hecho! Andaba toreando y buscando acoplarse con la derecha cuando de la manga se saca un cambio de mano que acaba con un natural eterno donde se llega a retumbar tres veces los olés. La faena ha estallado y la plaza también. Si el toreo son emociones, aquí van en aumento. Continúa la escalada con la zurda y solo la espada le separa de la calle Alcalá. Un breve silencio y bullicio total. La espada ha entrado, no sin defecto, y los trofeos están al caer. Dos orejas que a la vez asoman desde el palco en forma de pañuelo blanco ponen el punto final al ciclo otoñal y dejan al torero extremeño en lo mas alto de cara a la temporada próxima.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *